La Argentina es mejor cuando sus representantes votan sin órdenes partidarias

La sanción de la Interrupción Voluntaria del Embarazo mostró cómo vota el espectro político fuera de la bajada de línea de sus partidos. Tendríamos mejores leyes y mejores políticos si eso sucediera habitualmente.

El ejercicio de la democracia en todo su esplender se pudo ver en la Argentina cuando se votó la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), porque más allá de la discusión del tema en particular y toda su implicancia en la salud pública, fue el único momento en mucho tiempo -o que yo tenga memoria- en que los representantes del pueblo votan pensando en lo que creen mejor para el pueblo y no con una bajada de línea partidaria.

Si repasamos la votación nos encontramos con voces a favor y en contra cuyos argumentos son particulares y no dependen de la alianza política a la que pertenecen. Eso, hizo que -para un importante número de personas- la Argentina fuera un mejor país porque se garantizaron derechos para las mujeres. Claramente mientras más derechos existan en un país es mejor para sus habitantes.

Ahora, la duda que surge es qué tipo de país tendríamos si esa libertad que tuvieron los legisladores para la votación de la IVE la tuvieran para otros temas, como -por ejemplo- el que se estaba tratando de forma paralela en la Cámara de Diputados. A poca distancia se vivía el otro extremos, las bajadas de líneas partidarias se veían en todo su esplendor durante la votación de la fórmula de movilidad jubilatoria.

¿En un escenario de "libertad" cuántos legisladores no habrían votado a favor o en contra del ajuste a los jubilados? Eso, también corre para el caso de la anterior reforma, la de las piedras en el Congreso, porque en esa oportunidad también se vieron los movimientos en bloques y no los argumentos personales de cada legislador. También corre para decenas de leyes que se aprobaron este año y en otros períodos anteriores que no representaron al pueblo, sino a los fines del partido que les dio un lugar en las listas.

Para nadie es un misterio que gran parte de los legisladores siguen obedientes las órdenes partidarias porque su lugar en las listas es un premio a la militancia o por una designación a dedo de los referentes locales. Por eso, después a la hora de analizar los proyectos no tienen la libertad necesaria para poder oponerse a una decisión que viene desde más arriba y que puede significar problemas para sus carreras políticas.

El tema es cómo lograr que el representante del pueblo tenga la libertad para poder representar realmente al pueblo y no convertirse en un "levanta manos" o en obediente militante. Lo que sí es cierto es que cuando se liberan de las bajadas de línea se pueden conseguir resultados que en el contexto actual no son posibles.

Un país mejor es un país donde todos tengan libertad, especialmente quienes tienen en sus manos las decisiones que pueden marcar el destino de todos sus habitantes.


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