El tren que se fue y las expectativas que no se miden

Discursos puede haber muchos, pero hay una realidad palpable y concreta, Mendoza dejó pasar el tren de la oportunidad minera por lo menos en tres ocasiones durante este sigo. Ese tiempo no se recupera y

Uno de los principales problemas que tiene que enfrentar el desarrollo de la actividad minera en Mendoza es que está atada a la intervención política a partir de la Ley 7.722. De hecho, dentro del Informe Fraser uno de los puntos por los que dejó afuera a Mendoza (en la edición 2022 y 2023) y otras provincias, apunta a la permanente intervención política en la actividad, de una u otra manera.

Es que la discusión minera se mantiene permanentemente en torno al arco político y son ellos los que hablan de la industria, no los técnicos. Uno de los inconvenientes de eso, es que se generan discursos o mensajes que tienden a confundir o generar expectativas erradas.

Desde ese espectro, por ejemplo, se da a entender que Mendoza está teniendo un nuevo impulso minero en el momento adecuado, cuando a todas luces no es así, se está avanzando muy tarde y se dejó la oportunidad de desarrollar la minería en por lo menos tres ocasiones durante este siglo.

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El primer momento fue la misión de la Dirección de Minería en el 2005 al PDAC, cuando vinieron muchos inversores (principalmente interesados en zonas desde el Valle de Uco hacia el norte) y luego se encontraron con la instalación de la 7.722. La segunda fue en 2011 cuando se archivó el proyecto San Jorge en la  Legislatura y la tercera fue la aprobación de la Ley 9.209 y su posterior derogación.

Mendoza arrancó muy tarde y la mejor forma de entender eso, es que sin exploración es imposible determinar cuándo se pueden pensar en tener producción minera. Eso, salvando la excepción del proyecto San Jorge, el único explorado y cubicado, pero que parece no existir para la gestión actual.

No podemos pensar que estamos iniciando un proceso en un momento adecuado, si es que ni siquiera tenemos la certeza de que se va a encontrar mineral en cantidad y calidad suficiente para poder desarrollar un yacimiento. Sin embargo, ahí es donde la política genera expectativas propias de sus tiempos y sus necesidades, que son muy diferentes a los que tiene el desarrollo de la industria minera.

Antes de empezar a explorar Cerro Amarillo me cansé de leer artículos citando a funcionarios señalando que puede convertirse en un proyecto de US$4.000 millones o lanzando la cantidad de mineral posible, cuando la realidad es que nada -pero nada- se podía anticipar en ese momento, porque ni siquiera habían hecho un pozo. De hecho, recién acaban de terminar su primera campaña de exploración.

La cuestión de las expectativas debe moderarse, lo que no significa que no haya actuar con optimismo, porque no es lo mismo. El optimismo se debe mantener cuando se inicie la exploración y, por ejemplo, no haya resultados como los que se esperan y haya que seguir perforando, algo que necesariamente sucederá en muchos proyectos. Es algo propio del desarrollo de la industria minera y la estadística es muy cruel, de 100 a 1 a la hora de exploraciones exitosas versus intentos fallidos.

Así, siempre se debe avanzar con optismismo, pero que no se confunda eso con expectativas que pueden sonar muy desmedidas sin el desarrollo suficiente de exploración. Vamos tarde, pero esperemos que se alineen los planetas y arrancar de una vez con la industria minera en Mendoza.

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