Recurso hídrico: aún estamos a tiempo

"Dada la situación actual del planeta, la humanidad está comprobando que no ha hecho una buena gestión de los recursos con los que contamos y que administramos", dice Daniel Ariosto en esta nota.

Daniel Ariosto

Desde sus orígenes, una de las principales tareas del hombre es administrar la escasez.

Con las sociedades más complejas es un tema por supuesto más complejo y a enfrentar con más conocimiento y proyección, dado la superpoblación que hoy enfrenta el mundo y el consumismo exacerbado en el que estamos inmersos.

Es más, la ética moderna exige, a diferencia de las corrientes tradicionales, asumir que la administración de los recursos debe incluir necesariamente a las futuras generaciones. Tenemos la obligación moral de dejar un mundo habitable a nuestros hijos y nietos.

Dada la situación actual del planeta, la humanidad está comprobando que no ha hecho una buena gestión de los recursos con los que contamos y que administramos.

El calentamiento global explica en parte, el daño que hemos generado y de qué manera hemos intervenido y dañado a un mundo perfecto, equilibrado y con una riqueza que parecía inagotable.

Y es ahí en donde nos encontramos de repente, sabiendo que toda la humanidad sufre las consecuencias y está comenzando a vivir una realidad no por esperada, menos temida: nos estamos quedando sin agua.

Dice el especialista Ricardo Villalba:"Estudios realizados por colegas de la Universidad de Chile, indican que esta sequía prolongada, que ellos han llamado la Mega-Sequía por su extensión e intensidad, resulta de la combinación de factores naturales (ciclos climáticos naturales). Pero también antrópicos, es decir debido a la emisión de gases de efecto invernadero y el consiguiente calentamiento global. Conscientes de estas observaciones, los modelos climáticos del IPCC predicen una continua reducción de la precipitación nívea de los Andes Centrales, a lo largo del presente siglo. Es decir, todas las evidencias científicas con las que contamos hasta el momento coinciden en señalar que el caudal de los ríos de los Andes Centrales, va a disminuir durante este siglo".

Según el Departamento General de Irrigación, la década de los 90 presentó caudales menores a los históricos; la del 2000 fue, en general, normal o superior a lo normal, para volver a tener una década (2010) menor a la media, es más, la sequía más baja de los registros históricos.

Esto nos pone en una situación de incertidumbre sobre cómo vamos a desarrollar nuestras actividades de ahora en más, conociendo que es probable que cada vez tengamos menos agua y que deberemos adaptarnos a esta escasez.

Si bien las autoridades del agua lo han advertido desde hace varios años, recién ahora vamos notando una verdadera preocupación. A modo de ejemplo, representantes de cámaras de diversos sectores de la provincia expresan que ya existen en diversas zonas, emprendimientos abandonados debido a la escasez de este vital elemento.

Numerosas organizaciones relacionadas con la agroindustria ,también esta semana se manifestaron preocupadas por este tema y otras instituciones académicas y de investigación generarán ámbitos de observación y estudios.

La Union Comercial e Industrial de Mendoza se encuentra conformando un departamento de estudio e investigación del agua con el apoyo de especialistas de nivel nacional e internacional, universidades e instituciones.Consideramos de vital importancia ocuparnos del tema, dado que no es sólo una situación que atraviesa la provincia sino que, como vimos en innumerables imágenes del río Paraná - por ejemplo-, la sequìa nos afecta como paìs y región.

Desde todos los sectores debemos tomar conciencia, informarnos, capacitarnos y actuar acorde a las necesidades de estos tiempos. El agua dulce, -solo ahora empezamos a vislumbrar- no solo es básica para la vida, sino también para cualquier actividad económica. Plantas, animales, seres humanos dependemos de ella y tanto para uso doméstico como para el agrícola o industrial, el agua es vital. En el desierto aún más.

Estamos a tiempo de cuidar la poca provisión con la que contamos, de administrar eficientemente, de evitar su derroche y mala utilización. Aprendamos de nuestros errores. Debemos hacerlo.

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