Juegos inclusivos, psicomotricidad y prevención

José Jorge Chade trae a discusión el trabajo de muchos grandes especialistas que promueven la presencia de juegos inclusivos en espacios en común de recreación.

José Jorge Chade
Presidente de la Fundación Bologna Mendoza

Sabemos que prevención significa: "Acción encaminada a evitar que se produzcan o propaguen hechos no deseados o nocivos."

Sabemos que todo hombre es una "molécula orgánica", una molécula gigante y compleja, en el verdadero sentido que la química le da a estas palabras, es decir, grupos de átomos unidos entre sí, de tal manera que cada uno de ellos es necesario para la existencia normal del grupo. De estos hechos resulta la complejidad, originalidad y fragilidad de todo ser humano. Estas características implican que no sólo es necesario que uno de sus elementos o uno de los órganos de un cuerpo vivo sea destruido o amenazado, sino que bastaría que un átomo sufriera o se viera amenazado para que todo el conjunto de átomos se destruya. sufrir y ser amenazado.

Las consecuencias de estos hechos son grandes.

Es así como la unidad orgánica del ser vivo demuestra los vínculos, hasta ahora a veces ignorados por malentendidos, que existen entre el cuerpo y la psique.

Los neuropsiquiatras saben que "todo trastorno intelectual del niño está asociado a trastornos motores y que la expresión psíquica de cada trastorno mental está siempre asociada a manifestaciones motoras".

También sabemos, considerando los trabajos de Wallon, Andrè Thomas y Ajuriaguerra, cuánto la actividad motriz está ligada al tono y éste luego a la afectividad del sujeto. Las perturbaciones relacionales, las situaciones traumatizantes perturban gravemente las posibilidades de expresión y realización.

Es en la validez de esto en lo que nos basamos para afirmar la validez de la prevención en la educación psicomotriz.

Debemos recordar que existe solidaridad entre el desarrollo motor, emocional e intelectual.

Una perturbación en una de estas grandes funciones, principalmente en la esfera afectiva -que estimula la personalidad profunda- y en la esfera motriz -que nos permite objetivar la conducta-, provocaría alteraciones a distintos niveles. Por lo tanto podemos hablar de educación psicoafectiva-motora o psico-neuro-motora.

Desde un punto de vista neurológico, cabe señalar que la adquisición de un lenguaje correcto también depende, al principio, del desarrollo motor del niño.

Le Boulch afirma que el dominio del propio cuerpo favorece el dominio del comportamiento; la tarea de la psicomotricidad es hacer que el sujeto tome conciencia de sus potencialidades y limitaciones, abrirlo a la comunicación con el otro, permitiéndole reconocer su propio cuerpo, desarrollando sus habilidades expresivas.

A través del movimiento, no sólo es necesario ofrecer el correcto funcionamiento de órganos y sistemas, sino asegurar la estructuración de la autoimagen necesaria para establecer toda dinámica relacional.

Durante la primera infancia, la motricidad y el psiquismo están íntimamente ligados, de hecho, a través del juego, la educación del niño es global y basada en la experiencia. En la medida en que el niño tenga el uso de su propio cuerpo, podrá aprender los elementos del mundo que le rodea y establecer relaciones entre ellos, y desarrollar su inteligencia. El niño establece una relación sensorial y motora con el entorno.

La percepción indica el proceso a través del cual el sujeto descubre, reconoce, interpreta los estímulos provenientes de los canales sensoriales, de su cuerpo.

No podemos olvidar todos los tipos modernos de contaminación ambiental (aire, agua, etc.), inestabilidad familiar, estrés generalizado, etc., que transforman el entorno del niño en un continuo estado de ansiedad e inseguridad.

La sociedad debe reaccionar de forma inmediata para poder controlar las situaciones de minusvalía en las que se puede encontrar el niño para poder desarrollar adecuadamente sus procesos de aprendizaje. De alguna manera debemos seguir insistiendo en la vital importancia de este tema.

La psicomotricidad es prevención. Para prevenir hay que saber predecir.

Quienes formamos parte de las profesiones de ayuda debemos saber prever. En la relación de ayuda, la predicción es muy importante y delicada. María Montessori argumentó que cualquier ayuda innecesaria es un obstáculo para el desarrollo. Es una frase problemática ya que muchas situaciones se entienden solo después de haberlas vivido y parece realmente difícil en una relación de ayuda saber de antemano qué es útil y qué es inútil.

María Montessori pensó ciertamente en el empeño de quien educa en predecir y, por tanto, en darse cuenta de que la ayuda, excesivamente facilitadora para el otro, se convierte en un impedimento para el desarrollo, no permite practicar para que exista el desarrollo.

En todas las relaciones de ayuda que tienen alguna referencia a la rehabilitación o la educación, -especialmente para aquellos con necesidades y requerimientos especiales-, la mayor dificultad consiste en establecer cuándo la ayuda se convierte en un sustituto del otro, y por tanto en un impedimento para el desarrollo del otro.

La ayuda inadecuada no permite el desarrollo de las habilidades propias del sujeto. Un buen educador, rehabilitador, sabe controlar su ayuda para permitir el desarrollo de un esfuerzo; sabe distinguir el esfuerzo que provoca fatiga del esfuerzo que causa sufrimiento: no deseamos el sufrimiento del otro, pero si se admite la fatiga.

La prevención psicomotriz puede significar no borrar la psicomotricidad innata de todos, niños o adultos. Todos estamos convencidos de que el cariño es uno de los elementos fundamentales para quien crece. También somos capaces de notar - no siempre - cuando el afecto lleva a la exageración: se vuelve casi molesto observar el comportamiento de ciertos adultos, hombres o mujeres, hacia niños que podrían proponerse como protagonistas de acciones y se ven obligados a someterse a la intervención - ciertamente muy cariñosos - de esos adultos.

Los niños y niñas están organizados. Sus juegos, sus movimientos, sus descubrimientos están organizados y no tienen tiempo ni para aburrirse y quizás, en ese aburrimiento, descubrir la necesidad de ser inventores.

La Fundaciòn Bologna Mendoza ha validado pedagógicamente los juegos al convertirlos en un verdadero espacio de psicomotricidad, no solo física sino emocional, donde pueden activar relaciones, posiciones en el grupo, haciendo de los lugares de Juegos una herramienta para tomar más conciencia de sus defensas, de sus miedos, de la resistencia de cada uno hacia sí mismo y hacia los demás.

Todo esto nos hace entender que jugar al aire libre, por ejemplo, tiene una dimensión creativa y esto te facilita descubrir tu propia originalidad, recursos que ya conocías o no habías tenido la primera oportunidad de aflorar.

Ante una desventaja, y no sólo eso, el determinante sociocultural y en consecuencia el determinante psicológico individual condicionan a la persona ya desde la primera infancia en mayor o menor grado favorece la toma de conciencia de los adultos.

Aquí aparece la típica frase "no puede" o "esto no es para ti" privando al niño de la oportunidad de experimentar y aprender. Existe el riesgo de poner a las personas en categorías, de categorizar.

Un parque, una plaza siempre deja abierta la posibilidad de ir más allá de lo convencional, de lo ya conocido para descubrir formas diferentes, más dinámicas, de expresarse, de desarrollar una relación, es por esto que se necesita re pensar las propuestas de juegos de nuestros parques y plazas ciudadanas.

Hemos visto niños que, mientras jugaban en el parque, hacían cosas, a veces, que no imaginábamos que fueran capaces de hacer. El juego libre con juegos que desarrollan habilidades evolutivas ha permitido superar, por tanto, se han superado acciones de análisis-síntesis; atención-memoria; figura-fondo, etc. ¿porque? Porque el patio de recreo era su espacio y se dejaba desarrollar su originalidad, ese era el espacio donde se reconocía su desempeño.

La diversidad individual adquiere sentido, valor. No es la afirmación de alguien que tiene más, que puede más, que tiene el poder de definir al otro, sino que es expresión de la riqueza psicomotriz y creativa de cada uno.

En este sentido, se debe mirar la dimensión de la corporeidad, la psicomotricidad, la educación, la reeducación y todo el proceso de inclusión educativa y social.

De hecho, cada uno de nosotros regula nuestro comportamiento sobre la imagen que de nosotros mismos nos hemos hecho en el transcurso de nuestra existencia. Cada individuo cree que su propia forma de hablar, de andar, de comportarse sea la única posible, que es característica, inmutable, cada uno cree que nació con ese conjunto específico de posibilidades expresivas. De manera similar, a uno se le hace creer que su juicio sobre las relaciones espaciales es innato. Estas son, en realidad sòlo configuraciones habituales que están impresas en el sistema nervioso que reacciona a la estimulación externa, precisamente a través de esta configuración conocida. En realidad, por lo tanto, casi todo se debe a la costumbre, adquirida a través de un largo aprendizaje, así como uno aprende a empezar a hablar en función del contexto y el lugar de nacimiento. En su método "conocerse a uno mismo a través del movimiento" Moshe Feldenkrais nota continuamente cómo el movimiento está condicionado por el hábito.

"El ser humano mantiene un apego particularmente profundo a sus hábitos motores desde el día en que los creó. Siendo una especie de sustituto de los instintos desaparecidos. Los hábitos de una persona se establecen sobre la base de las experiencias que tiene y que le son más queridas. Los seres humanos se apoyan en las muletas de sus hábitos motores como si éstos fueran colectivos que se han puesto a disposición de toda la especie. R. Alon, Guía Práctica del Método Feldenkrais, Ed. Red, Como, 1992, p.54)

La prevención psicomotora es invención, descubrimiento, no es el encuentro con un elemento nunca antes visto, sino que es descubrir la novedad en lo que está bajo tus ojos. Para Bachelard la invención está en la lectura de un espacio que no cambia, sino que se interpreta de otra manera, y por tanto en fructífera relación con lo externo al sujeto. El sujeto no perturba la realidad exterior, sino que la interpreta, y al interpretarla actúa.

Con respecto a un niño que crece, la contemplación no es posible: es necesario actuar. Un niño muy pequeño no tiene la oportunidad de comer, lavarse, ir a dormir, pero hay que ayudarlo a hacer todo esto, y al mismo tiempo crece e implementa actividades que, día tras día, le quitan espacio a la ayuda. .

La psicomotricidad, por ejemplo, la que ofrecen los Parques y Plazas Inclusivas, es prevención sobre todo en aquellos niños y niñas que tienen limitaciones.

Deben poder salir de su imagen única que siempre corre el riesgo de ser la prisión del estereotipo y poder desempeñar múltiples roles. Jugar significa transgredir, romper con las convenciones posibles, inventar algo y quizás descubrir nuevas reglas. La belleza de los juegos es que combinan la posibilidad de transgresión y el respeto por las reglas. Parecen dos elementos antitéticos: si hay uno, no hay otro, y en cambio, para jugar bien, hay que saber inventar la transgresión y también descubrir la fuerza y la utilidad de las reglas, de lo contrario no habrà diversiòn.

Las propuestas que ofrece el juego al aire libre deben interpretarse sobre todo a la luz de la función y el papel determinante del adulto ("educador, operador, maestro, padres) en términos de tranquilidad, apoyo, facilitación, que no significa sustituir al niño , sino hacerlo consciente y creador de su propio potencial. Lo importante es lograr que el niño o joven, en situación de desventaja o no, se apropie de nuevas experiencias, nuevas experiencias a nivel físico y emocional, y pueda reelaborarlas como y cuando quiera, garantizándole riesgo y seguridad, haciéndole pregustar la felicidad que derivará inmediatamente después, llevándolo a vivir todo el tiempo de juego que le espera.

Cuando un niño o una niña es excluido de un juego por su desventaja, su inseguridad, su diferencia, se priva de una fuente de relación y de formación a la que tiene derecho, y esto también puede afectar a su desarrollo emocional y psicológico y a su proceso de maduración.

La Fundación Bologna Mendoza fue llamada a organizar juegos de plazas y parques en varios municipios italianos, para que fueran creativos y lograran captar la originalidad individual, en la base de esto encontramos la aplicación de la actividad lúdica como apoyo preventivo, siguiendo las características del desarrollo psicomotor y psicosensopercitivo, que es, esquema corporal; figura-fondo; atención y memoria; análisis-síntesis; espacio-tiempo y pensamiento. Sin embargo, debe preverse antes de cada propuesta de juego que todos los niños puedan asumir cualquier rol.

Desempeñar múltiples roles significa tener una pluralidad de funciones y, por lo tanto, aprender. Aprende por qué al pasar de un punto de vista a otro, puedes entender cómo funciona un mundo, cómo funciona una vida; es evidente para mí, pero esta evidencia no siempre es clara para todos, y por lo tanto no siempre se puede participar con tanta tranquilidad, y ahí es donde cambia la interpretación del aprendizaje. Ya no es una fase, la banda del colegio, la fase escolar, sino que es un estilo de vida. Y luego aprender a jugar más roles significa poder prever, tener un patrón de aprendizaje para la vida.


BIBLIOGRAFÍA

CÁNEVARO, A.; CHIEREGATTI, A. El informe de la ayuda, Carocci, Roma 1999.

CHADE, J.; TEMPORINI, A.; 110 Juegos para reducir handicap, Erickson, Trento 2000

CHADE José Jorge; El lenguaje del niño, Erickson, Trento 2004.

WINNICOTT D.W.; Juego y realidad, Armando, Roma 1974.

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