Chile en llamas: ¿tiene solución?

Escribe en su reflexión Ricardo Lilloy: "Vidas miserables con ausencia de futuro y sin esperanzas de progreso, conforman la base de esta explosión de rebeldía. ¿Hay alguna solución para esto?". Una nota para el debate y la premonición de alias "Marcola".

Ricardo Lilloy


Chile ha sido por años el modelo más ponderado en América Latina y por lo tanto el que invitaba a imitar.

Un Chile exitoso, moderno, evolucionado. Este mismo Chile que superaba todos los récords de modernización y de crecimiento sostenido, hoy parece tambalear ante la mirada de todos sus vecinos.

Si buscamos las razones de ese éxito, las podremos encontrar en su seguridad jurídica, acotado gasto público y los muy bajos niveles de corrupción tanto de su burocracia como de sus elites políticas. Además en la libertad económica, baja inflación, régimen fiscal estricto pero justo y fundamentalmente en un régimen laboral muy desregulado.

Sin embargo, a todas estas razones valiosas hay que agregar otras dos: bajos salarios y poca inversión en servicios públicos gratuitos para la sociedad.

Porque gran parte del éxito económico de Chile como país y de sus empresas, se ha edificado a costa del sacrificio de por lo menos, dos generaciones de chilenos que transcurrieron su vida laboral con bajísimas satisfacciones en cuanto a calidad de vida y oportunidades de progreso. Es decir, que hay en Chile una proporción de ciudadanos que no han accedido a bienes imprescindibles como la salud, la educación (tanto básica como de grado) el transporte, y además han tenido muy bajas jubilaciones. Esta situación de gran inequidad que parecía que la sociedad chilena toleraba con resignación, explotó.

No es posible explicar que estos fenómenos son solo producto de activistas profesionales o contratados para provocar desmanes. Los desmanes son la forma misma de la reacción. Decir que estos actos afectan el turismo, las fuentes de trabajo o la imagen del país, es como decirle a un condenado a la silla eléctrica que el día es muy bonito y que se inauguran dos nuevas fuentes en la ciudad. Vidas miserables con ausencia de futuro y sin esperanzas de progreso conforman la base de esta explosión de rebeldía. Hay alguna solución para esto? No.

No, porque las elites sólo piensan en el rápido restablecimiento del anterior status quo; es decir, no conciben cambios en nada. Le exigen a Piñera que saque al ejército a las calles, que reprima y restablezca así, el orden público. El reclamo es invisible, salvo por su capacidad de destrucción y caos. Por eso, la esencia misma del reclamo es caos y destrucción. Incluso si la clase política percibiera la magnitud del problema, siempre va detrás de los acontecimientos.

Por ejemplo, se va a votar la necesidad de reforma de la Constitución, cuando lo que se trata de cambiar es algo más que la Constitución. Se trata de cambiar el contrato social, no solo en Chile, sino global.

En esencia, la pregunta es si Chile es para todos los chilenos y chilenas o sólo es un país para unos pocos que tienen, como casta, derechos de explotación y plusvalía sobre las dos terceras partes de la población. Es la revolución de los perdedores del sistema, que son la gran mayoría. Dentro de éstos no sólo entran los marginales sino también los empleados precarizados, pobres y sin futuro.

Hay un reportaje memorable a Marcos Willians Herbas Camacho, "Marcola", un líder narco brasileño, jefe del primer Comando de la Capital, PCC, por el diario O Globo. Esta entrevista, real o ficticia, como la película "El Guasón", anticipa cómo fuera del sistema económico y pese a la indiferencia de todos, hay humanos que encontraron cómo sobrevivir al margen de esta sociedad insensible. Allí, Marcola se manifiesta culto y con cierta superioridad al recordarle al periodista que en su submundo él tiene un poder que el sistema no puede controlar, con sicarios y millones de soldaditos que son los "trabajadores del narcomenudeo" (en la Argentina se calcula que 1 millón de personas están relacionadas con el narcomenudeo). Describe a este submundo con sus habitantes como una consecuencia del olvido del sistema y anuncia un fin apocalíptico. Este anuncio en el reportaje realizado en 2016, es anticipatorio y muy preocupante por ser muy parecido a lo que está sucediendo en muchos puntos del planeta. Me permito transcribir algunas citas de lo expresado por Marcola:

"Yo era pobre e invisible. Ustedes nunca me miraron durante décadas y antiguamente era fácil resolver el problema de la miseria. El diagnóstico era obvio: migración rural, desnivel de renta, pocas villas miseria, discretas periferias; la solución nunca aparecía... ¿Qué hicieron? Nada. ¿El Gobierno Federal alguna vez reservó algún presupuesto para nosotros? Nosotros sólo éramos noticia en los derrumbes de las villas en las montañas o en la música romántica sobre "la belleza de esas montañas al amanecer", esas cosas... Ahora estamos ricos con la multinacional de la droga. Y ustedes se están muriendo de miedo. Nosotros somos el inicio tardío de vuestra conciencia social ¿Vio? Yo soy culto. Leo al Dante en la prisión".

- Pero la solución sería- agregó el periodista.

-¿Solución? No hay solución, hermano. La propia idea de "solución" ya es un error. ¿Ya vio el tamaño de las 560 villas miseria de Río? ¿Ya anduvo en helicóptero por sobre la periferia de San Pablo? ¿Solución, cómo? Sólo la habría con muchos millones de dólares gastados organizadamente, con un gobernante de alto nivel, una inmensa voluntad política, crecimiento económico, revolución en la educación, urbanización general y todo tendría que ser bajo la batuta casi de una "tiranía esclarecida" que saltase por sobre la parálisis burocrática secular, que pasase por encima del Legislativo cómplice. ¿O usted cree que los chupasangres (sanguessugas) no van a actuar? Si se descuida van a robar hasta al PCC. Y del Judicial que impide puniciones. Tendría que haber una reforma radical del proceso penal del país, tendría que haber comunicaciones e inteligencia entre policías municipales, provinciales y federales (nosotros hacemos hasta "conference calls" entre presidiarios...) Y todo eso costaría billones de dólares e implicaría una mudanza psicosocial profunda en la estructura política del país. O sea: es imposible. No hay solución."

En conclusión no somos conscientes de los motivos de lo que sucede. Por lo tanto, al no entender la naturaleza del problema y su magnitud, no podemos disponer la amplitud de la respuesta que se debe dar. Hoy vemos un ejército de personas tratando de sobrevivir en las calles cuidando autos, tratando de prestarnos algún servicio de lavado de cristales o vendiéndonos algo. Lejos de conmovernos, la situación nos irrita. Por eso no hay solución. Esta realidad irá siendo cada vez peor, de consecuencias muy graves e imprevisibles como un volcán. Se trata de una nueva revolución, similar a la Revolución Francesa, sin líderes ni organización, con la única finalidad de derribar el orden existente. Sin proyecto alternativo alguno. A esto hay que agregar las profundas transformaciones en el mercado laboral por la incorporación de la inteligencia artificial, la biotecnología y el cambio climático que agregarán nuevos factores de desequilibrio a la tensión social.

Para encontrar un camino de salida sería necesaria una revolución cultural, una toma de conciencia de la misma magnitud que la que está haciendo la sociedad mundial con el cambio climático, que movilice reformas estructurales de inclusión y justicia social.

Debemos entender que no sirve aplicar radicalmente modelos encorsetados que fueron exitosos en otro país o en un momento determinado. Los modelos económicos tienen que ser dinámicos, flexibles y adaptarse a los momentos que viven las naciones y a sus culturas e idiosincrasias locales. No es el país y su gente quienes se tienen que adaptar al modelo económico, sino al revés.

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