Historia de la Medicina: Acerca de dioses y endiosados

Un interesante repaso por los personajes que no quedaron inmortalizados por la historia, detrás de grandes nombres de la Medicina reconocidos en todo el mundo. Una nota de Eduardo Da Viá.

Eduardo Da Viá

La Medicina surgió en forma prácticamente simultánea con la aparición del hombre, y lo hizo espontáneamente cuando alguien fue el primero en ayudar a un herido o a un enfermo.

Con el tiempo, hubo individuos que acumularon experiencia en el tratamiento de las afecciones humanas, los curadores y hechiceros, cuyas habilidades curativas eran solicitadas por los miembros de le sociedad donde residía.

El problema capital era la absoluta ignorancia acerca del porqué de las enfermedades, vale decir las causas, que rápidamente fueron atribuidas a la intromisión de demonios en el cuerpo del doliente y así nacieron los especialistas en tratar de extraerlos mediante actos de exorcismos y hechicería.

Pero además estaba irresuelta la razón de la permanencia en plena salud de la mayoría de los integrantes de la comunidad, así como de la curación de las enfermedades, siendo los curadores considerados como intermediarios entre el paciente y un ser superior, un Dios, responsable entonces tanto del beneficio de la salud como la de la recuperación de ésta luego de haberla perdido.-

Pero no siempre el Dios se encontraba de buen talante, de tal suerte que cuando se enojaba con un determinado grupo social, los castigaba con la aparición de las epidemias, generalmente causantes de gran mortandad y sufridas resignadamente por los afectados, sin respetar edades ni sexos lo que las hacía injustas y temidas.

Desde los Sumerios en adelante todas las civilizaciones tuvieron sus Dioses de la Medicina, en ocasiones era uno solo, y en otras disponía de ayudantes para tareas específicas.

Egipcios y griegos desarrollaron complejos panteones que lidiaban con la enfermedad y la muerte.

El sistema egipcio del cuidado de la salud, disponía de numerosos dioses, tales como

Isis, diosa de la salud, inventora de los remedios.

Horus, a menudo invocado en los casos de mordeduras de animales.

Hathor, diosa del amor, protectora de las mujeres.

Thot, dios de los escribas y patrón de los oftalmólogos.

Sejmet, diosa sanadora.

Tenía la virtud de la que hoy carecen la mayoría de los países, de ser un sistema estatal, gratuito y universal.

Los griegos por su parte, llevaron los estándares a su nivel más alto hasta ese momento de la evolución de la humanidad, con un Dios supremo llamado Asclepios, hijo de Apolo y de Coronis y discípulo del centauro Quirón quien lo inició en el estudio de la medicina.

Tenía su propio santuario en Epidauro, sito en el Peloponeso, maravilloso enclave que tuve la suerte de visitar.

Disponía de distintos recintos donde se practicaban distintas técnicas terapéuticas, desde la cirugía hasta la hidroterapia, y además contaba con uno de los anfiteatros con mejor acústica del mundo, todavía en pie y visitado por millones de turistas. Estaba destinado a la música y al canto como medios terapéuticos.

Los romanos copiaron el desarrollo griego y llamaron Esculapio a su símil Asclepios.

En Mesoamérica, tanto los Mayas como lo Aztecas y Mexicas, tenían numeroso dioses capaces tanto de curar como de producir enfermedades.

Como expresara más adelante, la razón de la existencia de los dioses era la ignorancia, y así, a medida que fue desarrollándose la Ciencia médica, dando explicaciones plausibles paras las causas y produciendo medicamentos eficaces, fue decayendo la creencia en los dioses hasta casi desaparecer.

Sin embargo, los Dioses de las religiones actuales son demandados por sus feligreses en busca de ayuda para la curación de sus familiares afectados por dolencias contra las cuales aún no hay terapias efectivas.

Incluso en la mayoría de los países perduran grupos muy minoritarios y por lo general incultos, que persisten en las viejas creencia e invocan dioses vernáculos para la curación de sus enfermos.

Durante la segunda mitad del s. XIX y primera del s. XX, se produjo un avance extraordinario de la medicina en todas sus ramas, pero especialmente en cirugía, con la aparición de grandes cirujanos que alcanzaron fama internacional y recibía visitantes del resto del mundo para aprender de ellos; tal el caso de los hermanos Finochietto en nuestro país, fundadores de una verdadera escuela quirúrgica argentina.

A pesar de la fama no llegaron a endiosarse y operaban sin distinciones ni discriminaciones, tal como solían curar los Dioses mitológicos.

Yo soy un discípulo indirecto del más galardonado de ellos Enrique Finochietto, por cuanto fue el maestro de mi maestro el Prof. José Antonio Aranguren.

Sin embargo algunos eximios cirujanos, sí creyeron alcanzar el cielo con las mismas manos con que operaban y se consideraron Dioses, pero con el terrible defecto de practicar la más absoluta de las discriminaciones, en especial en los países donde los negros eran considerados poco menos que animales. Los casos más notables son los de los Estados Unido de NA y Sudáfrica.

Por cierto no operaban pacientes de raza negra, pero sí tenían servidumbre y hasta colaboradores de la misma.

Uno de los ejemplos más lamentables fue el del Dr. Alfred Blalock (5 de abril de 1899 - 15 de septiembre de 1964) jefe de servicio en el afamadísimo Hospital Johns Hopkins y que pasara a la historia por diseñar y realizar con éxito una técnica quirúrgica para el tratamiento de los llamados "Niños Azules", junto con la Dra. Taussig.

Pero a lo que nunca hizo referencia Blalock, es que su mejor colaborador y diestro cirujano, fue un negro Vivien Thomas que nunca pudo obtener su título de médico pero colaboró en todas las investigaciones de Blalock e incluso hizo en perros la operación por ellos diseñadas para tratar los mencionados Niños Azules.

Desde la izquierda: Alfred Blalock, Vivien Thomas y Helen Taussig.

Desde la izquierda: Alfred Blalock, Vivien Thomas y Helen Taussig.

Cuando Blalock se jubiló le hicieron un merecido acto de homenaje en su Hospital, pero en su discurso de despedida y agradecimiento, no tuvo una sola palabra para con su imprescindible ayudante, presente en el mencionado acto.

Una vez retirados, los médicos destacados aparecían sendos retratos en el Hall Central, más nunca el de Thomas, hasta que finalmente y en condición post mortem un alma caritativa hizo colgar el retrato de Vivien, quien, dicho sea de paso siempre cobró el sueldo de ayudante técnico, cargo del que nunca fue promovido.

Claro un Dios blanco tal cual Asclepios, no podía aceptar que un negro fuese tan capaz como él o tal vez más.

El otro caso paradigmático fue Christian Barnard quien nació en Sudáfrica, estudió en la Universidad de Ciudad del Cabo graduándose en 1953, e inició su carrera como médico cirujano general en el Hospital Groote Schuur.

En 1955 obtuvo una beca para estudiar en la Universidad de Minnesota (Estados Unidos), donde se doctoró como especialista en Cardiología en 1958. Fue alumno aventajado del doctor Owen H. Gesteen y fue este quien le introdujo en la ciencia cardiovascular.

El doctor Shumway lo familiarizó con la técnica de trasplantes de corazón en animales y en realidad fue este cirujano el que realizó el primer trasplante cardíaco a un humano pero utilizando un corazón de chimpancé. La cirugía fue exitosa pero el corazón no soportó el esfuerzo que le demandaba el tamaño del receptor y éste finalmente falleció de insuficiencia cardíaca días después. ¨

Ésto nunca lo dijo Barnard, quizá por el temor de opacar su temeraria hazaña de ser el primero en el mundo en trasplantar un corazón humano a otro paciente en el año 1967, pero que le valió algo que deseaba en lo más profundo de su ser, la FAMA. Y lo logró, viajó por el mundo entero incluida Argentina, deslumbrados por la destreza quirúrgica del sudafricano. La operación le demandó 9 h.

Cuando Denton Cooley, el más famoso de los cirujanos cardiovasculares norteamericanos, hizo su primer trasplante cardíaco en humano, tardó sólo 90 minutos. Pero eso lo supieron exclusivamente sus colegas, y dejó una numerosa descendencia de cirujanos cardiovasculares, lo que no hizo Barnard.

Pero lo peor que hizo Barnard fue ocultar durante toda su vida, que su mano derecha como cirujano fue un humilde negro que entró a trabajar de jardinero en el Hospital Groote Schuur y que luego de una serie de peripecias terminó integrando el equipo quirúrgico del famoso cirujano en calidad de primer ayudante, e, incluso fue el que realizó la extracción del corazón del donante y se lo entregó a Barnard para su colocación en el receptor. Se llamaba Hamilton Naki y nunca tuvo título de médico porque los negros no podían estudiar. Formó a miles de cirujanos y recibió honores recién al final de su vida y mucho después de la muerte de Barnard.

Al fondo, Barnard. Con barbijo, Naki, el "jardinero".

Al fondo, Barnard. Con barbijo, Naki, el "jardinero".

Barnard se endiosó al día siguiente de su famosa operación, encargándose de que el mundo entero lo supiese, aun cuando estaba en el inicio de un posoperatorio plagado de peligros

Al endiosarse, sus ayudantes pasaron inmediatamente a ser feligreses, cuya misión principal era adorarlo, sin que él se ocupara de nombrarlos a pesar de que sin ellos nada hubiera podido hacer.

En Mendoza también los hay y uno los detecta porque hablan en primera persona del singular, no vaya a ser que si utiliza la primera del plural, le arrebaten parte de la fama y de los honorarios. Son muy buenos cirujanos, pero no son médicos sino mercaderes de la medicina.

La enfermedad del endiosamiento no es privativo de los médicos, también lo padecen los que manejan alta tecnología, en especial cuando reditúa ganancias, y es cuando aparecen en la página frontal de los diarios, a los cuales ellos mismos informaron de su logro y además con la infaltable foto.

Se llega al colmo de anunciar proyectos a largo plazo, de resultados inciertos por cuanto se trata de futuro, y aun cuando sea predecible, nunca es exacto

Cuando Flemming estaba trabajando para finalmente descubrir la penicilina, nunca lo dijo, no sólo, tampoco cuando lo logró, sino que presentó sus resultados ante la Academia de Ciencias para ser evaluado por sus pares, quienes una vez dado el visto bueno fueron los que lo hicieron público. Pasteur, Koch, Madame Curie, Favaloro entre otros hicieron lo mismo.

Todo lo ut supra relatado tuvo un disparador característicamente argentino, y a mi juicio lamentable porque empaña una carrera que desde ya considero brillante, pero que no pudo sustraerse el gestor a la tentación de lo mediático.

Favaloro.

Favaloro.

Efectivamente, hace pocos días atrás apareció una nota periodística destacada que rezaba:

"CIENTÍFICO MENDOCINO RECIBE ABULTADA DONACIÓN PARA ESTUDIOS SOBRE PARKINSON".

Se trata de Federico Soria oriundo de Mendoza y egresado de la Universidad de San Luis en la carrera de Biología. Luego de diferentes estadías en centros prestigiados de Europa en el campo de las neuro ciencias, integra actualmente un equipo de trabajo que en la Universidad del País Vasco.

Por cierto la nota incluía la foto de Soria de considerable tamaño; algo pasó por cuanto la nota daba la idea que la donación la recibía él; cuando aparece una segunda nota en la que figura Soria junto a un noruego que resulta ser el jefe de equipo y todos bajo la égida de un tercero que es el director de la institución y en definitiva quien manejará los fondos, provenientes de una fundación norteamericana para estudio del Parkinson. El proyecto es a tres años y aún no empieza, pero lo mediático está en marcha.

Supongo que la aparición de Soria en los diarios como destinatario del dinero y la no inclusión del investigador noruego en la foto, luego corregida mostrando a ambos, tocó algunas sensibilidades que hicieron surgir la verdad.

En la Revista Científica Research del 27/10/2021 figura un artículo que menciona a JAN TØNNESEN, como leader de grupo en el Achucaro Basque Center para la neurociencia en la Universidad dependiente de la del país vasco, y reza así:

"Un consorcio del que forman parte dos investigadores de la UPV/EHU y ACHUCARRO recibe 11 millones de dólares para abordar la enfermedad de Parkinson".

Los investigadores del centro Achucarro, Jan Tønnesen y Federico N. Soria.

Los investigadores del centro Achucarro, Jan Tønnesen y Federico N. Soria.

Creo que Federico Soria es un hombre de gran valor científico, pero se olvidó de los detalles mencionados y por sobre todo empezó a hablar antes de hacer el primer movimiento de una partida que durará 3 años.

El exitismo argentino es un mal que daña a los verdaderos merecedores de elogios por que la gente empieza a dudar de todos y con razón.

.Los verdaderos grandes de la ciencia, cuando accedieron a que sus logros llegaran al gran público hablaban en pasado y por lo general en plural de primera persona HEMOS, por cuanto ya era cosa realizada y resultado del trabajo conjunto de muchas personas, de ahí el plural.

Nosotros hablamos en futuro: HAREMOS; verbigracia el Tren Bala, Los Vuelos Espaciales, la depuración del RIACHUELO hasta hacer que sus aguas sean potables (Yo misma me bañaré en él y tomaré de sus aguas CFK) y la vacuna contra el coronavirus en un esfuerzo conjunto del Instituto Malbrán y el Conicet (Alberto Fernández al comienzo de loa pandemia).

¿Se acuerdan de nuestro viejo y querido San Martín cuando le inculcó a su hija Merceditas

"HABLA POCO Y LO PRECISO"?

Sería muy bueno seguir aplicándolo

Eduardo Atilio Da Viá




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