¿Cuál es la diferencia entre la fe y la esperanza?

La fe y la esperanza se complementan. La fe se basa en la realidad del pasado; la esperanza mira la realidad del futuro.

Eduardo Da Viá

Durante unas cortas vacaciones que me tomara a fines de diciembre en la provincia de San Luis, y recorriendo en bicicleta esas preciosas serranías, me topé dos veces con santuarios de la Difunta Correa, ambos solitarios, me atrevo a decir en medio de la nada, pero eso sí, ahítos de botellas vacías y sabemos que cada botella es un creyente; por ello en un descanso en el camino me puse a pensar si estos lugares sagrados para el pueblo son manifestaciones de Fe o de Esperanza, y llegué a las conclusiones que paso a detallarles.

La fe es la total confianza en algo. La fe implica el consentimiento intelectual de un conjunto de hechos, así como la confianza en esos hechos. Por ejemplo, los creyentes tienen fe en Jesucristo. Esto significa que confían por completo en Jesús para su futuro eterno. Aceptan intelectualmente los hechos de Su muerte sustitutiva y resurrección corporal, y confían en Su muerte y resurrección para su salvación.

La esperanza es la expectativa ferviente de creer que algo bueno va a pasar. La esperanza es una expectativa confiada que naturalmente proviene de la fe. La esperanza de la Biblia está basada en la fe La esperanza es una seguridad tranquila de que algo que todavía no ha ocurrido, va a ocurrir.

La fe y la esperanza se complementan. La fe se basa en la realidad del pasado; la esperanza mira la realidad del futuro. Sin fe, no hay esperanza, y sin esperanza no hay fe de verdad. Los cristianos son personas de fe y esperanza.

Tomado de una publicación católica, todo lo anterior está basado en la Fe hacia Jesús, pero no hace referencia a la fe que los feligreses supuestamente depositan en los hombres de carne y hueso actuales, representantes de Dios y de Jesús y que son los sacerdotes, desde el primero al más conspicuo, el Papa.,

Ni tampoco a la Fe ciega de musulmanes y judíos a sus representantes en la tierra IMÁN Y RABINO, las tres religiones monoteístas tienen creencias similares.

La historia del pontificado no puede ser más truculenta, pues a lo largo de los siglos, esos, los representantes de Dios en la tierra, han cometido todo tipo de faltas a la moral, siempre en medio de un ambiente saturado de sexualidad y fastuosos lujos, en total contraposición con los preceptos y la propia forma de vida de Jesús.

La crueldad extrema para quienes no pensaban igual que los jerarcas, cuyo opus magnum fue la inquisición, es otra de las características de estas religiones. Algunos musulmanes, actualmente aplican penas de lapidación por ejemplo, a mujeres adúlteras pero el varón sale indemne de la prohibida relación.

Hace días atrás un jugador de fútbol árabe fue ajusticiado por atreverse a apoyar las protestas de las mujeres en pos de igualdad de derechos.

La creencia en seres superiores, hacedores del universo conocido según cada época, surgió espontáneamente como explicación de lo incomprensible, y esto sin dudas les fue de gran ayuda para resguardarse del miedo a los desconocido, a lo que no podían entender, como pudo ser el rayo desprendido de los cielos tormentosos en medio de ruidos atronadores que tampoco sabían interpretar.

Pero la organización de estas creencias fue transformada en un cuerpo de supuestas verdades, por el mismo hombre, cuando advirtió que la ignorancia hace sumisos a los congéneres y así se los puede dominar y utilizarlos para su propio bien.

Los que nos hemos criado bajo el influjo de la fe católica, hemos sido enseñados de conceptos que Jesús nunca vertió y lo que es peor, inventaron el pecado, verdadero tormento intelectual que además conllevaba el correspondiente castigo.

El pecado original, por ejemplo es de una arbitrariedad e injusticia inadmisible y cuya única solución era el Bautismo, con lo cual quedaba la marca del cristianismo como si fuera un tatuaje.

Cuando la santidad y la pureza de clérigos y Papas fueron siendo dudadas por la evidencia de las pruebas, hubo naturalmente una retracción en el número y la confidencialidad de los creyentes.

Pero el tema es que la necesidad de creer persistió y dado que los dignatarios de las religiones no eran de confiar, empezó la a desarrollarse una fe paralela ya no en santos que nunca conocimos o en Dioses que nunca se hicieron presentes para que los sentidos con que fuimos dotados al parecer por ese mismo dios, pudieran percibirlo como real y cierto, sino en humanos, por lo general después de muertos, a los que se les atribuyó la condición de sanadores tanto de enfermedades físicas como psíquicas o bien de benefactores económicos concretos para los más pobres, valores robados a los ricos.

Con el tiempo se erigieron modestos templetes, generalmente a la vera de los caminos que el "Santo" supo transitar, fabricados con elementos de uso común especialmente por la gente pobre y sin exclusión para quien deseara adherir a la creencia.

Son los santuarios, de los cuales hay decenas en la Argentina, hasta donde se llegan los necesitados, con el único óbolo de una botella de plástico vacía o de una vela y aún un pequeño trozo de tela.

No son templos góticos gigantescos donde la figura humana, adrede se empequeñece, adornados con toda la pompa del oro y de las más exquisitas obras de arte, de valor incalculable, pero que no recaen en los necesitados.

El Gauchito Gil, el gaucho Cubillos y Juan Bautista Bairoletto (suele escribirse Vairoletto), fueron personajes contemporáneos de carne y hueso, existiendo incluso fotografías de ellos porque actuaron en el siglo XIX

Sus actos altruistas y sus supuestos milagros fueron vivenciados por la gente y luego trasmitidos de generación en generación; de la misma forma, Jesús fue al parecer un humano que nació de madre conocida mediante parto normal y que desarrolló su corta existencia en comunión con los vecinos, comportándose como un humano cualquiera pero con la diferencia que predicaba el amor entre la gente, la modestia, la honestidad, virtudes de las que dio ejemplos personales. También la devoción a su Padre Dios por el que fuera enviado al mundo, pero que nunca nadie vio.

El caso de la Difunta Correa, es más dudoso por cuanto tiene visos de leyenda sin autor conocido, pero lo cierto es que al parecer existió, nació en Angaco, San Juan se casó y tuvo un bebé con el cual huyo del acoso de un comisario y en búsqueda de su esposo. Murió de sed en el camino y cuando fue encontrada por arrieros, el bebé aún vivía merced a que había continuado mamando de los pechos de su madre ya fallecida. Este dramático hallazgo se interpretó inmediatamente como un milagro y a ella, a poco andar se la consideró milagrera.

De todos los mencionados es sin duda la que convoca más feligreses en Cuyo y sus santuario se caracterizan por tener cientos de botellas vacías, con las que la gente procura que no vuelva a tener sed sin poder saciarla

Santuario camino al Volcán, San Luis. Fotografía del autor  

Volviendo al tema del escrito, la gente tiene fe generalmente en personajes concretos, con los que oportunamente tuvo la posibilidad de interactuar, de verlo proceder, de compartir la mesa y aún la vivienda. De asistir a su martirio y a su por lo general injusta cruel muerte. Y de esa Fe surge la esperanza

En tanto la actitud frente a las promesas de los Dioses invisibles, intangibles, silentes, a los que nunca nadie vio ni escuchó, repito, la actitud es más bien de esperanza, la esperanza de ser cierta primero la existencia del tal Dios y segundo que sus promesas sean verdaderas tal como la famosa expresión evangélica «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos será el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

La Fe inculcada a garrotazos, y a pesar de la crueldad de los castigos impuestos a los no creyentes o a los dudosos, no es perdurable, por cuanto la actitud de los intermediarios, los curas ejecutores de tamaños tormentos hicieron el efecto contrario, y tarde o tempano surgió la sencilla y lógica pregunta de cómo es posible que Dios permita ese tipo de conductas para aumentar su convocatoria.

Demás está decir de qué forma se ha deteriorado la imagen del clero al ir sabiéndose las atrocidades cometidas aun en la actualidad con el conocimiento y peor aún con el encubrimiento por parte de la superioridad eclesiástica, incluidos por cierto la TOTALIDAD DE LOS PAPAS.

Juan Pablo II fue el gran encubridor de las tropelías sexuales cometidas por sus defendidos pederastas, lo mismo con los homosexuales dentro del Vaticano; todo esto en un ámbito donde, dado el voto de castidad resulta inconcebible la existencia de tamaña cantidad de delitos sexuales.

Ratzinger lo sabía y nada hizo por detenerlo, prefirió el statu quo. Bergoglio también lo sabe.

Pero pasemos al Islam, donde la realeza vive una vida de despilfarro y libertinaje sin control, en tanto el pueblo es permanentemente amenazado por las leyes del Corán y los ajusticiamientos por delitos muchas veces banales son el pan nuestro de cada día.

Pero la gente, en especial los más necesitados, hoy 50% de la población argentina, está ávida de creer, de tener esperanza, esa esperanza que falazmente prometen los curas y los políticos sin jamás cumplirla.

Por ello el surgimiento y el crecimiento exponencial de la fe y la esperanza en los santos populares.

Hoy la Difunta Correa tiene más adeptos que el mejor obispo, porque siempre están rodeados de un halo dudoso, muy cercano a la verdadera personalidad de "Su Santidad".

En cambio la curia vaticana vive fastuosamente y no se desprende de nada como hacían Cubillo y Bairoleto.

En resumen resulta claro que los humanos necesitan creer en alguien o en algo, por la sencilla razón de que nadie sabe ni lo sabrá nunca, de donde y para qué venimos y hacia dónde vamos.

La Fe religiosa está en retroceso, al menos en el cristianismo, por falta de respuesta a las grandes catástrofes que nos afectan, la pobreza, la enfermedad, el sufrimiento; todo a pesar de los ruegos a un Dios supuestamente todopoderoso e infinitamente bueno pero que nunca nadie vio.

Si a esto le sumamos la vida pecaminosa por parte de muchos de los intermediarios, es decir los curas. La palabra latina cura significa cuidado, solicitud, inquietud y ocupación, y muchos de ellos hacen todo lo contrario o bien hacen caso omiso de la etimología de su profesión

Los protagonistas cuyas vidas dieron lugar a los santuarios populares, no prometían ni pedían, simplemente daban y además, tal el caso de la Difunta, rezarle tenía poder curativo.

Ninguno de los mencionados en este escrito y al que debo agregarle la Cruz Negra, ha ido perdiendo credibilidad con el paso del tiempo, todo lo contrario, cada vez tienen más seguidores, a diferencia de la diáspora cristiana, quizás no tanto de la Fe en Dios, como de la inutilidad de los sacerdotes y los templos.

El cristiano ha aprendido a los golpes a practicar su creencia en la intimidad de su hogar y a prescindir del oropel edilicio de iglesias y catedrales, de la misma manera que los devotos de los Santos populares, pueden conectarse con ellos desde cualquier parte.

Típico modesto santuario en honor al gauchito Gil

Las imágenes me eximen de la palabra, y estoy convencido que si se pudiera medir la intensidad de la fe religiosa, ésta sería seguramente inversamente proporcional al fasto del lugar donde se celebran los oficios y a la vestimenta de los concurrentes.

Los visitantes de los santuarios populares lo hacen descalzos, en alpargatas, y los más afortunados en destartaladas bicicletas o en fieles caballos que pacen sueltos mientras el jinete ora. No les importa el qué dirán.

Benedicto XVI restauró la decoración con armiño blanco tanto en los camauros como en las mucetas.

El armiño se encuentra entre las diez pieles más caras del mundo.

He visitado la Capilla de Achango en el departamento de Iglesias al NO de San Juan. La primera en construirse en la Argentina, en 1655, sin embargo el edificio actual es de 1787. Sus paredes son de barro tienen casi un metro de espesor y están revocadas con abono de cabra y tierra amasada. El piso de tierra- está cubierto por alfombras tejidas al telar. Esta Capilla se fundó bajo la advocación de Virgen del Carmen y en su interior aún se conserva una antigua estatua de ella, traída desde Cuzco, por Chile. Dicha estatua consta con cabello natural, una corona de plata y el cuerpo (un maniquí pintado al óleo) vestido con enaguas almidonadas y un manto

Capilla de Achango

Un aspecto similar tiene la Capilla del Rosario en territorio huarpe lavallino, también del siglo XVII.

En ambas, a pesar de ser no creyente he experimentado la misma sensación, mezcla de paz, de trascendencia, de recogimiento.

Los grandes templos citadinos no me emocionan, aun cuando puedan ser bellos arquitectónicamente, lo mismo he experimentado en las grandes catedrales del resto del mundo por mí conocido, tal como la de Colonia en Alemania, o la de Sevilla, o la de Toledo o la San Patricio en Nueva York.

Capilla del Rosario.

Todas si excepción son monumento al boato clerical, por cierto con anuencia papal.

Son verdaderas joyas admirables, pero para mí vacuas de amor. No son la casa de Dios; quien de existir seguramente se guarecería en las pequeñas capillas descriptas y hasta quizás en los santuarios populares.

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