La inflación y la ineficacia de la política monetaria

Louis-Philippe Rochon es profesor titular de Economía en la Universidad Laurentian; editor jefe de la "Review of Political Economy"; co-director del Instituto de Política Monetaria; fundador y editor de la Review of Keynesian Economics The Monetary Blog.

Louis-Philippe Rochon

No puede negarse que la inflación se ha vuelto un grave problema económico y político, alcanzando casi los dos dígitos en algunos países industrializados. Los canadienses oyen hablar de la inflación, y seguramente lo vemos en los establecimientos comerciales, con muchos teniendo cada vez más dificultades para cubrir sus gastos semanales y mensuales. La pregunta fundamental que debemos hacernos ahora es ¿qué pueden hacer nuestras instituciones para reducir la inflación?

Para responder a esta pregunta, primero debemos entender qué causa la inflación. La mayoría de los economistas van a decirte que la inflación es el resultado de un exceso de demanda o exceso de dinero; la analogía es "hay demasiado dinero a la caza de muy pocos productos". Pero teórica y empíricamente, esto no suele ser así. La idea de que la inflación está basada en la demanda es un mito.

Sin embargo, esta es una historia que resuena profundamente entre muchos de nuestros responsables políticos, incluidos nuestros banqueros centrales. Así se explica las políticas actuales para reducir la inflación y su total dependencia de los cambios en los tipos de interés, sin dejar ningún rol a la política fiscal. De hecho, como se ha visto en los últimos meses en Canadá y en el resto del mundo, los tipos de interés han aumentado drásticamente, incluso un punto entero en Canadá el 13 de Julio. Esto es lo que yo llamo el "predominio de la política monetaria".

Se nos dice que estos cambios acumulativos disuadirán a los consumidores y a las empresas de gastar, lo que a su vez debería aumentar el desempleo (sólo un poco, argumentan) y, por lo tanto, reducir la inflación y dar lugar a un aterrizaje suave de la economía. Esta es la explicación de la inflación basada en la demanda: al restringir la demanda aumentando los tipos de interés, la inflación debería bajar con poco impacto en la actividad económica y los mercados laborales.

Pero el coro de los que dudan de este escenario está creciendo, y muchos economistas advierten ahora del inevitable colapso de la economía y de la recesión que se avecina. Además, algunos señalan, con razón, que unos tipos de interés más altos pueden contribuir a una mayor inflación al aumentar los costos de los préstamos, los cuales se trasladan a los consumidores.

No hay duda de que los tipos de interés eran demasiado bajos y debían volver a cierto nivel "normal", aunque no sé cuál sería ese nivel. Pero dejando de lado esta cuestión, el tema acuciante sigue siendo si la historia anterior se mantiene. En otras palabras, ¿funciona?

La respuesta sencilla es "no", por un sinfín de razones. La forma en que la política monetaria actúa en la economía es más complicada que la simple lógica que presenta la narrativa basada en la demanda, y los bancos centrales obtienen considerables ventajas al enturbiar las aguas y mantener la historia simple. En realidad, la política monetaria es una herramienta sin filo: una o dos subidas de tipos no resolverán el problema de la inflación. Se basa en recurrentes subidas de los tipos de interés, cuyo efecto acumulado es desinflar la economía y crear un desempleo considerable.

Y como demostró recientemente David Macdonald, de forma bastante convincente, el Banco de Canadá nunca ha logrado reducir la inflación sin causar graves dificultades económicas a los trabajadores.

No existe tal cosa como un aterrizaje suave. El resultado siempre es una recesión con pérdida de puestos de trabajo y un alto desempleo. El peso de la lucha contra la inflación siempre ha recaído sobre las espaldas de los trabajadores. Es en este sentido que el uso de la política monetaria para luchar contra la inflación tiene un sesgo de clase: esta historia basada en la demanda se apoya en la noción de que debemos subir los tipos de interés y crear desempleo para bajar la inflación. De hecho, los banqueros centrales parecen estar totalmente dispuestos a sacrificar el sustento de los trabajadores para alcanzar la inflación meta.

Pero ¿es realmente éste el único enfoque? ¿No hay alternativa?

Permítanme ofrecerles una historia diferente. Una relativa a la naturaleza de la inflación, sus causas y sus posibles remedios que no se basa en sacrificar el bienestar de los trabajadores. Tenemos que desplazar la carga de los trabajadores y compartirla con otros actores en la guerra contra la inflación.

En primer lugar, ¿por qué luchar contra la inflación?

Los economistas e investigadores del Banco de Canadá le dirán que es importante luchar contra la inflación por la carga económica que impone a los trabajadores canadienses: el precio de los bienes aumenta y la población no pueden permitirse tanto como antes. La inflación reduce el valor de los bienes (o más bien el dinero que se utiliza para comprarlos) y, por lo tanto, crea inequidades en el consumo, afectando de forma desproporcionada a los trabajadores con menores ingresos. Esto es indudablemente cierto, pero sospecho que la verdadera razón por la que los bancos centrales luchan contra la inflación es más siniestra: luchan contra la inflación en nombre de los canadienses ricos que buscan proteger su riqueza.

En efecto, la inflación también se come el valor real de la riqueza, que a estas tasas puede ser bastante considerable. La mayoría de los canadienses no son "ricos" o al menos están lejos de equipararse, por ejemplo, al "uno por ciento". La lucha contra la inflación protege la riqueza y, en este sentido, sirve a los propósitos de los ricos. En teoría, los bancos centrales pueden ser independientes, pero en realidad dependen bastante de las opiniones de los actores financieros, en gran medida para mantener la credibilidad. Esto nos lleva a la pregunta: ¿a qué intereses sirven realmente los bancos centrales?

En segundo lugar ¿cuál es la causa de la inflación?

Como se ha observado, los bancos centrales creen que la inflación es el resultado de que existe demasiada demanda. La política monetaria se dirige entonces a desinflar el globo de la demanda agregada. Ya he escrito en otro lugar por qué esto simplemente no funciona, principalmente porque la inflación es rara vez el resultado de un exceso de demanda.

Particularmente, este es el caso ahora. La inflación actual es el producto de los aumentos de precios de algunas materias primas resultantes de la guerra y otras catástrofes, o de los cuellos de botella en las cadenas de suministro, o de la falta de chips para los ordenadores y los coches debido al cierre de grandes partes de la economía mundial. Ninguna de estas causas desaparecerá como resultado de la subida de los tipos de interés. ¿Cómo ayuda un aumento de 100 puntos básicos a superar el recorte del petróleo ruso? ¿Cómo resolverán estos aumentos los cuellos de botella y harán que las mercancías vuelvan a circular? ¿Y cómo estos aumentos reabren las fábricas y la economía? La respuesta es que no lo harán, y ciertamente los bancos centrales lo saben y lo han dicho. Pero siguen insistiendo en aumentar los tipos para no perder la fe: los actores financieros esperan que los bancos centrales hagan algo. Así que esto se convierte en un juego de credibilidad. De hecho, se ha acusado a los bancos centrales de ser irresponsables por esperar tanto tiempo para subir los tipos de interés.

Tercero ¿cuál es la verdadera naturaleza de la política monetaria?

Si la inflación está enraizada en el conflicto, también lo está la política monetaria. Tenemos una tendencia a ver los tipos de interés como un costo, un costo de inversión, un costo de producción, un costo de préstamo. Pero son más que eso: también son una fuente de ingresos, un ingreso para los que tienen varios activos, como los bonos, que pagan una rentabilidad. Cuando los tipos de interés suben, también aumenta la rentabilidad de esos activos y, por tanto, es una ganancia para quienes poseen activos.

En este sentido, la política monetaria tiene que ver con la distribución del ingreso: si subes los tipos, aumentas los ingresos de los que poseen activos, al tiempo que generas desempleo, pérdida de puestos de trabajo y de salarios. Esta es la definición misma de conflicto social. Por lo tanto, el verdadero mecanismo de transmisión de la política monetaria pasa por la distribución del ingreso y el conflicto social. Esta es la realidad. Es lo que un economista canadiense ha llamado "la venganza del rentista".

Cuarto ¿qué rol puede tener la política fiscal en combatir la inflación?

Como he indicado anteriormente, sugiero desplazar la carga de la lucha contra la inflación lejos de los trabajadores, o al menos repartirla. A fin de cuentas, ¿por qué esperar que los trabajadores soporten la carga mayor en esta lucha? Además, gran parte de la inflación actual está impulsada por los beneficios, lo que sugiere que las actuales políticas antiinflacionistas están creando niveles extraordinarios de desigualdad entre la clase trabajadora y las grandes corporaciones.

Aquí es donde creo que la política fiscal tiene un papel que cumplir. La política fiscal es tan eficaz para combatir la inflación, si no más, que la política monetaria. La mayor ventaja es que la política fiscal puede enfocar más específicamente a las causas de la inflación por el lado de la oferta, en lugar del enfoque general de la política monetaria. Por ejemplo, se podría imponer y aumentar los impuestos sobre los beneficios, o incluso imponer topes al aumento de los precios. Yo iría incluso más lejos: teniendo en cuenta los niveles actuales de beneficios, ¿por qué no una reducción generalizada de los precios de, por ejemplo, un cinco por ciento? ¿Draconiano? Bueno, la Universidad Laurentian, donde enseño, impuso una reducción del 5% en los salarios del profesorado. ¿Por qué se permite para unos y no para otros?

La política fiscal también puede utilizarse para controlar el precio de los productos farmacéuticos, imponer un impuesto considerable a las recompras de acciones (o prohibirlas por completo, pero esa es otra historia) y aumentar los impuestos a los ricos.

Mas fundamentalmente, lo que necesitamos es ampliar la producción. Ampliar la inversión pública hacia una economía más verde. Los bancos públicos, por los que abogo desde hace varios años, pueden utilizarse para transformar nuestras economías en máquinas verdes. Estos bancos también pueden utilizarse para reparar eficazmente nuestras defectuosas infraestructuras.

Estas políticas deberían tener un impacto mínimo en los trabajadores. Como escribía recientemente un colega, todo lo que se necesita ahora es la voluntad política de actuar.

EL AUTOR. Louis-Philippe Rochon es profesor titular de Economía en la Universidad Laurentian; editor jefe de la "Review of Political Economy"; co-director del Instituto de Política Monetaria; fundador y editor de la Review of Keynesian Economics The Monetary Blog. Traducción: Yaku Fernández Landa para Sin Permiso.



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