Más allá del domingo: el lunes y los días que vendrán, con presidente elegido o a medio elegir

El panorama no es tan sencillo: los votantes no somos espectadores neutrales esta vez, sino protagonistas del país que podamos tener desde el lunes. Ninguno de los tres principales candidatos da lo mismo. Y aparecen las grandes dudas: el agujero de recursos que está quedando, la bomba de tiempo y el futuro tanto de Massa como de Juntos por el Cambio.

Periodista y escritor, autor de una docena de libros de ensayo y literatura. En Twitter: @ConteGabriel

El próximo lunes Argentina sabrá si tiene nuevo/a presidente/a o quiénes pasarán a segunda vuelta, si es que ninguno gana en esa instancia. La fecha del 23 de octubre se vuelve más importante debido a lo que podría llegar a pasar. Es que todavía se siente la decisión del Gobierno de aplicar una fuerte devaluación el día siguiente a las Primarias (PASO), y todo lo que significó el manoteo de recursos del futuro para reinstalar a su ministro de Economía, Sergio Massa, como candidato presidencial. ¿Qué harán esta vez?


Más allá del domingo: el lunes y los días que vendrán, con presidente elegido o a medio elegir

Hacia adelante, después del cambio de gobierno y gane quien gane, habrá un enorme agujero que dejan los recursos que se están vilipendiando para conquistar votantes por parte de Massa.

No habrá "luna de miel" entre votantes y elegidos.

Hasta ahora se sabe que quien entra sí o sí en un posible balotaje es Javier Milei, si es que no ganara en primera vuelta. Esa sola posibilidad hace difícil el lunes 23, en que se verá si estuvo jugando o no en tándem con el actual gobierno. "O sea", "digamos", si era un Plan B del peronismo evolucionado hacia la opción antipolítica o si realmente es lo que dice ser. En el primero de los casos, habrá paz y transferencia, tanto como salto de bando desde el gobierno hacia los equipos que le harán falta a Milei.

Pero si el anarquista libertario resulta tan independiente y reactivo como les ha hecho creer a millones de argentinos, el inicio de la ruptura será tan violento como se pueda imaginar. ¿Massa debería seguir siendo ministro si pierde? Y si renunciara, ¿qué pasaría hasta el día del cambio de mandato?

Si Massa gana tendrá que conseguir tapar el pozo, que será tan o más grave que la "grieta": si no consigue con qué cubrir los recursos que se gastó a cuenta, no podrá avanzar y esa "bomba de tiempo" que la oposición pensaba que le estaban dejando a ellos para hacerles imposible la sobrevida poselectoral, le estallará encima.

La posibilidad de que Patricia Bullrich pase por el medio, entre una posible imposibilidad de Massa de convencer a alguno más y el miedo al medio siglo que Milei viene prometiendo que "necesitará" para implementar sus disruptivas propuestas, parece la más ordenada, pero también generaría un shock en el Gobierno, capaz de quemar las naves antes de partir hacia la nada.

Si Bullrich pierde y gana Milei, el futuro de Juntos por el Cambio tanto como el personal de Massa será incierto y funcionará el "péndulo" sobre el que escribió Dante Caputo: si el anarquista toma el poder, el kirchnerismo resucitará aglutinando a los progres de todas partes, dejando al radicalismo boyando, con Mauricio Macri seguramente ayudándolo y la alianza opositora minada. Lo mismo con Massa: Cristina Kirchner pasará a recoger a los golpeados ideológicamente con su ambulancia verborrágica. Será una nueva polarización, un nuevo tiempo de venganzas cruzadas con su gemela pero diferente del otro lado, Victoria Villarruel.

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De tal modo que nada termina con ir a votar el domingo. El lunes, martes, miércoles y todos los días que queden hasta una eventual segunda vuelta y el traspaso de mando estarán llena "o sea", "digamos", de emociones fuertes que impactarán en forma imprevisible sobre la vida cotidiana, ya sea desde lo meramente sensorial o el bolsillo.

Al menos por eso, cobra importancia que quien pueda votar, lo haga, y no se quite la responsabilidad de hacerlo. Lavarse las manos esta vez podría esta vez no mantenerse "neutral", sino por el contrario, echarle nafta al fuego.

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