Columna líquida XXL: El Este también existe

Este domingo pascual que finaliza con el mes de marzo, mes de la mujer como conmemoración, les dejo una columna especial de "Mujeres Especiales" que he tenido la inmensa alegría de conocer. Mujeres del Este mendocino que han fundado universos que la historia las podrá reconocer y jamás olvidar. Mujeres inolvidables con obras inolvidables con la pasión por los vinos de Don Quinto del Ing. Lino Federico Puppato, un hombre que acompaña.

Marcela Muñoz Pan

Mujeres y luciérnagas iluminan los vinos de Santos Lugares Wines

Hay lugares que marcan el destino de algunos vinos, la naturaleza les da un lugar mágico y las familias que trabajan en comunión, con mucho esfuerzo y añoranzas se acercan mixturando uno de los paisajes vitivinícolas más poético que conozco. Estoy hablando de la Familia Moroncelli Arboit que han ido transformando un cañaveral casi abandonado en un bello viñedo, con un parque como suspiros al alma donde las mariposas se despeinan entre lavandas y rosas, y las luciérnagas (casi que ya no se ven luciérnagas, esas que además les pedíamos un deseo) iluminan los niños que juegan entre los viñedos juntando las uvitas del encuentro. Las luciérnagas creo que se dejan ver porque los cultivos son orgánicos, ellas sí que saben. Las luciérnagas y las mujeres de Santos Lugares, madre e hija, ese vínculo umbilical como granos de amor

 sembraron sus variedades nobles ruborizando con los rojos rubíes la tierra como una reconquista y símbolo de un amor intransferible.

La relación madre e hija que la naturaleza enlazó como ese apoyo incondicional, seguro, con sus alegrías y tristezas, con un llanto debajo del parral, con las sonrisas correteando patos, pollos y pollitos, mientras los niños dejan sus sonidos entre las hileras, chapoteando en el agua y asegurando una memoria casi sagrada, como Santos de un día de Pascua, la resurrección de la gloria en los sorbos de sus mejores cosechas: Liliana Moroncelli y su hija Marcela.

Este terruño de 6,5 has de vid en la localidad de Algarrobo Grande, Junín-Mendoza-Argentina, y sin la utilización de agroquímicos para controlar plagas, malezas y otras yerbas, nos develan uvas de primera calidad, variedades como Malbec, Cabernet Franc y Cabernet Sauvignon. Vinos, razones, luciérnagas, mujeres aromadas de margaritas y vendimias, matrices donde el lecho que las vio nacer las empodera en un espacio único, en un parque único, así, simplemente, como ellas.


Calle Varilla Blanca con los vinos de Don Quinto te llevan a la Casa del bosque

Una calle de sauces, pintoresca, llena de árboles y flores cuidadas, mimadas por abuelos y que su hijo con su esposa e hijos abrigan y entrelazan una calle; Varilla Blanca, tan florida, tan amadora de colores y la pasión por la vitivinicultura familiar. Uvas Malbec, Sangiovese, condecoran la tarea de la familia propulsada por el abuelo y que su hijo y su nieto dignifican esta zona del Este: Medrano. El abuelo de Federico Puppato plantó hacen 70 años la variedad Sangiovese que combina esta uva un dulzor y amargor con perfiles aromáticos, muy conocido en Europa sobre todo en Italia, en Argentina se había dejado de lado y en la 4ª vendimia de Don Quinto han revalorizado esta variedad con todos los cuidados necesarios, siendo muy fácil de tomar justamente por lo aromático.

Bodega Don Quinto, se llama así, en homenaje al abuelo de Federico porque le dejó el galpón de una bodega, allí en su primer vendimia hicieron Malbec, sus vinos Pugile (en italiano significa; luchador), de cómo los abuelos marcan una manera de ser y vivir, este abuelo también era una apasionado del boxeo es por ello el nombre, emocionante saber cómo se puede luchar como los boxeadores hasta no darse por vencido, la razón por la cual se dan estos fuertes vinos como estacas imposibles de derrotar @bodegadonquinto

En otoño recibir a los turistas es la mejor época, ya que comparten juntos el recorrido por la finca entre uvitas, flores y esos tomatitos orgánicos contándoles su historia, si usted viene por Medrano se va a encontrar con la calle Varilla Blanca, calle que promete sensaciones únicas, frescura en el verano, y el oxígeno natural de sus árboles pincelan flores por doquier. Primero te vas a encontrar con la Bodega Don Quinto y vas a conocer a esta familia que predica los testamentos del vino y con una botella de Pugile bajo el brazo seguís unos pocos metros y te encontrás "La casa del bosque" y comienza otra magia. El elixir de los vinos Pugile marcarán el en sus vidas, una poesía en los finales de boca. 

Waldhaus, la casa del bosque

Como si fuera un cuento "La casa del bosque" es de cuento. Mientras conversaba con su dueña Elisabeth Loos, la cortina musical de los pájaros cadentes, suaves, ya estaba situada y sentada en ese lugar a celebrar. Yo celebraba haber conocido a su dueña, una mujer que hay que aplaudir en este mes especial de la mujer. Ella llegó a festejar en Varilla Blanca-Junín-Mendoza, con Champagne en mano, el nuevo milenio entre los verdes multicolores y con sus hijos a cuestas. La Casa tiene 700 metros cubiertos decorada cada rinconcito como un banquete para degustar, a medida que fue conversando con los lugareños, que la reconocían porque era la mujer que vivía en la casa del bosque, Elisabeth, tenía la certeza absoluta de que ese era su lugar en el mundo. Los fundadores de esta casa son sus abuelos alemanes y es por ello Waldhaus (casa del bosque en alemán).

Un domingo de Pascuas, Elisabeth y sus hijos inauguraron La casa del bosque como una casa para tomar el té y las sublimes tortas alemanas que su madre le había enseñado. Así es que con sus hijos organizaron una bienvenida a los vecinos, a los lugareños y a toda Mendoza, vestidos de aldeanos porque habían encontrado en baúles las puntillas, trajes, las vajillas de porcelana y manteles para la ocasión. Una idea muy original, divertida y dejando constancia de todo lo heredado por esos fundadores con visión de futuro, marcando Elisabeth un destino que iluminaría sus días para siempre, como ilumina los senderos con piedritas sin olvidos, como iluminan sus manos los encantos de su cocina, como ilumina las uvas tintas y el tinto del café.

Si un sábado estás aburrido, triste o querés enamorarte de robles, pinos en Waldhaus podés ir con un grupo de amigos, familia, entre 6 y 10 personas comunicánte al (2614180127), cuando llames si te atienden los pájaros que habitan con tanta felicidad, no te preocupes que igual toman tu reserva. Si mirando las fotos ves pasar una mujer blanca blanquísima, tampoco, es el alma de la casa que cuida estos ancestrales susurros, los ruidos de un bosque que sin querer queriendo creció junto a las viñas mendocinas.

El bisabuelo de Elisabeth llegó en tren en 1884 a Mendoza, alemán, venía a trabaja como científico invitado por Chile, Dr. en Ciencias Naturales, pero al final con toda su sabiduría seduce y lo seducen en Mendoza para que se quede en Mendoza, nunca llegó a Chile. Estudiando sismología, investiga y decide comprar algunas tierras, oh casualidad descubre que una de las mejores tierras son del Este y de Medrano-Junín. Construye una bodega, y su hijo decide venirse a vivir también allí, su bodega se llamó Teutonia entre araucarias y palmeras (no autóctonas) se fueron amigando con los cactus y jarilla y hoy viven es comunión atemporal e infinita donde nada sobra, nada falta, porque también la música está presente si venís, con un tanguito azul o una tonada amarilla como para deshojar las margaritas y musicalizar tu vida, mágicamente.

Una casa que en el 2021 cumplió 100 años ¿Se imaginan las historias que nos pueden contar? Objetos de infancias soñadas, paredes que olerán a un té recién calentito y un vinito con las copas de los abuelos para seguir escuchando historias, esas que jamás se olvidan porque el alma está en cada una de ellas. Hoy Elisabeth con su pareja están haciendo pequeños encuentros de música y vinito, poesía y vinito, cafecitos y consultas de I Ching, te podés alojar y elegir vivir un experiencia multisensorial, un cuento de verdad hecho de metáforas, de imágenes que no podrás olvidar, esos rincones para disfrutar que se alojarán por siempre cuando recuerdes tu paseo por la Casa del Bosque, entrando por esas callecitas de muchos árboles encontrarás casonas y bodeguitas que revivirán un pasado muy presente, un lugar, Varilla Blanca, que te recibirá como queriendo pillar tus sueños en una tardecita bautizada por las divinidades.

Esta nota habla de:
¿En dónde hacés rendir tu plata?

Tenés que saberlo