Donald Trump: la persona más perfecta del mundo

Alberto Arébalos pone en foco en esta columna compartida con Memo por GacetaMercantil.com, la situación de Donald Trump en el contexto electoral estadounidense.

Alberto Arébalos

Si algo ha distinguido siempre a los regímenes totalitarios de las democracias ha sido el uso de un lenguaje lleno de superlativos, exageraciones y tergiversaciones donde, como lo anticipara George Orwell en su novela "1984", paz es guerra, norte es sur y dos más dos es cinco.

Cuando faltan 127 días paras unas elecciones que decidirán el futuro de Donald Trump en la Casa Blanca -y mal que les pese a muchos, el rumbo del mundo al comienzo de la tercera década del siglo XXI- su gobierno ha echado mano como nunca a una retórica que por momentos parece más cerca de Corea del Norte que de los Estados Unidos.

Los habituales e inevitables tuits del presidente parecen seguir el manual de estilo de la agencia coreana de noticias cuando se refiere a los "grandes" estados de la nación, o a las "hermosas" estatuas de los esclavistas confederados, la a "belleza" de la bandera y a las "magníficas" bases militares. Lenguaje que es reservado en cada declaración o comunicado que emite la Casa Blanca, donde solo falta el "querido Líder" con el que se refieren a Kim Jong-un los medios norcoreanos.

Y si es necesaria una prueba más de la elaboración de un culto a la personalidad, a la usanza de Pyongpeng, este jueves, durante una entrevista con la siempre lista cadena Fox para llevar la voz de Trump a su cautiva audiencia de trumpistas empedernidos, el mandatario dijo sin ruborizarse ni implicara que estaba bromeando, que un amigo le había dicho que "era la persona más perfecta del mundo" (sic).

Mientras el coronavirus sigue causando estragos y nuevos focos de infección han estallado en Arizona, Texas y Florida, y se baten records de casos en todo el país, el vicepresidente Mike Pence -una versión más piadosa y menos polémica de Trump- dijo este viernes que "al mismo tiempo que estamos aquí hoy, los 50 estados y territorios de este país se están abriendo de manera segura y responsable".

Sin tapabocas, Pence llevó a cabo su primera reunión de la fuerza de trabajo sobre coronavirus de la Casa Blanca en casi dos meses, desde los días felices cuando Trump reflexionó sobre la eficacia de tomar lavandina para matar al virus.

Siempre obsequioso con su jefe, en otro ejercicio orwelliano de blanco es negro y arriba es abajo y que hubiera deleitado a "Big brother", Pence dijo sin ponerse colorado que "hemos hecho un progreso realmente notable en el avance de nuestra nación" en un contexto de casi 2,5 millones de infecciones y mas 125.000 muertes, las peores cifras del planeta.

"Disminuimos la propagación, aplanamos la curva, salvamos vidas", continuó Pence, un día después de que su país llegara al récord de 40.000 casos nuevos en un día. "Puede haber una tendencia entre los estadounidenses a pensar que estamos en un momento de grandes pérdidas y dificultades para el pueblo. Pero en realidad, estamos en un lugar mucho mejor", afirmó.

Sí, admitió Pence, ahora estamos viendo casos "que se elevan precipitadamente en todo el sur", pero siempre viendo el lado positivo de la vida: "Treinta y cuatro estados en todo el país ... están experimentando una cierta estabilidad".

Y para completar la cadena de sofismas, afirmaciones erróneas y mentiras completas, se hizo eco de Trump al afirmar que "es casi indiscutible que más pruebas están generando más casos". Según el jefe de la Casa Blanca no hay más casos porque la pandemia haya sido pésimamente manejada por su gobierno sino porque se hacen mas test. La lógica sería: si no se hicieran test el problema mágicamente quedaría resuelto.

Pero si lo que dice Pence parece un intento de tapar el sol con las manos o buscar que los fieles del culto Trump sigan creyendo y cantando loas al Gran líder, el secretario de Salud Alex Azar no se quedo atrás y afirmó -también sin ponerse colorado-, que el panorama desolador por el coronavirus en Estados Unidos es una "gran victoria de la salud pública".

A sabiendas de que las encuestas predicen, a poco más de cuatro meses de las elecciones, que él y su partido serán barridos de la escena política por una ola de descontento popular, Trump está tratando desesperadamente de cambiar el tema de la muerte y la enfermedad que se extiende por todo el país, hablando constantemente de la violencia que ha brotado en algunas de las manifestaciones contra el racismo que sacudieron al país en las últimas semanas y asegurar que "el retorno a la Grandeza" en términos económicos, como él mismo lo ha llamado, está a la vuelta de la esquina.

Pero pese a sus esfuerzos dialécticos, los de su vicepresidente, la Casa Blanca, el aparato comunicacional de la derecha y los esfuerzos del partido Republicano, Trump no ha podido ocultar que el país más rico del mundo, rico en experiencia y recursos, no ha podido controlar el coronavirus.

La Unión Europea (UE) se está preparando para reabrir sus países, habiendo llevado la tasa de nuevas infecciones a una pequeña fracción de lo que alguna vez fue y no permitirá la entrada de estadounidenses. Veremos como la Casa Blanca toma esa afrenta.

En este contexto, la persona más perfecta del mundo anunció que su gobierno pedirá a la Corte Suprema de Justicia que invalide completamente la ley de Seguro de Salud, más conocida como "Obamacare", sin tener una propuesta para reemplazarla.

Que esa medida deje a más de 23 millones de personas sin seguro de salud en el medio de una pandemia parece tener solo dos explicaciones posibles: un deseo oculto de perder las elecciones o una increíble crueldad, como lo definió la presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi.

Mientras, la caída vertical de la actividad económica ha resultado en más de 47 millones de personas que han debido pedir el seguro de desempleo. La medida sobre el seguro de salud -si es aprobada por la Corte Suprema, que no resolverá el caso hasta posiblemente después de las elecciones- dejaría a los desempleados sin acceso a un instrumento clave en un momento en que enfrentan el mayor peligro.

Un reflejo del caos que emana de la Casa Blanca quedó en evidencia en la entrevista con Fox News en la noche del jueves. Allí la persona más perfecta del mundo no pudo responder la pregunta de Sean Hannity, un vociferante admirador del presidente, que le preguntó cuáles eran sus planes para su segundo mandato.

El "Gran Líder" cada vez tiene menos para decir.

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