El tour de un ciudadano inhibido por el corazón del Estado

El calvario de levantar una inhibición, la información errónea y los papeles como protagonistas en el 2020. De la "despapelización" a la "reforma del Estado", pasando por la "administración amigable".

Me inhibieron por una multa de tránsito. $7.900 con intereses y costas. Quién sabe de cuándo era y por qué. En Rentas de la Municipalidad de la Capital no me supieron decir, ellos sólo tienen, en todos los casos, un número en rojo con un nombre y una deuda que invalida, entre otras cosas, a transferir un auto, lo que yo pretendía hacer por esos días.

En ese momento, lo más importante era pagar la multa en Rentas, subsuelo de la municipalidad de Ciudad, levantar la inhibición y poder concretar la venta y posterior transferencia de mi vehículo. La pagué.

Primer paso

La chica que me atendió, amablemente, me envió con el comprobante de pago al sexto piso de la municipalidad para que me expidan la conformidad. Allí pregunté, comenté mi situación y me encontré con la primera situación surrealista: me anotaron en un pedazo de papel el número de teléfono del abogado que llevaba mi expediente y me indicaron "llamalo, es él quien tiene que moverse para levantar tu inhibición".

No importaba si el tipo estaba en ese momento jugando al tenis, o en pilates, o con anginas, yo lo tenía que buscar a él, y de eso dependía mí suerte. Lo llamé sin moverme de la silla y me respondió: "No, yo no se ahora, no tengo la computadora acá, tenés que llamar a mi estudio". No estaba en pilates.

 

Llame al estudio, seguía en mi silla, frente a la mirada de la trabajadora municipal. "Mirá hoy es viernes y si tenemos que ir nosotros a buscar la conformidad a la municipalidad te va a demorar unos días más, ¿no la podés traer vos?" me dijo la secretaria del Dr. Malizia, abogado en cuestión, "tienen que venir ellos", me dijo la trabajadora municipal. Tomé la conformidad y me fui hasta el estudio de calle Garibaldi.

Segundo paso.

Tuve que esperar cinco días para que el juez resuelva y allí empecé a entender. Yo tenía que llamar al estudio de abogados para ver si ya estaba el oficio, y luego tenía que ir al Tribunal Tributario, y luego al registro de no se qué. Era el karma del deudor, no alcanza con pagar la multa, tenés que pagar por el daño cometido. Tenés que entregar tu tiempo, cambiar tus planes, resignar tus francos laborales. Tenés que pagar por tus pecados.

El jueves bien temprano hablé con la secretaria del estudio y me fui a Colón 147 de Ciudad, Tribunal de Gestión Asociada en lo Tributario. Saqué número y esperé. La mujer que me atendió tomó el número de juicio y buscó en unas estanterías: "Mirá, en la computadora me figura que ya está librado el oficio, pero no lo encuentro". Estaba mal archivado.

- "Ahora vas a ir con este oficio al registro del Automotor y lo vas a presentar para que levanten tu inhibición"- me indicó.

- "En el estudio de abogados me dijeron que tenía que ir al registro de la Propiedad" - respondí.

- "No, vos no estás inhibido en el registro de la Propiedad" - me tranquilizó.

- "¿Y a cuál de todos los registros del Automotor?" - seguía yo con mis dudas.

- "A cualquiera, es el mismo sistema"- cerróerró.

Y allá fui, a seguir pagando estacionamientos y a seguir haciendo filas.

Tercer paso

Entré al primer registro que encontré. Estaba repleto de gente haciendo sus transferencias, algunos que compraban y otros que vendían vehículos, y yo ahí, con mi oficio en mano y un montón de dudas.

- "Disculpame, quiero levantar una inhibición y no sé adónde ir" - le dije a la primera persona que vi más o menos desocupada, percatándome en ese momento de que en el registro del Automotor no hay ninguna oficina de informes.

- "Esperame que me desocupo y lo vemos" - me respondió.

Unos minutos después y tras ingresar al sistema con mis datos, tuve la segunda situación surrealista de este peregrinar. "Vos no estás inhibido", me dijo.

- "Cómo que no estoy inhibido, acá tengo la firma del juez, ya pagué, me mandaron del Poder Judicial, el papel..."- respondí mientras miraba en la pantalla en dónde aparecía mi nombre libre de culpa y cargo.

Era una persona limpia, o eso creía.

Cuarto paso

En la esquina de calle Belgrano y Colón, a metros del registro del Automotor, recordé un cartel que había visto en el Tribunal Tributario, impreso en hoja A4 y con letras en tinta negra "...los oficios... para que se levante la inhibición... deben ser presentados en sus respectivas dependencias. Caso contrario la inhibición NO se levantará". Y pese a lo que me habían dicho en el tribunal, me fui al registro de la Propiedad.

Una vez en calle San Martín 1225 de Godoy Cruz, y ubicado en el quinto lugar de la fila, sentí que la mañana se estaba poniendo calurosa. Afortunadamente no quedaban muchas cosas por hacer.

"Estoy inhibido, ya pagué, tengo el oficio del juez para que se cancele la inhibición, vengo del registro Automotor..." le fui contando uno a uno los pasos a la persona que me atendió y me miraba atentamente, hasta que me respondió: "Mirá no sé, creo que tenés que ir por aquella ventanilla". No supe que decir.

Afortunadamente unos minutos antes le había cuidado el lugar en la fila a una chica con un montón de carpetas en brazos. Ese gesto me valió una atención gratuita con quien se presentó como escribana, "a ver mostrame, yo te ayudo", me dijo.

Entró al sistema del Poder Judicial desde su celular, me buscó con el número de documento y algún otro dato y me confirmó lo que en el Tribunal Tributario me habían negado: "Estás inhibido acá en el registro de la Propiedad. Pero este no es el oficio que tenés que traer, tenés que volver al Tribunal Tributario para que te den el otro".

Sí, son diferentes, muy diferentes. Y volví a Colón 147.

Quinto paso

A esa altura ya eran cerca de las 13hs del jueves 20 de febrero. Me encontraba con número en mano, sentado nuevamente en el organismo judicial, listo para decir, sin repetir y sin soplar, todo lo que había hecho hasta ese momento y sin solución alguna.

Me atendieron, mandé al frente a la persona que me dijo que no tenía que ir al registro de la Propiedad y que no me había dado los papeles exactos. Esperé y me dieron una respuesta.

-"Bueno ahí lo vimos y te vamos a tener la cancelación de inhibición firmada por el juez para que lleves al registro de la Propiedad. Pero tenés que volver mañana. Eso sí, para adelantar, andá ahora a la Bolsa de Comercio a comprar el código 734 y el 858" -.

Me gasté $1.300 pesos en los dos códigos y esperé 45 minutos para poder comprarlos en la Bolsa de Comercio de 9 de Julio casi San Lorenzo. Me fuí a trabajar, ya había perdido toda la mañana.

Sexto paso

Al día siguiente volví al Tribunal Tributario. Si no me hubieran dado el expediente equivocado, que al leerlo me di cuenta de que era de una mujer que desconocía, diría que salió todo según lo esperado.

Me buscaron el mío, lo tuve en mis manos. Recorrí el trayecto hasta el registro de la Propiedad escuchando la radio. Entregué los papeles, los códigos, sonreí y pregunté lo que cualquiera preguntaría: "¿Hasta acá llega mi tarea? ¿Ya no tengo que hacer más nada?".

-"Ya no tenés que hacer más nada"- me respondió una mujer amable mientras sellaba los papeles que supieron ser míos.

-"Tengo que transferir un auto, ¿Cuánto demora para que me levanten la inhibición" - ya estaba más suelto.

- "72 horas hábiles, pero por el feriado de carnaval vas a tener que esperar hasta el viernes que viene" - me dijo.

Me fui del lugar limpio y digno, había pagado por mis culpas y era una persona libre de inhibiciones, pero sobre todo de colas, números y empleados desinformados. Además, qué son cinco días en la vida de un moroso. O de un ex moroso, para ser más preciso. 

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