¡Argentina es un carnaval! Para todos los gustos...

"El presidente Alberto Fernández, que es el que tiene stock de máscaras y con él su séquito de ministros, que a la fuerza se deben cambiar el disfraz también, para no desentonar".

Marisa Zambrini

La Argentina es un país maravilloso. Si tenemos el hábito de informarnos todos los días, no nos podemos aburrir. Nadie es quien dice ser ni hace lo que dice que va a hacer, empezando por el número uno, el presidente Alberto Fernández, que es el que tiene stock de máscaras y con él su séquito de ministros, que a la fuerza se deben cambiar el disfraz también, para no desentonar.

En los últimos días el tema estrella fue "escuelas abiertas", el atuendo pasó de pronosticadores del contagio en los establecimientos de CABA (desastre Larretiano) y otros distritos K, a militantes de la educación. También tuvimos el disfraz del lobo que se come al campo, el exterminador de la inflación, el de amenazador serial y justiciero. Lo que se pierde Venecia.

El Carnaval es una fiesta en la que las personas pueden ser lo que quieran por unos días (vaya coincidencia). Según la Real Academia, la palabra carnaval procede del italiano carnevale y este término del latín "carnem levare", compuesto por carnem que significa carne y levare, quitar. Se puede interpretar como "despedirse de la carne". En la Edad media europea la Iglesia católica tuvo gran repercusión en la vida social y política ((no ha cambiado mucho la cosa). En la Cuaresma se debía guardar ayuno y mantenerse ajeno a las urgencias del cuerpo, el carnaval era una manera de darse una panzada de todo antes de la abstinencia. A pesar de esto no es considerada por la Iglesia una fiesta religiosa sino pagana porque implica comportamientos "poco recatados".

Volvamos al tema estrella, que aparentemente ya está solucionado (siguen con el disfraz por ahora). El asunto es que acá están los pibes que todavía no entienden las pulseadas entre ellos, los discursitos melosos y el uso político de la educación, sin embargo algún día serán grandes. Las escuelas estuvieron cerradas durante un año para toda una generación, aún cuando hubo evidencias suficientes de que la educación presencial no es el principal promotor de los incrementos de la infección por covid-19.

En Mendoza, esta vez el Gobernador fue al hueso (bien) pero acá no termina la cosa, acá empieza. El problema antecede a la pandemia que lo puso de manifiesto, no sólo se deben abrir escuelas sino mejores escuelas, que se adapten al contexto y no abandonen a sus alumnos en tiempos difíciles (por órdenes del lobo). Los planes sociales o paliativos en dinero no compensarán el vacío de aprendizaje.

El gobierno y la sociedad deben poner a la educación en primer lugar, ¡qué bonita frase! No en el discurso ni en un año electoral, la educación en la Argentina necesita cambios profundos, inversión, conexión a internet hasta en el último rincón, dedicación y responsabilidad. Hemos escuchado siempre que fulano o sultano subió o bajó el presupuesto para educación, no se trata de gastar sino de gastar bien. Hace unos años CFK "destinó" mucha guita del presupuesto (en realidad ella no pone nada), para entregar notebooks a profesores y estudiantes. Mal hecho, sin conectividad y con máquinas de pésima calidad, esa inversión fue inútil y se hubiera resuelto con una sala de computadoras en las escuelas y ordenadores de calidad.

Siempre me lo pregunto ¿por qué lo permitimos? En agosto del año pasado, las escuelas de la República Democrática del Congo volvieron a abrir sus puertas para que los estudiantes del último curso pudieran presentarse a los exámenes. Este país está situado en el lugar número 7 u 8, entre los países más pobres del mundo. No es la pobreza de Grabois, CFK, Macri y organizaciones sociales argentinas. Es sed sin agua, hambruna, injusticia, violencia y muerte. La tasa de pobreza se mantiene por encima del 80% y la esperanza de vida es de 58 años.

Volviendo al carnaval nacional y popular, falta otra pata importante y la más difícil de conseguir: el ejemplo. Con Alberto amenazando y desdiciéndose una vez por semana, con la vice demandando una jubilación de un palo y medio cuando la mínima es miserable, con Boudou preso en una casa de cuatro plantas, no hay educación que aguante.

Como siempre me pongo en maestra ciruela, no es disfraz: ¿qué podemos hacer? Aprender a votar y a exigir en democracia, a dejar de quejarnos con el control remoto en la mano. La otra es seguir cantando como Celia Cruz "la vida es un carnaval y las penas se van... oh, oh, oh".




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