Las medias verdades: El mundo que se asoma y no se detiene

Entre Venezuela, Medio Oriente, África y el Ártico, la autora analiza las tensiones geopolíticas, las disputas por recursos estratégicos y el peso de los liderazgos globales en un escenario internacional atravesado por relatos incompletos y conflictos que el mundo no logra -o no quiere- detener. Escribe Isabel Bohórquez.

Isabel Bohorquez

La culpa de todo por estos días parece que la tiene Trump.

Ya se ha difundido de todas las formas posibles que Venezuela ha vivido el horror de una dictadura narcoterrorista nefasta, criminal, injusta, empobrecedora durante más de 25 años. Lo dice su gente. Lo dice el pueblo venezolano en su mayoría, ese mismo pueblo que votó en las elecciones de julio de 2024 en las que ganaron Edmundo González Urrutia y María Corina Machado por el 67 %, ese mismo pueblo que llora sus muertos, exige la liberación de todos sus presos políticos y está despertando el gigante dormido de la esperanza. Venezuela dará que hablar por sí misma.

A pesar de ello, el mundo parece dividirse entre los sectores que apoyan esa liberación y de ese modo justifican el accionar de Trump y hasta lo prefieren antes que la incidencia de China, Rusia, Cuba e Irán (asociados en un cuadrilátero de poder) en la zona, con las consecuencias geopolíticas que eso implica para el resto de la región; y por otra parte, los sectores que -en primer lugar- repudian a Trump, -en segundo lugar- desconfían de Trump y -en tercer lugar- temen a Trump por lo que prefieren minimizar la tragedia venezolana, incluso soslayarla argumentando que Maduro era el presidente democráticamente elegido o con el justificativo de las democracias "imperfectas" y poniendo distancia del dolor de una sociedad agobiada por tanta miseria injusta y tanta pérdida humana. Es más, el término derecho internacional debe ser una de las expresiones más aludidas por estos días.

Primero, detuvo a los que festejaban la caída de Maduro, ahora Nicaragua anuncia liberación de presos políticos

En el fondo, ¿el problema es Trump?

Puede que sí, que sea un problema de índole internacional. A mi también me preocupa que pueda decidir Trump.

Pero del mismo modo lo es Putin (Rusia), el Ayatolá Alí Jamenei (Irán), Kim Jong un (Corea del Norte), Xi Jinping (China), Omar Hassan al-Bashir (Sudán), Mohmad al-Bashir (Siria), Miguel Díaz-Canel (Cuba) y tantos otros que componen el arco de gobiernos dictatoriales o que tienen ambiciones excesivas respecto a su posición de poder geopolítico, su acaparamiento de riquezas naturales en el mundo o su capacidad de imposición bélica.

Europa, o mejor dicho la Unión Europea, parece empalidecer frente a líderes de países que han superado ampliamente su condición de dominancia en el mapa mundial.

África sangra a raudales en países como Nigeria, Sudán, Burkina Faso y Mali donde las matanzas a cristianos, las persecuciones étnicas y religiosas están sucediendo hoy, ahora, facciones islámicas radicales como los yihadistas extorsionan y masacran a quienes se niegan a someterse a ellos. Los yihadistas promueven y practican la yihad (esfuerzo o lucha en el camino de Dios) desde una interpretación radical del islam, buscando establecer un gobierno islámico global mediante la lucha armada contra enemigos percibidos, incluyendo gobiernos musulmanes moderados y, en Occidente, usando tácticas como atentados terroristas y suicidas para lograr sus fines político-religiosos, a menudo vinculados al movimiento salafista o recurriendo a otras formas de colonización.

Maduro no era presidente al ser extraído por Trump

El pueblo de Irán ha salido a las calles desde hace varios días, las mujeres queman sus velos islámicos de uso obligatorio corriendo el riesgo de perder sus vidas...hartos de un régimen teocrático que -desde 1979- (sí, los iraníes no siempre vivieron de esa manera) ha impuesto condiciones de sometimiento extremo y ha hundido al país en la pobreza.

Las masacres están sucediendo mientras nosotros cenamos frente al televisor y la prensa mundial llamativamente las ignora o soslaya su importancia.

¿Qué quiero sugerir con esto?

En principio, necesitamos despertar a una mayor conciencia del mundo y que nos duela, nos conmueva, nos importe.

La promesa que Occidente se hizo a si mismo de que el proceso civilizatorio, especialmente referenciado en el modo de vivir europeo, así como en el desarrollo económico asociado al bienestar social del modelo americano, no alcanzó para resolver lo que en el fondo de la cuestión es un desafío a nuestra capacidad ética para habitar juntos un planeta sin destrozarlo y sin destrozarnos.

¿Cómo podemos definir las atribuciones y las responsabilidades de cada región y de cada gobierno para establecer un horizonte común?

El turno de Groenlandia: "Soy fan de Dinamarca, pero..."

El mundo brama y debemos escucharlo.

Más allá de nuestro sillón o de nuestro celular viendo Instagram.

Venezuela tiene petróleo y por supuesto que es un bien codiciado que ya ha sido botín de muchos piratas extranjeros. ¿Cómo pueden los venezolanos recuperar la paz social, un régimen democrático genuino (no de transición) y preservar su patrimonio por el bien de los suyos en primer lugar? ¿Cómo hacerlo mientras el resto del mundo opina, pero no ayuda efectivamente? Acudieron a la OEA, a la corte internacional de justicia de la Haya, a la ONU, distintos países reconocieron el triunfo electoral de González y Machado...NADA de eso sirvió. ¿Cómo construimos una ayuda efectiva?

Veamos Groenlandia, la isla más grande del mundo. Está situada en el océano Glacial Ártico, a tan solo 26 kilómetros de Canadá con cerca de 60.000 habitantes y una superficie de 2.160.000 km² (Argentina tiene 2.780.000 km² continentales). Fue colonia danesa durante tres siglos hasta que en 1953 fue incorporada al reino de Dinamarca como territorio autónomo y sus habitantes pasaron a ser ciudadanos daneses. Desde 1979 se le concedió el autogobierno en los asuntos internos y permanece fuera de la Unión Europea por decisión propia, pero su política exterior está gestionada por el gobierno central de Dinamarca. Desde el año 2009 se amplió la autonomía, reconociendo al pueblo groenlandés como pueblo con derecho a la libre determinación, abriendo la puerta a la independencia si lo desean. Por lo que el movimiento independentista ha ido creciendo desde entonces. Groenlandia quiere su independencia.

Su población ocupa una porción mínima de territorio en la costa oeste, apta para la pesca ya que el resto está cubierto por una gruesa capa de hielo ártico. El 80% de la población es inuit (antes los conocíamos por esquimales). Son inmensamente ricos ya que su territorio tiene petróleo, gas y tierras raras. Están ubicados en una zona estratégica para el comercio marítimo debido a que el descongelamiento progresivo va abriendo cada vez más pasos dentro del territorio ártico que está repartido (y disputado) por Estados Unidos, Canadá, Rusia, Dinamarca y Noruega.

Estados Unidos es un país que logró en parte su expansión comprándole territorios a otros países colonialistas: le compró Luisiana a Francia en 1803, le compró Florida a España en 1819 y le compró Alaska a Rusia en 1867, momento en que también intentó comprar Groenlandia (Trump no había nacido aún).

Convencidos del valor estratégico de la zona, nuevamente intentaron comprar el territorio groenlandés en 1946 por un valor de 100 millones de dólares en lingotes de oro. Dinamarca rechazó la oferta, aunque ya le había vendido en 1917 las Islas Occidentales Danesas que pasaron a llamarse Islas Vírgenes de Estados Unidos.

Quo vadis Venezuela

Por último, la importancia estratégica militar es un argumento que tiene tanto peso como el comercial. Desde 2012, China ha incrementado su presencia en Groenlandia a través de la adquisición de acciones en empresas mineras y energéticas locales, además de ofrecer financiación para infraestructura. En 2019, incluso China intentó comprar una base militar abandonada en la isla.

Estados Unidos ya tiene una base militar en Groenlandia desde la segunda guerra mundial, así como Dinamarca.

Lo que se evidencia es el movimiento de países poderosos que quieren reforzar sus defensas, ampliar su poderío económico y estratégico militar fuera de casa.

Trump tiene apuro. Los otros interesados es muy probable que también...

¿Qué harán los groenlandeses? Un territorio inmenso con pocos habitantes, con tantos ojos ávidos puestos en su patria ancestral, con la voluntad de ser independientes, de seguir siendo ellos mismos en su tierra, en un mundo que avanza y los codicia...

Casi una escena de David frente a Goliat.

¿Qué hará Dinamarca? ¿Qué hará el pueblo americano? ¿aceptarán seguir comprando partes del continente? ¿estará en venta?

Hago un stop aquí.

Hace muchos años enseñé historia de la educación argentina y latinoamericana en la universidad.

Recuerdo un concepto, proceso civilizatorio: ese largo camino que viene recorriendo la humanidad en su cometido de convivir de manera autocontrolada y pautada que admita la vida colectiva. Según cada era o etapa de la humanidad hasta donde hemos podido comprenderla, ese desarrollo histórico ha ido atravesando diferentes modelos de sociedad y por lo tanto de educación, de cultura, de economía, de gobiernos, etc.

Occidente, especialmente, construyó un modelo de progreso y prosperidad social (asociado a la felicidad y a la libertad) que tiene en la conciencia colectiva una profunda implicación con la vida cotidiana. Ser libres y felices ¿quién no?

 ¿En qué mundo estamos parados? "Vivimos una crisis de sentido histórico"

Lo que hoy se asume como condiciones de vida dignas, derechos civiles y humanos, estilos y costumbres, etc. son parte de esa visión del mundo. Sin embargo, no es tan accesible alcanzar ese progreso y esa prosperidad social para todos.

Y a pesar de que podríamos lograrlo, el escenario mundial muestra que tenemos que resolver dificultades que -al menos la historia lo relata claramente- ya deberíamos haber aprendido a superarlas.

Hay crisis urgentes que no pueden esperar y temas que hoy se discuten a nivel internacional que nos precisan despiertos y atentos.

¿El mundo que se asoma y no se detiene es un mundo que amanece a otra perspectiva respecto a las circunstancias que se gestaron en el siglo XX? ¿O es un mundo que profundiza y recrudece sus antagonismos?




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