La histórica complicidad del peronismo con las dictaduras

Descarnada columna de Fernando Sanchís Muñoz, quien vincula al peronismo con otros movimientos dictatoriales a lo largo de la historia.

Fernando Sanchís Muñoz

La reciente decisión del gobierno nacional de retirar la demanda interpuesta por la Argentina junto a Canadá, Chile, Colombia y Paraguay en 2018 contra el régimen de Nicolás Maduro ante la Corte Penal Internacional (CPI) por las graves violaciones a los derechos humanos en Venezuela, ha disparado un sinfín de críticas internas y externas. La Argentina retrocede una vez más en la lucha por los derechos humanos para la que nuestro país había logrado establecer hitos reconocidos en todo el mundo.

Ya nadie en el mundo democrático niega la calificación de dictadura respecto del gobierno de Maduro en Venezuela. Elecciones fraudulentas, 7 millones de exiliados, informes internacionales independientes en los que se constataron graves violaciones a los derechos humanos, informes periodísticos documentados y la condena por parte de la totalidad de los gobiernos democráticos son pruebas contundentes de su existencia.

Sin embargo, el actual gobierno decide darle la espalda a una tradición de respeto por los derechos fundamentales que Argentina fue construyendo con mucho esfuerzo desde 1983. Las buenas relaciones con Venezuela en los años del kirchnerismo son una muestra del inexistente compromiso con los derechos humanos de quienes nos gobernaron. Cabe recordar que Cristina Fernández, otorgó a Hugo Chávez y Nicolás Maduro el máximo galardón que puede recibir un jefe de Estado extranjero por parte de la Argentina: la Orden del Libertador San Martín, que está dirigida a "funcionarios extranjeros que merezcan en alto grado honor y reconocimiento", según establece la norma que la creó.

Esta última decisión no debiera sorprender si se hace un breve repaso de la profusa relación del peronismo con los regímenes autoritarios que no comenzó precisamente con Néstor Kirchner. Podemos empezar recordando que, siendo Juan Domingo Perón un joven oficial del Ejército no se opuso al golpe de estado contra el presidente Hipólito Yrigoyen y en 1932 fue designado ayudante de campo del nuevo ministro de Guerra. Perón simpatizó con Benito Mussolini, cuyo gobierno no era precisamente un modelo de democracia republicana. Su idea de la "comunidad organizada" fue claramente inspirada en el régimen que llevó a Italia a integrar la alianza con la Alemania nazi y con Japón durante la Segunda Guerra Mundial.

Perón también participó activamente del golpe militar de 1943 y en el gobierno de facto llegó a ser secretario de Trabajo, ministro de Guerra y vicepresidente. El gobierno peronista surgido de las urnas (1946-1955) tuvo características autoritarias que se profundizaron a partir de la muerte de Eva Perón. Durante gran parte de esos años fue muy difícil expresar ideas opositoras con libertad. La mayoría de los medios de comunicación estaban en manos del Estado y los restantes sufrían clausuras. En las universidades, los estudiantes protestaban por el bajo nivel educativo y por la presencia de profesores de tendencias fascistas. Se persiguió, encarceló y torturó a opositores. Los empleos públicos estaban reservados para los afiliados al partido Justicialista y el adoctrinamiento a estudiantes de primaria y secundaria era permanente. Como ejemplo del clima que se vivía, líderes destacados como el radical Ricardo Balbín y el socialista Alfredo Palacios sufrieron la cárcel y el exilio.

Luego de la caída de su gobierno, Perón fue recibido en Paraguay, Nicaragua, Venezuela, República Dominicana y España, todos países con gobiernos surgidos de golpes militares.

Alfredo Strossner impuso en Paraguay una dictadura de 35 años que sumió al país en el miedo y el terror desde 1954 hasta 1989. La secretaría de Prensa y Difusión de la Presidencia de la Nación publicó en 1954 un cuaderno titulado "Perón y Stroessner, símbolos de paz". República Dominicana estuvo bajo el poder de Rafael Leónidas Trujillo durante 31 años, entre 1930 y 1961. Perón dijo que Trujillo "era un hombre bueno. Lo habían atacado, lo querían destruir, pero el defecto de Trujillo era su excesiva bondad y a todos perdonó".

El dictador nicaragüense Anastasio Somoza estuvo presente en la celebración del 17 de octubre de 1952. Ya llevaba 17 años tiranizando a su país y fue condecorado por Perón. Desde el balcón de la casa de Gobierno, su discurso terminó con una arenga: "¡Viva la República de Nicaragua! ¡Viva el General Somoza!"

Francisco Franco detentó el poder de 1939 a 1976 luego de una guerra civil que se cobró casi un millón de muertos y en la que recibió el apoyo de la Alemania nazi. Perón pasó en España doce de los casi dieciocho años que estuvo exiliado. "Franco, Perón, un solo corazón" fue una de las frases coreadas por el público que se agolpó para ver a Eva Perón en la Plaza de Oriente de Madrid el 9 de junio de 1947, en ocasión del viaje de la primera dama. En octubre de ese mismo año, Perón recibió del dictador español la Orden de Isabel la Católica (que Isabel Perón también recibió en 1974) y Franco recibió del presidente argentino la Orden del Libertador.

Con el dictador chileno Augusto Pinochet mantuvo buena relación: Perón lo recibió al poco tiempo de producirse el feroz golpe militar de 1973 (que el gobierno peronista reconoció en menos de una semana); y también lo condecoró con la Orden del Libertador.

Sobre su relación con el cubano Fidel Castro sugiero la lectura completa de la carta que le envió el 24 de febrero de 1974, que es por demás ilustrativa y en la que llama varias veces "amigo" y en la que textualmente dice: "Tanto usted amigo Fidel, como yo, llevamos muchos años de permanente lucha revolucionaria. Ello otorga una experiencia invalorable que es preciso transmitir a la juventud, para evitarle atrasos que se pagan siempre con dolor y sangre".

El peronismo oficialmente no hizo esfuerzos por impedir y tampoco condenó de manera contundente los golpes de Estado contra los presidentes Arturo Frondizi y Humberto Illia. En ambos casos se sabe de la participación de dirigentes de ese partido en los derrocamientos.

La relación con los dictadores no cesó con la muerte de Perón en 1974. Durante la dictadura que asoló a nuestro país (1976-1983), muchos militantes peronistas fueron asesinados, torturados y desaparecidos. Sin embargo, no se conocen declaraciones de repudio por parte de Néstor Kirchner y Cristina Fernández a las atrocidades ocurridas en ese período. Tampoco constan presentaciones de hábeas corpus por parte de Néstor Kirchner como abogado en Santa Cruz. A diferencia de otros políticos de distintos partidos (incluidos muchos peronistas), no mencionaron los derechos humanos hasta que asumió la presidencia en 2003. En los distintos gobiernos municipales, provinciales y nacionales que integraron tuvieron (y tienen) muchos funcionarios provenientes de la dictadura. Un ejemplo es la designación de Cesar Milani como jefe del Ejército en 2013 por la entonces presidente Cristina Fernández, a pesar de las acusaciones sobre violaciones de derechos humanos en su contra.

Al final de la dictadura cívico-militar argentina se decretó una autoaministía para proteger a sus integrantes de investigaciones judiciales por las violaciones a los derechos humanos. Raúl Alfonsín, candidato a presidente por la UCR, señaló que era nula y que la iba a derogar, cosa que concretó a los cinco días de asumir en diciembre de 1983. Por el contrario, el candidato peronista Ítalo Luder se pronunció por su validez manifestando que la "ley de autoamnistía" tenía efectos que no se podían modificar.

Ya en democracia, el peronismo se negó a integrar la Comisión Nacional de Desaparición de Personas (CONADEP) creada por Alfonsín y presidida por Ernesto Sábato, que elaboró el esclarecedor informe "Nunca Más".

Al poco tiempo de asumir la presidencia, Carlos Menem, pese al notorio repudio popular a la medida, otorgó el perdón a militares y civiles acusados de crímenes durante la dictadura y también al general Leopoldo Galtieri, al almirante Jorge Isaac Anaya y al brigadier Basilio Lami Dozo, integrantes de la junta militar que condujo al país a la Guerra de Malvinas.

Además, resultaron beneficiados los "carapintadas" amotinados en Semana Santa contra el gobierno radical, y en Monte Caseros y Villa Martelli, entre ellos el coronel Mohamed Alí Seineldín y el teniente coronel Aldo Rico. Este último luego sería intendente de San Miguel en 1997 y ministro de Seguridad bonaerense de Carlos Ruckauf en 1999.

También recibieron el indulto el líder montonero Mario Eduardo Firmenich, el general Ramón Camps, José Martínez de Hoz y la dirigente justicialista Norma Kennedy.

El 11 de marzo de 1990, cuando el democristiano Patricio Aylwin asumió la presidencia chilena, Menem fue el único mandatario de la región que aceptó saludar al dictador que dejaba el poder luego de 17 años. En noviembre de 1992, Menem recibió a Pinochet en Olivos en una visita privada. El 12 de febrero de 1993, durante una ceremonia realizada en la embajada argentina en Santiago, el entonces embajador de Menem, Eduardo Iglesias, le entregó a Pinochet la Orden de Mayo al Mérito, en el grado de Gran Cruz. Y finalmente, en 1997, le envió felicitaciones por su asunción como senador vitalicio, un cargo que el dictador diseñó a su medida para asegurarse un retiro impune.

Respecto de Castro (con quien se reunió en varias oportunidades), valer recordar las palabras de Cristina Fernández en ocasión de su cumpleaños 90: "Desde lo político ya no hay palabras para definirlo, me parece que ha ingresado en la historia definitivamente y por la puerta grande". Al fallecer lo despidió diciendo: "Se fue el último de los modernos, el último de los líderes globales anteriores a la caída del Muro de Berlín". Y agregó que estaba "a la altura de los Mandela y Charles de Gaulle; de los que fueron artífices de los procesos más transformadores y revolucionarios del siglo XX".

Los encuentros con los dictadores mencionados sobrepasaron, en todos los casos, las meras obligaciones protocolares que se le imponen a los presidentes y en ellos quedan en evidencia grandes muestras de aprecio personal, como puede observarse en los documentos fotográficos de la época. Esto queda ratificado con los reconocimientos otorgados a los dictadores por parte de los distintos gobiernos peronistas.

Este breve resumen expone la particular relación del peronismo con algunas de las dictaduras más sangrientas de la historia moderna. Todos los partidos políticos argentinos tienen cosas que reprocharse sobre su actuación en el pasado, nadie puede hacerse el distraído en un país que soportó recurrentes golpes de estado desde 1930. Afortunadamente, nuestro país pudo recuperar la continuidad democrática y desde 1983 hasta la fecha se celebran elecciones libres. Lo que no puede aceptarse es que, transcurridos veinte años del siglo XXI, el partido político más numeroso del país siga teniendo actitudes cómplices con regímenes autoritarios.

Queda claro entonces que, para que la democracia argentina pueda recuperar el lugar que tuvo en relación a los derechos humanos, el peronismo debe terminar su complicidad con las dictaduras, ya sean de izquierda o de derecha. La violencia y la persecución política son inaceptables e incompatibles con el concepto de democracia, en la Argentina y en cualquier otro país. La condena a las violaciones a los derechos humanos no puede teñirse de color político. No puede depender de la posición ideológica o partidaria de quien tiene la obligación de manifestarse en contra. Las violaciones a los derechos humanos deben condenarse siempre.

Ojalá que, para el bien del peronismo, de nuestra democracia y como ejemplo para las próximas generaciones, se dé marcha atrás en esta desafortunada decisión.

EL AUTOR. Fernando Sanchís Muñoz. Es especialista en comunicación política y socio de la consultora PSM. Más columnas de su autoría haciendo clic aquí.

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