Nuevo gobierno: mucho ruido, pocas nueces y una sola conclusión

Gabriel Conte señala aquí que mucha de la gente que empieza a sumarse a Milei y que señalan como "macristas", ya se había ido del macrismo y son "gente de Milei" ahora. Además, la obcecación del presidente electo como valor sobreviviente ante las incertezas.

Periodista y escritor, autor de una docena de libros de ensayo y literatura. En Twitter: @ConteGabriel

"Mucho ruido y pocas nueces", podría ser la metáfora que presida estos días de armado del futuro gobierno nacional, que tiene que empezar a gobernar en pocos días, y juega con ensayo y error a la conformación de la primera línea. Es cierto: se produjo un cambio rotundo. También es cierto que Javier Milei dijo una y mil veces "preparado para empezar a gobernar en cuanto haga falta", y no era cierto.

En este rompimiento de cáscaras para ver si aparece el fruto, va quedando más residuo al costado, que frutos sanos disponibles para el consumo. 

Ya sin metáforas, mientras el peronismo intenta racionalizar su derrota, lo único que se le ocurre a los militantes más cerrados del kirchnerismo es hablar de "traición" y ya no de dirigentes -algo a lo que podrían haberse acostumbrado y hasta naturalizado- sino de la sociedad. Con solo echarle un ojo a sus redes sociales, la pesadumbre de haber perdido la centralidad (y en muchos casos, potencialmente el cargo del que disfrutaban, con un Estado financiándoles la militancia de cualquier tema que se les ocurriera) se junta con la bronca contra los votantes. Es que el pueblo ya no solo no es peronista y tampoco es que fueron "los jóvenes" los que votaron a Milei: ahora las masas son liberales, libertarias y, si se quiere, partidarias del abismo del no saber cómo empezar el nuevo gobierno. Cualquier cosa antes que la continuidad del kirchnerismo.

Se cruzan datos falsos, oficiosos o con verdades a medias en torno al futuro gabinete, todo el tiempo. Pero no lo hace solo la prensa apurada por rellenar espacios, sino que es un pecado también de La Libertad Avanza, que sube y baja protagonistas; endiosa y defenestra.

Muchos son los que ven la mano de Mauricio Macri detrás de todo, pero los que realmente saben, dan cuenta de que mucha de la gente que se vincula al expresidente ya se había pasado hace por lo menos un año a las filas del despeinado futuro mandatario, y es desde allí, con el "detox" cumplido en territorio libertario, que surgen como alternativas de gestión. Dicho de otro modo, recibieron la bendición "descatizadora" de Milei para poder ponerse manos a la obra en la construcción de la nueva casta, la propia del presidente por asumir.

En el ruido de cascarones que se rompen y que pocas nueces dejan como producto resultante, hay que sumar al discurso ideológico que catapultó exponencialmente a Milei y que hoy parece licuarse como algo secundario. Lo único que queda como verdad es que el propio Milei es obcecado y duro en su línea de pensamiento, y alrededor de eso todo el resto tendrá que "jugar", lo que no da pie a ningún retroceso, que es lo que ven muchos grandes empresarios que esperaban una señal para ver si apoyaban o no, como diferencia con Mauricio Macri, que ni resolvió la inflación tan fácilmente como había sostenido que era, ni cambió la realidad de los planes sociales y los cepos, como ilusionó antes de gobernar.

En un terreno de incertezas, lo que queda en pie es Milei y su perfil. Es resto podrá acomodarse antes del 10 de diciembre o no, pero al menos hay 4 años de "otra cosa" ineludiblemente.

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