Acuerdo con EEUU: buena expectativa a mediano plazo

Se deben conocer las listas de productos involucrados y los mecanismo que podrán en marcha el acuerdo. Escribe Rodolfo Cavagnaro.

Rodolfo Cavagnaro

Esta semana se anunció la firma de un acuerdo comercial con EEUU, que fija una serie de condiciones, pero, fundamentalmente, tiende a modificar el estatus que Argentina tenía con ese gran mercado. A pesar de ser uno de los más abiertos, hay una serie de regulaciones y aranceles que complican el comercio entre ambos países.

El acuerdo está muy lejos de ser un Tratado de Libre Comercio, pero va a requerir la aprobación del Congreso, donde seguramente volverán a aparecer las voces proteccionistas. Pero es una buena oportunidad para empezar a movernos en el terreno del libre comercio.

Según este Acuerdo, Argentina podrá disponer de la eximición de aranceles de 1675 productos argentinos, mientras que EEUU se beneficiará con la eximición de aranceles a 221 posiciones arancelarias. Para el país de Trump el objetivo más importante es el reconocimiento de patentes: Argentina tiene una larga tradición de no reconocer patentes extranjeras y así empresas argentinas no pueden proteger sus inventos en el exterior.

Cuando hablamos de expectativas de mediano plazo es porque aún no se conocen los detalles o la letra chica del acuerdo. Tampoco se conocen las listas de productos argentinos. Solo hay una mención especial para la carne, pero no se conocen más detalles. Algunos dicen que incluirían vinos o frutos rojos, pero son solo especulaciones. También se habla de buenas perspectivas para la producción de metales, como cobre, oro y litio

Este es un camino que Argentina debería haber recorrido hace muchos años, pero la pertenencia al Mercosur marcó un límite, ya que los límites de este acuerdo implican que ningún país puede cerrar acuerdos con otros países sin la conformidad del resto de los miembros.

Si se compara la situación de Chile, es fácil advertir que nuestros vecinos, con inteligencia, han cerrado acuerdos de libre comercio con muchos países y eso permite que sus exportaciones lleguen a todos los países del mundo y que sus ciudadanos gocen de la posibilidad de acceder a productos que jamás podrían llegar a la Argentina, por ahora.

En Mendoza, con una economía que podría avanzar a todo el mundo, estamos limitados por los acuerdos del Mercosur y, también, por la indolencia de los funcionarios que no querían avanzar en acuerdos bilaterales que podrían ampliar posibilidades. Cuantos más mercados pueda haber y, con estabilidad económica, habría mayores inversiones para aumentar la producción. A la economía de Mendoza estos acuerdos le vienen muy bien y el Gobierno provincial debería presionar a la Nación para que se avance en nuevos acuerdos con otros países.

Las dudas ahora se asientan en la actitud que puedan tomar los países del Mercosur. Con muchas presiones, el Mercosur terminó firmando un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea y el presidente de Brasil, que se oponía, no se hizo presente en el acto.

Brasil es el país más proteccionista de la región, pero el resto de los países no tenemos la dimensión de su economía, y el libre comercio nos daría mayores beneficios que el encierro, como ya hemos visto en nuestra experiencia en los últimos años. De todos modos, y dado el enfrentamiento entre Lula y Milei, habría que esperar a ver qué movimiento se produce.

El Indec, los precios y el dólar

La decisión de cambiar a último momento la decisión del Indec y no utilizar las nuevas fórmulas que se habían determinado generó una serie de repercusiones negativas. Es que el gobierno se manejó con mucha desprolijidad y, por más razones que pueda tener, volvió a traer la imagen de un nuevo manoseo al sistema estadístico.

El problema era que el nuevo índice se había hecho sobre la base de la encuesta de hogares de 2016/2017 y, dicen, en esta época, los precios estaban alterados por la herencia del kirchnerismo. Pero, además, el problema es que el nuevo índice modifica las ponderaciones y le da mayor importancia a los servicios públicos y privados, que hace 10 años no tenían la incidencia que tienen ahora.

La marcha atrás volvió a generar desconfianza, aunque las razones del gobierno fueran válidas. Acaban de anunciar que las tarifas aumentarán por encima de la inflación para bajar los subsidios y eso impactaría en el índice con mayor ponderación en los servicios. Pero la forma en que se hizo fue muy desprolija. No se debió haber anunciado o se debió dar marcha atrás antes de hacer los anuncios.

Por ahora hay que esperar el martes la difusión del IPC de enero con el viejo sistema, que según las consultoras podría estar en el orden de un 2,4% y, según los datos del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), la inflación comenzaría a bajar hasta mitad de año, pero sobre el 2%. Recién a partir del segundo semestre se esperan índices que comienzan en 1%. El total anual lo calculan en 22%.

Mientras tanto, el dólar se mantiene tranquilo. Esta semana volvió a bajar el oficial, que cerró el viernes en $1450 y se aleja cada vez más del techo de la banda. El Banco Central volvió a comprar dólares y ya acumula USD 1470 millones en lo que va del año. El mercado se recuperó un poco y el riesgo país volvió a bajar, para cerrar en 512 puntos básicos

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