La marihuana frente al fentanilo

Jeffrey A. Miron dice que la lección que se desprende de la marihuana no es que las drogas sean inofensivas, sino que la aplicación de la ley penal agrava sus efectos nocivos.

Jeffrey A. Miron

La administración Trump ha iniciado recientemente un proceso normativo para reclasificar la marihuana de la Lista I a la Lista III. Las drogas de la Lista I se consideran sin fines médicos aceptados y con alto potencial de abuso, mientras que las de la Lista III (por ejemplo, la ketaminao los esteroides anabólicos) se clasifican como con "potencial moderado a bajo de dependencia física y psicológica".

Las opiniones varían en cuanto a si esta reclasificación tendrá un impacto importante en el mercado de la marihuana, ya que la Lista III sigue otorgando al gobierno federal un control considerable. Pero el cambio debilita sin duda la prohibición federal de la marihuana.

Otra cuestión es por qué la política federal trata la marihuana de forma tan diferente a los opioides como el fentanilo. La sabiduría convencional asume que los opioides son más peligrosos que la marihuana y que es deseable un control estatal más estricto para las sustancias más peligrosas.

De hecho, el enfoque adecuado para todas las drogas es el mismo: la legalización. La historia de la política sobre la marihuana frente a la de los opioides respalda esta opinión.

Desde la década de 1970, la política sobre la marihuana en Estados Unidos se ha alejado de la prohibición estricta, comenzando con la despenalización, la medicalización y la legalización a nivel estatal, seguidas ahora por una relajación parcial a nivel federal. A pesar del debate sobre los efectos de la marihuana en la salud psicológica, las pruebas no sugieren que la reclasificación daría lugar a un aumento significativo de la violencia u otros daños sociales.

Por el contrario, la política hacia el fentanilo y otros opioides ha avanzado hacia una prohibición y una aplicación más agresivas durante las últimas décadas. Durante ese período, las muertes por sobredosis de opiáceos se han disparado.

Este contraste pone de relieve un punto fundamental del liberalismo. Cuando las drogas son legales, los mecanismos privados y públicos de control de calidad (reputación, responsabilidad civil) limitan el riesgo de sobredosis accidentales. Bajo la prohibición, estos mecanismos no funcionan, por lo que el control de calidad (por ejemplo, las etiquetas precisas sobre la potencia) disminuye. Del mismo modo, bajo la legalización, los participantes en el mercado resuelven sus desacuerdos con mecanismos no violentos, como las cortes y el arbitraje; bajo la prohibición, recurren a la violencia.

Por lo tanto, la lección que se desprende de la marihuana no es que las drogas sean inofensivas, sino que la aplicación de la ley penal agrava sus efectos nocivos. Si los responsables políticos se toman en serio la reducción de las muertes y la violencia relacionadas con las drogas, la divergencia entre la política sobre la marihuana y la de los opioides debería hacerles reflexionar.

* Publicado también en Substack. Jai Glazer, estudiante de la Universidad de Harvard, es coautor de este artículo.

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