La ausencia del biribiri deseado

Si el discurso del gobernador Rodolfo Suarez dejó "gusto a poco", es porque tampoco hay demasiado que saborear en las actuales circunstancias.

El discurso del gobernador Rodolfo Suarez ante la Legislatura, el segundo en pandemia, fue lo que la tradición indica que debe ser: una enumeración de acciones y la plataforma de lo que se proyecta para adelante. Es verdad que podría cambiarse la metodología para que no sea tan tedioso escuchar ese repaso. Y también lo es que en 15 minutos de conferencia de prensa posterior se saldan gran parte de las deudas que deja el mensaje en sí, junto con el consabido rechazo posterior de la oposición. Folclore, más que nada, en su conjunto.

No hubo grandilocuencias ni tampoco había espacio, clima ni coyuntura para que las haya. De tal modo, "es lo que hay", podríamos decir, con la simpleza y sin rebusques con los que Rodolfo Suarez sorprende a la política malacostumbrada a prometer cosas que no puede hacer, pero cuyos fuegos de artificio siempre entusiasmaron por un ratito a espectadores ávidos de lo que desde estas líneas hemos llamado más de una vez como "biribiri".

Suarez no trazó una luz al final de este túnel oscuro que es vivir y gestionar en pandemia, porque no la ve. Le podríamos reclamar eso, tal vez: que no muestre un horizonte. De hecho, es lo que subrayó la oposición y ofreció ayuda al respecto. Pero eso depende de con qué binoculares se mire la realidad y pareciera ser que son bastante distintos según el rol que le toque a cada uno.

A quiénes les pasó factura Suarez por no valorar su pretendido legado

El gobernador bien podría haber construido castillos en el aire, con tono épico, y a la vez desafiar al futuro con grandes proyectos, pero no lo hizo porque -según cuentan a su alrededor- "no es su tono", no encuentra fuerzas en su personalidad para plantearlo de ese modo y tampoco está en su ánimo entusiasmar a cada sector diciéndole justo lo que quiere escuchar, para recibir aplausos corporativos en el momento que se vayan diluyendo con el paso de los días.

Trae una experiencia opaca que tal vez lo amargue más aun: cuando planteó iniciativas, se las bajaron. Así arrancó su mandato, con el lobby ecologista internacional impidiendo el desarrollo minero y con muchos protagonistas que habían estado a favor de generar una política de Estado dándose vuelta en el aire, en forma oportunista. No solo ajenos, propios (o al menos autodefinidos como "afines") también.

Y pasó con las reformas de la Educación y de la Constitución, en donde quien impulsó esas acciones vio cómo ni siquiera se lo discutieron, sino que directamente los plancharon. Una vez más, no solo desde afuera, sino también desde adentro. Y también hubo quieren dieron giros en el aire para pasar de los apoyos al ostracismo cómplice. Lo dijo Suarez, agitando la línea tranquila de su discurso, cuando insinuó las traiciones, por decirlo en un tono altisonante que no le son propios al mandatario.

El equilibrio entre salud, economía y educación fue el eje del discurso de Suarez

Así las cosas, si es que dejó gusto a poco, posiblemente sea porque no hay mucho que saborear en las actuales circunstancias y, probablemente, el saldo positivo es que no se nos mienta con adornos y promesas que, ya sabemos, han sido parte de la tradición de estos momentos institucionales aburridos, pero necesarios para frenar y ver en dónde estamos parados.

Unos y otros, oficialismo y oposición, han sido fundamentales para permitirle a la sociedad, con sus dichos, ataques y defensas, de qué se trata. Y cada uno sabrá, con sus herramientas, qué conclusiones sacar sobre el momento que se vive en Mendoza.

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