La falacia de acusar a Ramón Carrillo de nazi

"Es un absurdo considerarlo fascista, y más aún nazi. Nunca fue cuestionado ni objetado por el estado de Israel, ni por Pablo Manguel, líder de la Organización Israelita Argentina", sostiene el autor de la nota: el historiador Ignacio Cloppet.

Ignacio Cloppet

La pandemia de COVID-19 que está padeciendo el mundo, ha generado distintas situaciones y también contradicciones de toda índole.

En nuestro país, el presidente adoptó medidas más que acertadas para enfrentarla, reuniéndose de un nutrido y sólido grupo de científicos y epidermiólogos que lo asesoran.

La acción de los científicos, provocó que en muchos medios se recordara y reconociera la figura del primer sanitarista argentino, el Dr. Ramón Carrillo, como pionero de las políticas sanitarias en favor de la salud pública en nuestro país.

La Argentina antes de Perón, era un país desigual, donde los que mandaban vivían muy bien, y la mayoría del pueblo estaba sojuzgado a no tener acceso a los derechos esenciales.

En una nota que escribí para Clarín (30 de marzo de 2020) y para Perfil (18 de mayo de 2020), destaqué que la providencia quiso que en la madrugada del 17 de octubre -cuando Perón llegó al Hospital Militar luego de haber estado confinado 5 días en la Isla Martín García-, conociera al Dr. Ramón Carrillo, otrora jefe del Servicio de Neurocirugía del Hospital Militar. En una admiración mutua, nacida de ese primer encuentro, ese día Perón le dijo al médico: "No puede ser que en este país tengamos un ministerio para las vacas, y no tengamos uno para atender la salud de la gente. ¡Cuidamos más a las vacas que a los pobres!".

Había nacido en Santiago del Estero el 7 de marzo 1906, en el seno de una familia humilde, mayor de once hermanos, fue un excelente alumno en primaria y secundaria. A los 17 años viajó a Buenos Aires, ingresó a la Facultad de Medicina de la UBA, y en 1929 se recibió de médico con Medalla de Oro. Fue neurocirujano, neurobiólogo y médico sanitarista.

Unos años más tarde, en la primera presidencia de Perón, Carrillo se convertía en secretario de Salud Pública y luego, con la reforma Constitucional de 1949, el 11 de marzo de 1949 sería designado como el primer ministro de Salud Pública de la Nación. Un detalle no menor, es que designó como secretario de Salud Pública a su mejor amigo, estrecho colaborador y colega neurobiólogo, el judío religioso Salomón Chichilnisky (1898-1971), que fue el padre de Tamara Chichilnisky de Di Tella. Es importante destacar que Chichilnisky, había curado a Carrillo de una enfermedad en la década del `30, y que como funcionario público vigiló con celo el completamiento de numerosas obras de salud pública que conforman aún hoy el tronco de las prestaciones sanitarias gratuitas de las que dispone el pueblo en nuestra patria.

A la gestión de Carrillo, le debemos la campaña de alimentación brindada a la población en forma integral. También la creación de centros materno infantiles en zonas especialmente elegidas. Durante su gestión, se logró inspeccionar miles de escuelas en todo el país. Promovió los establecimientos dedicados a la educación y cuidado médico de niños físicamente débiles, llamados "hogares escuela". No sólo ello, además creó institutos de rehabilitación especializados en readaptar a personas que sufrieron accidentes de trabajo. Fomentó las losas higiénicas para evitar los contagios de enfermedades parasitarias. Puso en funcionamiento el Instituto de Meteoropatología, que habilitó los hospitales termales de Río Hondo y Carhué. Dispuso a lo largo y ancho de todo el país la planificación y las efectivas campañas sanitarias destinadas a exterminar verdaderas plagas epidémicas. Aparte de las luchas contra la Viruela, Hidatidosis, Anquilostomiasis, Tracoma, Fiebre Amarilla, Brucelosis, Parálisis Infantil, etc. se efectuó una campaña de saneamiento integral de los pueblos originarios.

La propuesta del gobierno nacional de poner su imagen en el billete de 5 mil pesos, es un acto de justicia hacia el padre del sanitarismo en la Argentina, que toma relevancia en los tiempos que vivimos.

A pesar de la tremenda situación, con un confinamiento de casi dos meses, se levantaron algunas voces en contra del Dr. Carrillo, diciendo que no es un buen modelo, y acusándolo de simpatizante del nazismo, de germanófilo, de promover políticas raciales, de acoger a criminales de guerra, y hasta dicen que se sacó una fotografía con Adolfo Hitler.

La verdad es que todas estas acusaciones en su contra, no tienen elementos probatorios indubitables. Son absolutamente falsas. En realidad, desconocen su personalidad y el pensamiento de Carrillo.

Desde niño, recibió su formación religiosa de manos de su madre, quien le inculcó los valores del catecismo y del humanismo cristiano, que los abrazó siempre como una forma de vida práctica, testimonial y confesional.

Carrillo en su juventud estuvo afiliado al Partido Demócrata Nacional, y le tocó participar como representante de Santiago del Estero a la Convención que debía elegir la fórmula Patrón Costas-Iriondo, el 4 de junio de 1943. Si bien esto es cierto, no fue un convecido de la militancia política, y en modo alguno se lo puede identificar como nacionalista católico. Lo cierto es que fue un científico de pura cepa, alejado de los mitines ideológicos y dedicado a la investigación científica.

En 1930, "sobre la base de sus antecedentes, obtuvo la beca universitaria reglamentada por la Ordenanza Butti, para realizar estudios de postgrado en Amsterdam con Ariens Kappers y Brouwer, en París con Guillain, y en Berlín con Vogt; especializándose en neuropatología. Fueron tres años intensos de investigación sobre esclerosis cerebral, polineuritis experimental, mecanismo de las impregnaciones, técnicas de colocación del tejido cerebral y estudios sobre anatomía comparada".

Mayormente estuvo en Amsterdam, pues sólo hizo una visita relámpago a Hamburgo (Alemania) a fines de 1930 para tomar contacto con algunos neurocirujanos de su Universidad. El Dr. Cornelius U. Aiens Kappers, director del Instituto Central de Investigaciones Cerebrales de Amsterdam certificó: "El suscripto declara que el Dr. Ramón Carrillo ha trabajado en este instituto desde septiembre de 1930 a agosto de 1932".

Después en septiembre de 1932 partió a Berlín por un mes, para trabajar junto al profesor Schhuster, director de la Clínica Neurológica del Huffeland Krankerhaus. Luego en octubre de 1932, se dirigió a Suiza como representante argentino del Primer Congreso Internacional de Neurología ,y finalmente llegó a París.

Durante su breve estancia en Berlín, no coincidió con el ascenso de Hitler al poder, ni mucho menos se reunió con él, ni con ningún representante del partido nazi. Por eso resulta algo más que improbable suponer que un jóven becario santiagueño de 26 años, sin ninguna entidad, se hubiera tomado una fotografía con Hitler.

Es probable que en Alemania, haya presenciado algún acto de Adolfo Hitler, como cuenta en sus investigaciones Karina Ramacciotti, sin dar muchas precisiones. Pero estamos hablando de un dirigente alemán en sus inicios políticos y la mayoría de la gente no se podía imaginar como iba a evolucionar a lo largo de los años `30, ni hablar de lo que sucedería durante la 2a Guerra Mundial y mucho más con el Holocausto.

En cuanto a que Carrillo mantenía algunos conceptos biológicos acerca de la "raza argentina", es otro absurdo, pues si hay alguien que provenía de la Argentina profunda, y que se sentía orgulloso por ello, era el mismo "Negro" Carrillo. En una ocasión pasaba con su aumotóvil frente al Jardín Zoológico y le comentó a su acompañante el Dr. Fournery: "No entremos, pues con la cara y aspecto de mono, me encierran en una jaula". Así de simple y sencillo era, que se mofaba de su condición física. En uno de los viajes que hizo a nuestro país Josephine Baker, después de la muerte de Evita, Perón y Carrillo la reciben nuevamente. En ese encuentro fijaron juntos las bases para constituir el primer "Instituto Antirracista Argentino". La afamada actríz negra sugirió que lo nombraran a Perón presidente honorario del "Instituto Internacional Antirracista". En ese encuentro Baker le preguntó al entonces morocho ministro de Salud, Carrillo: "¿Donde están los negros en la Argentina?". El eminente sanitarista le respondió: "En estos momentos solo hay dos, usted y yo". Baker hizo viajes por todo el país; quedó tan agradecida que cuando fue a despedirse de Perón, casi ruborizada le dijo: "Señor presidente le ruego que me diculpe, pero no quiero irme, sin darle un beso en la mano". Años más tarde Perón se refirió sobre este suceso: "Esto me emocionó mucho porque era una mujer humilde, una gran artista, una luchadora, y porque pensé también en esos prejuicios que los negros anidan en su mente cuando se encuentran con los blancos. Era una mujer culta y de exquisita educación".

El objetivo primordial de Carrillo como buen médico, fue priorizar la salud contra la enfermedad, sin caer en el disparate de pensar en la creación de una raza argentina. Decía claramente: "En una sociedad no deben ni pueden existir clases sociales definidas por índices económicos. Lo económico hace en él a su necesidad, no a su dignidad".

Con relación a su actitud hacia los homosexuales, de la que tampoco hay evidencias reales, no se puede decir que era una personalidad homofóbica. En esa época, la postura sobre la homosexualidad, sería justo analizarla en el contexto, pues es anacrónico imponer nuestras ideas del 2020 sobre los años `30, especialmente teniendo en cuenta que esa vetusta mirada sobre la condición sexual de las personas, era moneda corriente también en los EE.UU. y en Europa. Tanto es así, que hasta hace 30 años, la OMS consideraba a la homosexualidad como una enfemedad.

En cuanto a la hipotética vinculación de Carrillo con el médico danés Carl Vaernet, podemos decir, que Vaernet fue internado en 1945 en el campo de prisioneros de Alsgade Skole en Copenhague, Dinamarca. En noviembre fue liberado a causa de una presunta enfermedad y obtuvo de los daneses un salvoconducto para Suecia, desde donde huyó a la Argentina con nombre falso. Se sabe que trabajó bajo el nombre de Carlos, en el ministerio de Salud Pública un par de años, y luego de 1955 en su consultorio particular en la zona de Palermo, hasta su muerte en 1965.

De ahí en sostener que Vaernet colaboró bajo las órdenes directas del ministro Carrillo hay un camino inexistente, pues no existen pruebas de ello, y además tengamos en cuenta que en esa época, era normal la presencia de extranjeros trabajando en distintos ministerios, entre los miles de empleados que prestaban servicios en el estado. A mayor abundamiento, me cuesta creer que Carrillo estaba al tanto de los antecedentes de criminal de guerra de su colega belga. Más aún, tengamos en cuenta, que su mano derecha en el ministerio fue el judío Salomón Chichilnisky.

Como buen católico, es imposible pretender su filiación o admiración por el nazismo, doctrina pagana y esotérica, plagada de errores y condenada por el papa Pío XI en su carta encíclica "Mit brennender Sorge" del 14 de marzo de 1937.

Por lo tanto, es un absurdo considerarlo fascista, y más aún nazi. Nunca fue cuestionado ni objetado por el estado de Israel, ni por Pablo Manguel (líder de la Organización Israelita Argentina), otrora embajador argentino en el Estado de Israel, entre 1949 y 1954, designado por Perón, siendo el primer diplomático latinoamericano en aquel país con ese cargo. Manguel en su momento, hizo protestas contra algunos colaboradores de la Dirección Nacional de Migraciones, pero nunca contra Carrillo.

Con el debido respeto, no entiendo el motivo por el cual se lo está acusando de algo que no fue, a lo que no perteneció y de lo que estuvo absolutamente ajeno, desde su concepción como humanista y cristiano.

Una apostilla es que Carrillo renunció como ministro de Salud Pública el 27 de julio de 1954. Los motivos que lo llevaron a alejarse del poder, fueron principalmente su mala relación con el vicepresidente Alberto Tesaire, sus diferencias con algunos miembros de la Fundación Eva Perón, y la mala relación que el gobierno de Perón comenzó con la Iglesia Católica. Antes de renunciar le escribió a Perón una sentida carta, donde le dice: "... necesito tener este desahogo en su confianza, para que sepa que este viejo amigo suyo, que jamás apareció para las buenas, que aguantó en silencio cuantos ataques injustos se le hicieron, siempre estuvo a su lado en los momentos difíciles, porque amo su obra titánica, porque la he visto nacer y crecer...".

A fines de julio de 1954 viajó a Estados Unidos para tratarse la dolencia que finalmente lo llevaría a la muerte. Sufría de hipertensión arterial maligna, una enfermedad grave y progresiva que le provocaba intensos dolores de cabeza.

Paradójicamente, Carrillo fue un perseguido político. Perón es derrocado y, al igual que a otros funcionarios, la Revolución Libertadora decide la inhabilitación de Carrillo para disponer de sus bienes y lo acusa de enriquecimiento ilícito.

Esa terrible situación de injusticia, donde le confiscan todos sus bienes, lo llevan a sufrir privaciones en Nueva York. Esto lo obliga a dejar EEUU y a trasladarse al norte de Brasil, donde consiguió un puesto de médico, en la compañía minera norteamericana Hannah Mineralization and Co. El 1º de noviembre de 1955 llegó a su nuevo destino, a unos kilómetros de la ciudad de Belem, estado do Pará, en el Amazonas. Desde su llegada a Belem, colaboró ad honorem como médico en el Hospital de la Universidad, Santa Casa de la Misericordia.

En marzo de 1956 se realizó un examen médico por el que se enteró que sólo le quedaban nueve meses de vida. Ese año, la compañía minera levantó el campamento y Carrillo quedó desempleado. Sólo la ayuda económica de su noble amigo y colaborador, Salomón Chichilnisky, le permitió subsistir. El 28 de noviembre de 1956 sufrió un accidente cerebro vascular. Todavía estaba vigente el pedido de captura internacional para su extradición.

Ramón Carrillo, el negro, santiagueño de nacimiento, amigo de Homero Manzi, "el hombre más sabio que conocí", al decir de Perón, murió en el norte de Brasil pobre y enfermo a los 50 años, el 20 de diciembre de 1956.

*Ignacio Cloppet

Miembro de la Academia Argentina de la Historia

Autor de "Perón Íntimo. Historias desconocidas"

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