La rueda del mundo que se asoma y no se detiene

En una reflexión atravesada por el discurso de Mark Carney en Davos, Isabel Bohorquez analiza el ocaso de las certezas del orden internacional, la fragilidad del derecho global y el regreso descarnado de la lógica del poder. Entre Tucídides y Václav Havel, la autora interpela a las sociedades contemporáneas sobre la responsabilidad ciudadana frente a un mundo que cambia sin pausa.

Isabel Bohorquez

Escuché el discurso del primer ministro de Canadá, Mark Carney en Davos y considero que expresó con magistral claridad lo que muchos pensamos sobre el mundo y las perspectivas que se plantean sobre un nuevo orden mundial.

Discursos así deben ser difundidos no solamente por el hecho de puede haber enojado a Trump sino porque, fundamentalmente, propone una mirada más honesta sobre lo que cada país-no tan poderoso o de ninguna manera poderoso-puede hacer por sí mismo en el concierto de un escenario internacional en el que las organizaciones que se supone aseguraban las bases del derecho internacional, han demostrado que son parte de una ficción que nos hemos repetido las últimas décadas con la ilusión de tener bajo control las condiciones de supervivencia y de intercambio global.

Los poderosos han seguido siendo poderosos y han impuesto condiciones por fuera de lo que le toca cumplir al resto o se han eximido a si mismos o han hecho trampa. Y el mundo ha repetido las frases políticamente correctas, aunque hubiera injusticias, excesos y masacres en las puertas de cada continente.

"Sabemos que el antiguo orden no volverá. No deberíamos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia"

Me hago eco de las palabras del presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski en Davos, cuando afirma que, así como arrestaron a Maduro y lo van a juzgar en Estados Unidos por los crímenes que -sin lugar a dudas- cometió, deberían juzgar a Putin por haberse embarcado en una guerra de invasión y conquista contra Ucrania. Yo me pregunto, si esa invasión no nos evoca la era de los zares... probablemente Rusia nunca dejó de ser zarista, apenas si cambiaron de nombre las dinastías...

Lo mismo sucede con Medio Oriente que sigue sus reglas desde hace siglos y mira de lejos el derecho internacional, a menos que le sea conveniente. China y Corea del Norte son también países que parecen darle la espalda a los organismos multinacionales, aunque con todos se puede comerciar o hacer los intercambios que convengan a las partes.

Estados Unidos ha ido y venido por las reglas internacionales, imponiéndolas a veces, desobedeciéndolas otras. Y no es Trump el primer presidente que quiere comprar territorio o apropiarse del mismo...

Europa, que tiene entre sus países miembros a los mayores colonialistas del planeta, ahora se ve debilitada en su capacidad de respuesta a sus problemas internos y con menos ahínco aún, a los que están por fuera de su propio territorio.

¿Cuál es el nuevo orden que se asoma en este escenario de disloques y tibiezas?

Carney dice que asoma una era de rivalidad por el poder (y hasta aquí los rostros visibles de esa competencia son pocos y no inspiran garantías de paz) y cita a Tucídides, historiador y militar griego del siglo V A.C., en su célebre frase "los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben" que proviene del Diálogo Melio en su Historia de la Guerra del Peloponeso. Tucídides representa así una visión realista y cruda de las relaciones internacionales donde el poder prevalece sobre la justicia.

Lo increíble de la cita (de 2.500 años de antigüedad) es su vigencia.

La rueda del mundo que se asoma y no se detiene

Creo que en Occidente principalmente, nos creímos el modelo de mundo moderno, democrático y ordenado en base a un derecho internacional que podía vigilar, intervenir o atemperar cualquier retroceso en el proceso de desarrollo hacia ese espiral constante de progreso al que la sociedad planetaria se puede dirigir como un motor en marcha incesante. Y una buena parte de esa creencia entendió que la política se dividía entre la derecha y la izquierda, aspirando a una versión moderada de una y otra como modo de asegurar derechos humanos, crecimiento y desarrollo sostenible, solidaridad, soberanía e integridad territorial de los estados. Todos estos últimos valores mencionados en el discurso de Carney como los baluartes a defender y sostener.

El fin de la globalización: ganadores y perdedores en el nuevo orden económico

¿Pero cómo? ¿Cómo defenderemos los valores que hemos constituido en absolutos y universales y que no hemos podido garantizar ni siquiera en su mínima posibilidad en regiones del planeta asoladas por la guerra, el hambre, las persecuciones y la muerte? Mientras prolijamente cada año se reúnen muchos de sus líderes a decirse un par de cosas enfrente al resto...

Es tiempo de despertar del letargo en el que nos hemos sumido las sociedades distraídas en el bienestar individual, en la propia y exclusiva felicidad y el aseguramiento de la realización personal y económica.

También es tiempo de sacarnos la venda de que todo lo que hace la derecha o que hace la izquierda es la razón fundamental de las desgracias humanas y si además encontramos responsables con nombre y apellido, podemos vociferar tranquilos y salir a marchar con los culpables en nuestras pancartas.

Es tiempo de la responsabilidad.

Es tiempo del compromiso y el poder real que se construye en la ciudadanía consciente y atenta más allá de sus propios asuntos.

A fondo, sobre el mundo que hay/que viene: "La lucha política hoy no es ideológica, es emocional"

Cada país dice Carney, cada país debe procurar su energía, su alimento, su defensa, su tecnología y su conocimiento. Cada país debe trabajar para fortalecerse y aumentar su capacidad interna sin sometimientos y sin subordinaciones a países poderosos.

Cada país tiene algo valiosos que ofrecer e intercambiar y debe hacerse responsable de que esa riqueza o ese valor de intercambio se pueda dar en condiciones justas.

Cada país puede hermanarse con otros igualmente poco o nada poderosos para integrarse en un conjunto que se respalde mutuamente ante el avasallamiento de quienes por ser fuertes hacen lo que pueden.

¿Las reglas actuales pueden servir? ¿O debemos escribir nuevas? ¿O sencillamente debemos ser consecuentes con lo que nos propusimos y no hemos cumplido, excepto en los papeles y en los discursos?

Irán nos necesita ya, muere gente en las calles en este momento; Cuba nos necesita ya; Venezuela nos necesita ya; Nigeria nos necesita ya...la lista de países que requieren auxilio es demasiado larga como para dilatar nuestra definición de que clase de mundo estamos dispuestos a habitar.

Cierro como empecé, con Carney y su discurso: él cita muy oportunamente a un disidente del régimen comunista que luego fue presidente de la Checoslovaquia democrática, Vaclav Havel, que en octubre del 1978 escribió un ensayo maravilloso, "El poder de los impotentes".

Qué mundo hay/habrá: "El orden ha terminado, el decorado sigue en pie"

En su texto Havel plantea que es el ciudadano común, en sus pequeños y sinceros gestos que puede cultivar una "esfera de verdad" individual que acabará destruyendo el gobierno comunista totalitario. Su argumento respecto al poder en lo pequeño, aquello que se vuelve intocable y que conduce a la libertad anida en cada persona y que es posible alentar un cambio que surge desde los gestos individuales que se van compartiendo y sumando ya que contienen "dentro de sí mismos el poder de remediar su propia impotencia".

Argumentó que la restauración de una sociedad libre solo podría lograrse mediante un paradigma basado en el individuo, la "existencia humana" y una reconstitución fundamental del "respeto a uno mismo, a los demás y al universo"; negarse a ceder el poder a eslóganes vacíos y rituales sin sentido, negarse a permitir que la mentira nos oprima y negarse a ser parte de la mentira que oprime a otros. Al hacerlo, los individuos iluminan su entorno, revelando a los demás que tienen poder.

La rueda del mundo que se asoma y no se detiene nos muestra que necesitamos aprender con urgencia.

La rueda del mundo que se asoma y no se detiene

Leé todas las notas de Isabel Bohorquez con un clic aquó o en su foto.

Esta nota habla de: