El mapa de una integración frustrada por la desidia y la soberbia política
Una reconstrucción detallada de cómo un proyecto estratégico de integración regional en la cuenca media del Río Colorado -pensado para diversificar la economía, ordenar el territorio y gestionar el agua de manera sustentable- quedó archivado por desidia, mezquindades políticas y falta de visión de Estado, con consecuencias que todavía pesan sobre el sur mendocino y el norte neuquino.
CUEMECO: PARTE I
El proyecto CUEMECO (Cuenca Media del Colorado) nació como un faro de esperanza para una región que, a pesar de su incalculable riqueza, siempre ha sido tratada como la periferia de los centros de poder. Su meta era transformar la región mediante la creación de observatorios de planes estratégicos que permitan un desarrollo equilibrado en tres ejes:
A.- Identificar nuevas oportunidades de inversión y reconversión productiva (más allá de la actividad petrolera predominante).
B.- Garantizar que el uso de los recursos (especialmente el agua del Río Colorado) sea sustentable.
C.-Ordenar el crecimiento de las ciudades y la infraestructura regional.
El origen de proyecto tomó tomo fuerza hacia el año 2008-2010. Fue impulsado a través del PROFIP (Programa de Fortalecimiento Institucional Provincial) de la Nación y contó con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Ya en aquellos años la cuenca media del Río Colorado era considerada zona estratégica por los integrantes de los Observatorios Regionales por su riqueza en recursos naturales (energía, minería, ganadería), pero a menudo ha carecido de una planificación conjunta que conecte a las ciudades de distintas provincias. CUEMECO busca que estas localidades dejen de funcionar como "islas" y actúen como un bloque regional para negociar infraestructuras comunes (como rutas y conectividad).
Lo que comenzó como una iniciativa estratégica de asociativismo intermunicipal entre Mendoza (Malargüe) y Neuquén (Rincón de los Sauces, Barrancas y Buta Ranquil), terminó convirtiéndose en un frío expediente que hoy descansa en los anaqueles de la burocracia, demostrando que en Argentina la planificación suele ser devorada por la desidia política.
Lo más relevante del corazón de CUEMECO no era simplemente el acceso a financiamiento internacional del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), sino su enfoque revolucionario de "Micro-región". El proyecto proponía tres pilares que hoy, más que nunca, son deudas pendientes:
Superar las fronteras provinciales: Entender que el Río Colorado no es una línea divisoria, sino un cordón umbilical que une realidades económicas y sociales idénticas.
La diversificación económica, era el intento de romper con la "monocultura" petrolera para fomentar la ganadería de zonas áridas y el turismo científico en una zona de geografía única.
Gestión sustentable del agua: Un control conjunto sobre la calidad y el uso del recurso hídrico, vital para la supervivencia humana y productiva en un contexto de sequía histórica.
Los nombres de la época: El impulso que se evaporó
Hacia 2008-2010, el proyecto vivió su apogeo administrativo. En aquel entonces, los gobernadores Celso Jaque (Mendoza) -quien por su origen malargüino conocía la urgencia de la zona- y Jorge Sapag (Neuquén) firmaron los convenios necesarios para el fortalecimiento institucional. Parecía que, por una vez, la política de Estado primaría sobre el personalismo. Pero el espejismo duró poco.
Rápidamente caímos en la trampa en la trampa del Federalismo de "Puertos Cerrados". A pesar de que el Río Colorado une a las provincias, la política argentina suele funcionar bajo una lógica de islas.
Mendoza vs. La Pampa/Neuquén y los Conflictos históricos por el agua (como el de Atuel o el más reciente por Portezuelo del Viento) enrarecieron el clima político. Los gobernadores sucesivos (como Rodolfo Suarez en Mendoza) se encontraron con un clima de desconfianza interprovincial que hizo que sentarse a planificar una cuenca común pareciera un "costo político" en lugar de una oportunidad.
Hagamos una leve cronología de la desidia y recordemos a los responsables del silencio y Para que quede claro el paso del tiempo sin avances, aquí está la línea de quienes "miraron para otro lado".
Veamos cuando arranca el periodo de abandono (2011-2015): Mendoza: Francisco "Paco" Pérez. El proyecto empezó a perder visibilidad en la agenda pública mendocina. En Neuquén: Jorge Sapag (segundo mandato). El foco pasó a ser YPF y Chevron, Vaca Muerta.
Veamos cuando arranca el periodo de olvido (2015-2023). En Mendoza: Alfredo Cornejo y Rodolfo Suarez. La agenda se centró en la macroeconomía provincial y el conflicto por Portezuelo, ignorando las herramientas de CUEMECO para la zona sur. En Neuquén: Omar Gutiérrez. El crecimiento explosivo de Rincón de los Sauces se dio de manera caótica, justamente lo que CUEMECO buscaba evitar con su plan
En el territorio, el impacto fue directo. Mientras en Neuquén la gestión de Omar Gutiérrez se enfocaba solo en la renta petrolera, intendentes como Marcelo Rucci y luego Norma Sepúlveda en Rincón de los Sauces enfrentaron un crecimiento explosivo pero caótico, sin el ordenamiento territorial que CUEMECO prometía. Del lado mendocino, la desconexión entre la capital y el sur dejó a intendentes como Juan Antonio Agulles o Jorge Vergara Martínez (y más recientemente a Juan Manuel Ojeda) administrando una infraestructura que quedó huérfana de financiamiento regional.
CUEMECO: PARTE II: La desidia de los sucesivos gobiernos
La historia de CUEMECO es el ejemplo perfecto de la falta de estabilidad institucional en nuestro país. Los informes técnicos estaban listos, los diagnósticos eran precisos y la infraestructura estaba proyectada. Sin embargo, los gobiernos posteriores dejaron que el proyecto se diluyera.
En Neuquén, con el auge de Vaca Muerta bajo la gobernación de Omar Gutiérrez, la energía política se volcó exclusivamente a la renta petrolera inmediata. El ordenamiento territorial pasó a ser un estorbo para la urgencia de la extracción, condenando a localidades como Rincón de los Sauces a un crecimiento caótico y sin planificación.
En Mendoza, Tras la gestión de Jaque, los mandatos de Francisco Pérez, Alfredo Cornejo y Rodolfo Suarez prefirieron enfrascarse en conflictos hídricos judiciales o centrarse en megaproyectos como Portezuelo del Viento, abandonando la herramienta de integración micro-regional que CUEMECO ofrecía para el sur provincial.
El fatal error estratégico: ¿pudo CUEMECO salvar a Portezuelo del Viento?
La respuesta es un rotundo "sí" y que duele considerablemente. Aquí reside el punto más crítico de la desidia: la convalidación de CUEMECO habría sido el cimiento político indispensable para Portezuelo del Viento.
Si los gobiernos de Francisco "Paco" Pérez, Alfredo Cornejo y Rodolfo Suarez en Mendoza hubieran sostenido CUEMECO como una política de Estado, la provincia no habría llegado a la mesa de discusión de la represa como un actor solitario. Habría llegado como el líder de una cuenca integrada, con consensos técnicos ya firmados con sus pares neuquinos. Al "cajonear" el proyecto, se vació de contenido el reclamo, facilitando el bloqueo político que hoy mantiene a Portezuelo en la incertidumbre.
CUEMECO ya había generado consensos técnicos entre los municipios de ambas provincias, ya tenía Legitimidad regional. Sostenerlo habría desactivado gran parte de la resistencia política de la cuenca, ya que la obra se habría entendido como parte de un plan de desarrollo compartido y no como un proyecto unilateral, de una provincia sobre el recurso de todas.
Al "cajonear" CUEMECO, fue la oportunidad desperdiciada los gobiernos de Cornejo y Suarez que vaciaron de contenido el diálogo interprovincial. Sin esa estructura de confianza y planificación mutua, Portezuelo del Viento quedó huérfano de respaldo regional, facilitando el bloqueo político que hoy lo mantiene en la incertidumbre.
Argentina: El país de las oportunidades "cajoneadas"
Mientras otros países planifican sus cuencas a 30 años, aquí cada cambio de gestión significa tirar a la basura el trabajo del antecesor. Hoy, los "observatorios" previstos por CUEMECO son equipos obsoletos o áreas municipales desmanteladas.
La desidia no es solo falta de acción; es la decisión activa de ignorar soluciones ya diseñadas. Los documentos actuales de planificación en la zona admiten con resignación que "es de esperar que surja nuevamente la oportunidad de reflotar este proyecto". Esa frase resume nuestra tragedia política, esperar que el futuro resuelva lo que la dirigencia del pasado y el presente no tuvo el coraje ni la voluntad de ejecutar.
Finalmente, sobre la desidia y la soberbia, recordemos que el fracaso de CUEMECO no fue técnico (los planes eran excelentes y estaban pagos), sino ético-político. Representa la incapacidad de la clase dirigente argentina de sostener una política de Estado que trascienda su propio mandato. Lo que hoy queda son carpetas llenas de diagnósticos precisos sobre una región que sigue sufriendo los mismos problemas de infraestructura y falta de agua que hace 15 años.
Hoy, los documentos de planificación admiten con resignación que "es de esperar que surja la oportunidad de reflotar este proyecto". Esa frase resume nuestra tragedia: esperar que el futuro resuelva lo que la dirigencia del pasado no tuvo el coraje de ejecutar. Recuperar hoy ese estándar técnico costará el triple, porque no solo hay que poner el dinero, sino reconstruir la confianza institucional que la soberbia política se encargó de romper.
La historia de CUEMECO es el resumen de nuestra tragedia: la incapacidad de la clase dirigente de sostener un proyecto que trascienda su propio mandato. Mientras no entendamos que el desarrollo no pertenece a un partido sino a la geografía y a su gente, seguiremos gestionando sobre la improvisación, esperando (como dice la nota con resignación) que "algún día surja nuevamente la oportunidad".
El problema es que el futuro no espera a los que no tienen el coraje de ejecutar el presente.
* Especial agradecimiento al Observatorio del Plan Estratégico Malargüe por la información aportada.