La revolución traicionada (crónicas oscuras)

Discutir hoy qué significan las izquierdas y las derechas políticas no es una cuestión de distinguir dos bandos como en la original circunstancia de la revolución francesa donde surgieron. Es cuestión de advertir los matices que han ido surgiendo durante los dos siglos subsiguientes.

Isabel Bohorquez

Discutir hoy qué significan las izquierdas y las derechas políticas no es solo una cuestión de distinguir dos bandos como en la original circunstancia de la revolución francesa donde surgieron, sino -principalmente- es cuestión de advertir los matices que han ido surgiendo durante los dos siglos subsiguientes y que necesariamente nos llevan -inclusive- a cuestionarnos si tiene sentido que el mundo siga usando esa distinción y si no es tiempo ya de pensar la política de otra manera.

Por ello, pretendo abordar varios aspectos que no se agotarán en este texto.

En primer lugar, la traición. El proceso por el cual las revoluciones se volvieron lo contrario a lo proclamado.

En segundo lugar, la brújula. El proceso por el cual tanto las izquierdas como las derechas modificaron sus ejes ideológicos y sus objetivos. ¿El socialismo dónde se ubica en ese proceso de cambio?

En tercer lugar, el destino. ¿Cómo les fue a las sociedades según las gobierne la izquierda o la derecha?

En cuarto lugar, el horizonte. ¿Hacia dónde va el mundo?

¿La traición como mecanismo intrínseco de las revoluciones?

En principio -y el título de este artículo lo intenta reflejar- los mismos mentores del posicionamiento de izquierda que luego se abocaron a la construcción teórica del socialismo con derivaciones al comunismo como una sociedad de igualdad absoluta, sin clases, se encontraron en muchos casos con la paradoja de la traición a los mismos principios que dieron forma a sus ideas políticas.

León Trotsky fue uno de esos decepcionados, luego perseguido y ejecutado por la misma revolución en la que desempeñó un rol sumamente importante para lo que luego fue el imperio de la Unión Soviética.

Trotsky creía en la internacionalización de la izquierda (su expansión a nivel mundial) y en la revolución permanente, fue un teórico marxista, político y revolucionario soviético, clave en la Revolución de Octubre de 1917 (que derrocó a los zares), fue el principal organizador y dirigente militar del Comité Militar Revolucionario, encargado de ejecutar el levantamiento armado en Petrogrado (San Petersburgo) y posteriormente creó el famoso Ejército Rojo, entre otros roles fundamentales para la revolución bolchevique.

En ese entonces -principios del siglo XX- los revolucionarios rusos se dividían entre mencheviques, facción a la que Trotsky perteneció en un principio y bolcheviques. Los primeros eran más moderados, querían una revolución burguesa y establecer una democracia representativa; mientras que los bolcheviques eran radicales, apoyaban la dictadura del proletariado y la alianza entre campesinos y trabajadores. Los bolcheviques finalmente se convirtieron en el Partido Comunista de la Unión Soviética. Los bolcheviques, o rojos, llegaron al poder en Rusia durante la fase de la Revolución de Octubre de 1917 y fundaron la República Socialista Federativa Soviética de Rusia (RSFSR).

Su nieto Esteban Volkov, lo define así:

"La Revolución Traicionada fue escrita por León Trotsky en 1936, poco antes de la sangrienta y monstruosa farsa de los procesos de Moscú orquestados por José Stalin, y el propio asesinato del autor en México el 20 de agosto de 1940. (...) La Revolución Traicionada es una clara muestra de la lucha sin cuartel que libró León Trotsky hasta su muerte contra la dictadura burocrática estalinista, tratando de salvar la esencia y postulados de la Revolución de Octubre contra las falsificaciones y traiciones a la misma por José Stalin y su camarilla. (...) León Trotsky hace más de medio siglo vaticinó el inexorable colapso histórico del anacrónico e injusto régimen estalinista, nos describe la Unión Soviética como una sociedad contradictoria, a medio camino entre el capitalismo y el socialismo, y entrevé dos opciones en el desarrollo futuro: un retorno al capitalismo si la relación de fuerzas es desfavorable a la clase obrera y un avance hacia el auténtico socialismo si la clase obrera reconquista el poder."

No habían pasado ni 20 años de la revolución y uno de sus hacedores más destacados ya estaba arrepentido, así que advirtió que el proceso revolucionario había decantado en una dictadura cruel y opresiva que sometía y asesinaba al mismo pueblo que había pretendido defender, coronando a un líder (primero fue Lenin, luego Stalin) aún peor que el zar que habían derrocado y constituyendo una nueva casta (la burocracia estatal) a la que un pequeño grupo privilegiado podía pertenecer gozando de riquezas y lujos, mientras el pueblo entraba en una nueva espiral de opresión de la que aún hoy no ha logrado salir totalmente (con las derivas hacia una derecha extrema que ha tenido el régimen liderado actualmente -y por más de 20 años- por Putin en Rusia con una clara evocación del imperialismo soviético)

Esta advertencia es necesaria y tiene vigencia.

Hemos visto a lo largo del siglo XX y el actual, cómo tantas revoluciones que prometieron libertad, justicia e igualdad se convirtieron en una masacre posterior y dieron lugar a un régimen autoritario, opresivo, que se asumieron como la casta imperante y todopoderosa.

Irán es un ejemplo patente. El primer ayatolá Komenei llegó al poder tras la revolución de 1979 de la mano de los ideólogos de izquierda (que luego él ejecutó o persiguió), con la inspiración de Michel Foucault que hablaba de la revolución del espíritu (también se arrepintió, pero viviendo lejos en Francia) y luego se constituyó en un régimen aún mucho más tirano que el anterior del sha (realeza).

La lista de países es muy larga, pero merecen figurar al menos brevemente para dimensionar lo que ha significado para la vida de millones de personas que una revolución traicionara su propósito.

En Europa, el socialismo no fue, en su mayoría, una elección interna espontánea, sino una imposición geopolítica tras la Segunda Guerra Mundial. Los que no estaban dentro de la Unión Soviética, en casi todos los casos, se convirtieron en estados satélites de la URSS tras la ocupación del Ejército Rojo. Siguieron el estalinismo puro: colectivización agraria, industrialización pesada y eliminación de la propiedad privada. Se mantuvieron mediante el Pacto de Varsovia. Si un país intentaba rebelarse (Hungría 1956 o Checoslovaquia 1968), la URSS intervenía militarmente. El bloque colapsó casi en su totalidad en 1989 con la caída del Muro de Berlín, dando paso a democracias liberales.

EUROPA Y EURASIA (23 que actualmente son 28 Estados, 15 incluidos en la URSS): Rusia, Ucrania, Bielorrusia, Estonia, Letonia, Lituania, Georgia, Armenia, Azerbaiyán, Moldavia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán, Uzbekistán.

Satélites (Pacto de Varsovia): Polonia, Alemania Oriental, Checoslovaquia, Hungría, Rumania, Bulgaria.

No alineados a Moscú: Yugoslavia, Albania.

La revolución traicionada (crónicas oscuras)

En Asia, el socialismo marxista-leninista se adaptó a las sociedades rurales y se fusionó con un fuerte nacionalismo. Surgió de guerrillas campesinas que luchaban contra potencias coloniales (Francia, Japón, EE. UU.) o regímenes feudales. Luego derivaron a dinastías o partidos únicos.

ASIA (8 Estados) China, Corea del Norte, Vietnam, Laos, Mongolia, Afganistán, Camboya, Yemen del Sur.

La revolución traicionada (crónicas oscuras)

En África, muchos de estos regímenes surgieron de guerras de liberación nacional donde adoptaron el marxismo-leninismo para recibir apoyo de la URSS en sus luchas por la independencia, se caracterizaron por la nacionalización de recursos naturales y una fuerte presencia militar en el gobierno, pero terminaron como dictaduras militares o personales.

ÁFRICA (14 Estados) Etiopía, Angola, Mozambique, Benín, Congo-Brazzaville, Somalia, Madagascar, Guinea-Bissau, Cabo Verde, Argelia, Libia, Guinea, Guinea Bissau, Seychelles.

La revolución traicionada (crónicas oscuras)

En América los regímenes surgieron de movimientos de liberación nacional o guerrillas internas que se alinearon con el marxismo y que tuvieron respaldo de la URSS.

AMÉRICA (4 Estados) Cuba, Nicaragua, Venezuela, Granada.

La revolución traicionada (crónicas oscuras)

Aunque su lectura completa pueda ser un desafío desalentador, vale ya el hecho de visualizar el elenco de países de Europa, Asia, África y América que atravesaron por regímenes socialistas marxistas-leninistas que derivaron en totalitarismos o dictaduras dinásticas.

La revolución traicionada (crónicas oscuras)

El mapa de la expansión soviética (lo rojo y sus gamas) y su influencia intercontinental es impresionante. Su declive comenzó a inicios de los '90, por lo que es una historia aún muy reciente. ¡Cómo no va a añorar Putin volver a ser un imperio!

La internacionalización de la izquierda (sueño de los primeros socialistas) fue un éxito, no así la consecución de sus objetivos teóricos. Pienso en cada país, que es también la historia de sus sociedades, la biografía de las personas, sus familias, sus sufrimientos, sus proyectos y cómo esos regímenes se volvieron parte de sus pesadillas...

Hasta aquí la crónica sucinta de la traición que sencillamente está descripta en fechas, nombres y algunas condiciones que precipitaron revoluciones en tantas partes del mundo bajo una misma bandera: la liberación de los pueblos contra el enemigo opresor, la justicia social, la igualdad social y el fin de la pobreza al distribuir la riqueza que debía pasar a manos de un Estado que todo lo controlara y así asegurara su realización.

Con el fin de la propiedad privada parecía resolverse uno de los grandes obstáculos para concretar el sueño de la izquierda; y ya en términos del socialismo marxista, con la dictadura del proletariado se podían gobernar las naciones en las condiciones necesarias para que se acabaran todas las desigualdades. Una sociedad sin clases decía Marx, era una sociedad de iguales (pero gobernada bajo sus preceptos).

El uso de la fuerza ha sido siempre indispensable en estos procesos y por eso las revoluciones han sido violentas y cruentas: eliminar a los enemigos de la causa, a los poderosos opresores (reyes, zares, líderes opositores), apropiarse de las fuentes de producción que permitan generar riqueza (expropiar o nacionalizar tierras, petróleo, fábricas, etc.), liquidar la propiedad privada para asegurar la igualdad (intervencionismo absoluto del Estado: vivienda, ropa, comida, etc.) y controlar a las sociedades para que asuman su rol en la historia de acuerdo al credo socialista marxista que es por definición ateo pero se constituye como un dogma supremo (control político unipartidista sin disenso, sin libertades civiles individuales ni libertad de expresión).

Lo curioso de este fenómeno es que la extrema derecha hace exactamente lo mismo.

Bajo otros preceptos y con otros matices, pero terminan en la misma óptica de control y de menoscabo hacia las libertades civiles e individuales. En análisis político se le suele llamar teoría de la herradura. De hecho, muchos procesos que comenzaron ubicándose a la izquierda por conveniencia logística, luego se ubicaron en su genuino lugar: la extrema derecha (el partido nacionalsocialista obrero alemán de Hitler, por ejemplo).

Una cuestión sin dudas es verdad: el mundo estaba mal cuando surgió la izquierda (y su contraparte la derecha).

Eran muy lícitas y genuinas las intenciones de cambiar un sistema de poder (monarquías) que cometían abusos de autoridad y que sostenían un esquema de desigualdad entre ricos y pobres, donde las franjas de pobreza eran enormes y los ricos, la minoría privilegiada por su condición naturalizada: nacían ricos o alcanzaban su membresía vitalicia de ricos (nobles, alto clero).

El cambio de paradigma de súbdito a ciudadano fue un fin noble y legítimo. Esta noción fue, a mi entender, el giro copernicano en la visión política del mundo. Junto con ese cambio, vino la noción de derechos civiles (y deberes) desde una igualdad real.

Francia le dio al mundo occidental, en ese sentido, el germen de la más profunda revolución cultural y social que aún estamos transitando.

Por otro lado, la revolución industrial del siglo XIX acentuó las condiciones que encendieron los ánimos para avanzar sobre esta nueva mirada de la organización social. La distribución de la riqueza estuvo desde el comienzo en el seno de la disputa.

Sin embargo, la traición anidó en su cuna.

Robespierre (el primer líder de la revolución francesa) implantó un régimen de terror y aniquiló incluso a sus propios aliados. Llevó el concepto de República a un status que incluso superó la monarquía absolutista contra la que luchaba. Y la gente pobre siguió siendo pobre y oprimida, por un régimen que proclamaba su defensa, y encima la pasaba por la guillotina si se oponía. Todos podían ser el enemigo de la república llegado el caso.

Tanto fue así, que entre idas y vueltas a la monarquía (por decirlo de un modo extremadamente somero), Napoleón cobró protagonismo y culminó siendo él un emperador con gran apoyo popular, por cierto. Su ascenso marca el fin de la Revolución Francesa y el inicio de una nueva era.

Napoleón adoptó una postura centrista o autoritaria de unidad, buscando la estabilidad nacional por encima de la ideología. Él entendió que Francia estaba agotada de la guillotina de los jacobinos (izquierda) y de la nostalgia de los aristócratas (derecha). Su lema fue: "Ni tacones rojos (nobles), ni gorros rojos (jacobinos)".

Napoleón fue un "hijo de la Revolución" que terminó coronándose Emperador. Al igual que algunos líderes modernos, él argumentaba que, para salvar los logros de la libertad, era necesario un poder fuerte y personalista que pusiera orden en el caos. Ese bonapartismo sucede cuando un líder usa su carisma y el apoyo popular para bypassear (saltarse) los contrapesos democráticos, argumentando que él representa la "voluntad del pueblo" mejor que cualquier parlamento.

La vigencia de ese fenómeno político es abrumadora....

Finalmente, la traición fue desde un comienzo, una especie de Saturno devorando a sus hijos. Y la izquierda actual -que aún cree férreamente en el esquema marxista de intervencionismo del estado, de liquidación de la propiedad privada y de control social y político- debería hacerse cargo de una profunda autocrítica al respecto.

Las revoluciones que atravesaron a millones de personas y que terminaron en regímenes autoritarios y crueles para la vida cotidiana de la gente, sus hogares, sus familias, desconocieron (o quizá no tanto) que los mismos mecanismos de poder que los posicionaba en nombre de la liberación eran intrínsecamente opresivos. Muchos buenos revolucionaron bebieron de su propio veneno. Otros se cambiaron de bando o tomaron un rumbo por interés propio.

La traición fue el sello de cada uno de esos derroteros.

Nos queda aún por indagar la brújula, el destino y el horizonte. Y reflexionar sobre la derecha por supuesto, así como también sobre las alternativas de socialismos que aún persisten y que han propuesto una tercera vía.

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