El Milei positivo, el Milei raro y Villarruel, una Cristina Kirchner en reversa y a toda velocidad

Quién fue el Milei al que todos le abrimos la puerta con su propuesta de aprender más sobre Economía, y quién es el que se nos metió en nuestras casas, de prepo. Y Villarruel: la continuidad del ideologismo extremo, como venganza al kirchnerismo.

Periodista y escritor, autor de una docena de libros de ensayo y literatura. En Twitter: @ConteGabriel

La irrupción de Javier Milei en los medios, primero, tuvo una enorme importancia y cimentó las bases de un entusiasmo hacia él que hoy lo coloca en la posibilidad de ser elegido presidente. Sin embargo, es mucho lo que cambió entre aquel primer Milei que consiguió algo inédito: que los argentinos nos preguntáramos por primera vez de dónde sale el dinero, qué es la economía, cuánto importa la generación de riquezas. 

Hasta ese momento, la deformación educativa nos había conducido ineludiblemente a pensar que las alternativas a todas las frustraciones políticas venían solamente por izquierda. Desde allí se prometía el socialismo utópico: que lo único bueno sería el día en que todo se repartiera en forma igualitaria entre todo, un oxímoron que Milei junto a otros como Diego Giacomini, Manuel Adorni, Gustavo "Lacha" Lázzari, José Luis Espert, entre otros, ayudó a desnudar como mito y mentira.

El otro Milei y su examigo Giacomini. En los comienzos de la fama.

Empujaron para ello a que muchos jóvenes, algunos ni siquiera adolescentes aun (sus notables "virgos" impulsores) a leer libros de economía. Rápidamente las librerías y las webs se vieron atestadas de gente reclamándolos y se sumaron más autores y "explicadores", como fue el caso de Martín Tetaz, por ejemplo.

En ese punto, Milei marcó una bisagra en el tiempo. Nadie antes había explicado de dónde salían los recursos, qué pasaría el día en que ese Estado paternal no los tuviera, de dónde salen los billetes, quiénes generan dólares reales y quiénes lo hacen especulando.

Antes que él había pavimentado el camino difícil de la divulgación de temas de Economía Tomás Bulat, consiguiendo una consagración que pocos habían logrado consolidar. Su pronta muerte generó un huevo que pasaron a ocupar muchos otros, entre ellos alguien que se prestaba al show con facilidad y daba rédito a los paneles televisivos, como Milei.

El péndulo, como fondo de la tensión entre CFK y Milei

Más temprano que tarde -porque su profundidad histórica es pequeña o "pandita, como decimos en Mendoza- el personaje se apropió del intelectual y se empezó a rodear de aduladores que llegaron a idealizarlo, en una evolución actual del viejo caudillismo argentino.

Fue cuando muchos vieron la posibilidad de tentarlo, subirlo, montarlo y empujarlo a la política. Consiguieron sintonizar con un momento de disconformidad global con las democracias y también con la proliferación de la instantaneidad contundente en las redes sociales de las proclamas antisistema, terraplanistas y negacionistas.

Milei calzó justo con el resurgimiento de movimientos gritones en otros puntos del planeta, como los que llevaron a la presidencia a Donald Trump, a Jair Bolsonaro y más tarde a Giorgia Meloni.

Hizo lo que tendría que haberle tocado al camaleónico peronismo: adaptarse a las ideas de cada momento, y les ganó de mano, aunque más tarde necesitara de su ayuda y se prestara como Caballo de Troya, ya que el armado político no era lo suyo y sí -por supuesto y por antonomasia- del peronismo.

Maslatón, ¿político o meme?; Milei, ¿libertario o neofascista?

Su consagración como líder mesiánico que no permite disidencias y que le abre camino a la representación de toda disconformidad, lo llevó a confiar en su hermana, Karina, como única persona de confianza. Y hasta desplazó a las autoridades partidarias, a sus viejos amigos, a sus socios para que su mamá, Alicia Luján Lucich -carente de representatividad y experiencia- se hiciera cargo de las formalidades legales del partido.

Lo que sigue ya es conocido. Tal vez perdimos de vista aquel origen consagratorio y el momento del "volantazo" hacia la política y el efectismo populista.

Ahora su compañera de fórmula es Victoria Villarruel, una mujer de convicciones fuertes, altanera, engreída y con una carga ideológica tan a flor de piel, que representa una clara amenaza de que Argentina invente a una nueva Cristina Kirchner, en reversa, en contramano y a máxima velocidad, sin frenos. De más está agregar algo que se puede pronosticar fácilmente: la una alimentará a la otra; el rechazo que genere Villarruel por derecha resucitará al kirchnerismo por izquierda, como balance en la Argentina pendular de la que teorizara sabiamente Dante Caputo.

Es muy poca la gente con ganas de ver la verdad porque a 40 años de recuperada la posibilidad de elegir libremente a los gobiernos, ya se desconfía hasta de la propia sombra. A los gobiernos que se critica tanto, los votó la mayoría: nadie los impuso.


Probablemente se quiera apagar el fuego con fuego y contra el machaque ideológico de los tiempos del kirchnerismos se termine votando a uno igual de intenso, aunque en contra del anterior.

O se quiera sacar a "lo viejo" que gobernó durante 40 años, votando a alguien que abiertamente dice que necesita 50 en el poder para hacer lo que esbozó como ideas para gobernar, cuando se lo estaría eligiendo el próximo domingo solo por 4 y ocasionalmente por 4 años más.

¿Quién tiene la culpa de Milei?

Y contra la impericia de los políticos tradicionales, tal vez se vote a la inexperiencia de los "nuevos" detrás de los cuales se esconden los que nadie nunca quiso votar, esta vez pensando -según la refranería típica argentina- que "escoba nueva barre bien" contra el que "mejor malo conocido que bueno por conocer".

Lo único cierto que queda flotando en la superficie de los próximos 4 días hábiles antes de ir a votar por un nuevo gobierno es que el momento es por primera vez distinto y que lo que se pone en riesgo es mucho más que un concurso de opciones, sino el futuro inmediato.

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