El algoritmo de Milei

Sostiene el analista Ezequiel Parolari que la "electoralización", puede llevar a decisiones políticas a corto plazo que no aborden de manera adecuada los desafíos estructurales a largo plazo que enfrenta Argentina.

Ezequiel Parolari

Milei está en su despacho acariciando a Murray (uno de sus perros) y decide poner música para dirigir la difícil política argentina. En su algoritmo, aparecen temas como: "la casta", "no la ven" o "viva la libertad carajo", frases no musicales que definen un estilo narrativo y sintetiza la estrategia comunicativa del presidente argentino.

En la subyacente oposición a los argumentos definidos, el razonamiento del mandatario indica una catarsis cíclica contra todo lo que tenga que ver con acuerdos. En otras palabras, mientras que los participantes en el debate pueden estar discutiendo sobre ciertos argumentos o puntos de vista que están bien definidos y aceptados, hay una oposición subyacente ejercida por Javier Milei que se manifiesta de manera más profunda y fundamental. Esta oposición surge desde su narrativa, identificada por valores y creencias, que se reflejan directamente en los argumentos presentados, y que influyen en la forma en que se perciben y se discuten esos argumentos.

Lo imperante pero poco analizado, es lo que esconde o trata de ocultar esta práctica: hay más en juego en el debate de lo que se muestra a simple vista, y la oposición "mileisista" más radical no se limita a los argumentos específicos presentados, sino que profundiza dicha praxis con sus propias simbologías y datos, algunas veces poco verificados. Esto licúa las narrativas que se le resisten, las vuelve obsoletas y plausibles de ataques, confundiendo al ciudadano y actuando de manera impositiva sin llegar a acuerdos legítimos, propios de la democracia institucional. En la polarización de argumentos, en la batalla cultural de símbolos y formas, el fondo poco importa, lo único que importa es ganar a toda costa la narrativa, mezclar sus logos y "re-twittear" todo mensaje dominante que hable a favor del mandatario.

La "electoralización" de la comunicación de gobierno

La "electoralización" de la comunicación gubernamental en Argentina se refiere a cómo la administración y la comunicación del gobierno están cada vez más enfocadas en ganar apoyo político para las próximas elecciones, mermando acuerdos y profundizando heridas de antaño. En la simbiosis narrativa, se mezclan conceptos y es cuando la teoría pasa factura haciendo alusión a los intercambios entre partes. La comunicación gubernamental se electoraliza, propiciando espacios para la discordia y el enfrentamiento.

En la Argentina, esto puede observarse en el uso de discursos políticos polarizantes para movilizar a la base de apoyo, a la adopción de medidas populistas que pueden no ser sostenibles a largo plazo, y a la centralización de la gestión en torno a la figura del líder para fortalecer su imagen y su ego.

El problema fundamental de esta praxis, es la virtud destructiva para generar consensos, erosionando la calidad de la gobernanza y la salud de la democracia, ya que desvía la atención para buscar soluciones a los temas importantes, fomentando la división política. Además, la "electoralización", puede llevar a decisiones políticas a corto plazo que no aborden de manera adecuada los desafíos estructurales a largo plazo que enfrenta Argentina. Cambiar el nombre de un Centro Cultural o pelearse con el presidente Petro, no son prioridades que hoy tienen los argentinos.

En el canon de voces, se pierde la sensibilidad para dar espacio al ruido y al enfrentamiento. Y es en ese mismo canon, donde el presidente Milei sólo se escucha a sí mismo, y a sus seguidores, en un incansable eco de argumentos repetitivos, es cuando la narrativa electoralista se impone sobre la comunicación gubernamental, dando espacio a posturas radicales y confrontativas desde los diferentes sectores de la población.

Así como Milei acaricia a su perro Murray en su despacho mientras busca la inspiración para dirigir la compleja política argentina, los ciudadanos argentinos también anhelan un liderazgo que les brinde claridad, empatía y soluciones tangibles. Sin embargo, la "electoralización" de la comunicación gubernamental ha eclipsado estas aspiraciones, convirtiendo la política en un escenario de confrontación constante.

En lugar de escuchar voces que promuevan la división y el enfrentamiento, es hora de que nuestros líderes sintonicen con las necesidades reales de la gente y trabajen en conjunto para construir un futuro mejor. Al igual que una melodía bien armonizada, una comunicación gubernamental centrada en el diálogo y la colaboración puede ser la clave para desatar el verdadero potencial de nuestra nación.

En última instancia, el verdadero desafío no es solo ganar elecciones, sino construir un país donde todos los ciudadanos se sientan escuchados.

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