Cuidar la institucionalidad es una responsabilidad democrática

Ante la degradación del debate en el Congreso Nacional, César Cattaneo reivindica el capital institucional de Mendoza como un valor fundamental para la legitimidad democrática, advirtiendo que convertir los actos oficiales en un espectáculo de agravios erosiona el vínculo con la ciudadanía y la capacidad de transformar la realidad.

César Cattáneo
Diputado provincial en Mendoza por la UCR

 La Apertura de Sesiones es una potestad de nuestra Constitución Nacional, establecida en el Artículo 99 inc. 8. Más allá de lo jurídico, es una ceremonia de la democracia y el presidencialismo argentino, que data de 1854, superando guerras civiles, intervenciones provinciales, golpes de Estado y reformas constitucionales.

En la práctica, esta instancia es fundamental para que el Poder Ejecutivo rinda cuentas, exponga sobre las políticas públicas claves del Estado y fije un rumbo ante el Congreso de la Nación y la ciudadanía, en un recinto con "amigos" y opositores. Es quizás uno de los momentos de mayor responsabilidad institucional del año.

Pero lo que vimos en el Congreso Nacional en la noche del 1 de marzo se alejó mucho de una tradición republicana. Gritos, interrupciones, agravios y un clima más cercano a un programa de magazine televisivo que a una Asamblea Legislativa.

Estas señales son un síntoma de que muchas veces se olvida que la democracia necesita del debate, de datos concretos y claridad en los mensajes. Lo que no necesita, y que es parte de un legado democrático de 1983, es la degradación de las instituciones. Cuando se degrada ese ámbito, no se está afectando a un presidente o a una oposición; sino que se está erosionando una tradición institucional de más de 150 años, y su vínculo con la ciudadanía.

En Mendoza hay profundas diferencias en ese sentido. La cultura institucional de nuestros ejecutivos municipales y provincial, y el conjunto de la dirigencia prioriza el funcionamiento de los poderes y los gestos democráticos. En mayo de 2025 (y seguramente será así también el 1 de mayo del 2026), la apertura de sesiones en la Legislatura Provincial fue un acto institucional ordenado y serio, donde las noticias posteriores versaron sobre el rumbo provincial. Esto no quita que durante el trabajo en Comisiones, o incluso durante las sesiones, se den diversas discusiones y desencuentros. Pero siempre en el marco del Reglamento y con respeto por el rol que cada uno ocupa.

Esta realidad es parte de un capital institucional fundamental en la calidad de vida de la ciudadanía, ya que en gran parte la legitimidad de las políticas básicas depende de estos acuerdos. El respeto es producto de décadas de alternancia, de competencia política real y de comprensión de que las instituciones son más importantes que los dirigentes circunstanciales.

La política argentina atraviesa un momento de tensión permanente en el que la confrontación ya es un medio del funcionamiento del sistema. Es necesario diferenciar la firmeza del deterioro deliberado de los espacios institucionales. Si la ciudadanía percibe que el Congreso es un escenario de gritos y descalificaciones, la consecuencia es más desconfianza, más violencia y más desapego. Y cuando la política pierde legitimidad, pierde también capacidad de transformar la realidad.

Mendoza ha demostrado que es posible sostener firmeza sin caer en el espectáculo, confrontar sin descalificar y ejercer la representación sin degradar los ámbitos institucionales que representan a la ciudadanía. 

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