El crimen más perverso de la historia de Mendoza

"en el callejón de la calle angosta los temerarios sicarios "Sambranos" salen de un espeso bosque... acuchillean y balean en forma directa a un prestigioso médico ... no hay piedad para Federico Mayer...". Escribe el doctor Carlos Parma.

Carlos Parma
Miembro de la Junta de Estudios Históricos de Mendoza

Diré como fue:

La cruel protagonista que contrata a estos hermanos (sicarios) es la mísera Luz Sosa. Esposa del ilustre mendocino, ex Gobernador y millonario Tomás Godoy Cruz, prestigioso por donde se lo mire.

La víctima pertenece a una notable familia de Buenos Aires, el joven y notable médico Federico Mayer Anold.

Lo llamativo es que la malvada Sosa era la suegra de Mayer, que estaba casado con la única hija del matrimonio: Aurelia Godoy.

El macabro hecho, 2 de marzo de 1853, fue consumado por dos criados de "Doña Sosa" que los contrató para tal fin. Godoy Cruz con graves problemas mentales había fallecido en Mayo de 1852 y Sosa era la administradora de la fortuna del prócer.

La investigación

Para la policía parecía un homicidio complicado y para la prensa algo común, hasta que los Sambranos (con mucho dinero encima y huyendo para Chile) al poco tiempo fueron capturados y "confesaron" quien los contrató: La esposa de Godoy Cruz !!!!. La prensa -como nunca- se hizo presente con hipótesis "pasionales", el mismo jefe de la Policía de Mendoza tomó por si la investigación y el incorruptible Juez Palma se puso a la cabeza.

Luz Sosa era temida con quien se atreva a cuestionarla, inclusive su yerno, pero no para Palma que no tardó en detenerla. La acusada CONFESÓ su participación.

Testimonios dando cuenta encono de Sosa con Mayer y hasta se le encontró el arma asesina.

El escándalo logró una magnitud dantesca.

El Doctor Mayer -por su parte- era muy respetado y había comentado que se fue a vivir a Chile para evitar disputas con Sosa. Volvió a pedido de Godoy Cruz y la caída de Rosas.

El Juez advirtió prontamente que era una cuestión de dinero y no de "amoríos".

Aunque la defensa de la imputada fue por demás agresiva, las pruebas (todas) condenaban a la asesina. Su propia hija Aurelia (viuda) declaró que caminaban por esa "calle estrecha y muy oscura de vuelta a su casa y por precaución su marido iba armado cuando aparecieron dos personas como un rayo, su marido logró herir a uno de ellos con un disparo. Los agresores lo golpearon, lo acuchillaron y ella escuchó más disparos". A Federico lo mataron a cuchillazos y los remataron de dos balazos uno en el pecho y el otro en la cabeza.

La presión política e inclusive judicial era insoportable pero el Juez Palma se mantuvo impertérrito, nada lo asustó ni lo intimidó, conservó la calma hasta que dictó sentencia.

El resolutivo del juez fue lacónico: Luz Sosa, Esteban y Martiniano Sambrano condenados a muerte por fusilamiento. Los Sambranos además quedarían "colgados de una horca , por espacio de dos horas, para escarmiento de sus iguales".

Pero Luz Sosa con su devorador poder no se quedaría quieta.

Lo peor iba a venir

Los abogados de Luz Sosa apelaron. El Fiscal general pidió que se rechace el recurso. Los camaristas se inhibieron por amistad. La Suprema Corte de Justicia formó un "Tribunal especial" para entender en la causa y así fue que aceptaron tratar el tema recriminándole al Fiscal el comportamiento.

Este "Tribunal superior" revocó la sentencia de Palma ordenándo que "Doña" LUZ SOSA pague una multa y los Sambranos sufran 10 años de prisión. Prohibió que se conozca publicamente la sentencia y sancionó al Juez Palma.

La prensa fue muy crítica con esta sentencia inclusive hizo saber de depósitos bancarios en Chile según Dolores Mayer, quien publicó una carta en 1954 que reprodujo la junta de estudios histórico de Mendoza en Agosto de 1984.

Luz Sosa aparece mencionada en una novela histórica de Abelardo Arias (El Juan Facundo), en un cuento de Lila Levinson ( La esposa del Gobernador) y en la novela "Marzo" de Sonnia de Monte.

Esta bella y atractiva mujer pudo continuar así con sus famosas tertulias en su casa, donde Aurelia tocaba el piano.

La hipocresía social, el dinero, el poder y el olvido hicieron que Doña Sosa, que como si nada hubiese ocurrido portaba un retrato y un mechón de pelo de su yerno en su camafeo y siguiera brillando.

Pero nada es eterno, pocos años después, murió aplastada por el terremoto de 1861.

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