Los políticos que asoman y los "fenómenos" que buscan ser

A año y medio de las elecciones, en el oficialismo mendocino comienza a delinearse una interna que trasciende la mera disputa de nombres. En la puja conviven dos concepciones distintas sobre el oficio de gobernar: la de quienes han construido su lugar a partir del reconocimiento en el territorio y la de aquellos que ocupan posiciones centrales sustentados únicamente en su expertise técnica.

Emiliano Follis
Especialista en Com. Institucional; Marketing de Marca

El Frente Cambia Mendoza se prepara para las elecciones de 2027 con el desafío de extender un ciclo de gestión que lleva diez años ininterrumpidos en la provincia. Para sostener esa continuidad, la coalición oficialista ha tejido un acuerdo estratégico con La Libertad Avanza, una alianza que amplía el espectro político de ambos espacios. De esa convivencia, y con una disputa silenciosa por el poder, deberá emerger el próximo candidato a gobernador.

Para entender la interna que se avecina, conviene separar a los aspirantes en dos grandes grupos. El primero es el de los políticos en sentido pleno. Son aquellos que, como explicaba a la perfección el antropólogo y sociólogo francés Pierre Bourdieu, han acumulado un capital político que no se decreta ni se transfiere por nombramiento. Ese capital se construye en el territorio, año tras año, en el cara a cara con la militancia, en la palabra empeñada y cumplida, en la red de relaciones que con el tiempo termina debiendo lealtad. Son los que pueden llenar una plaza sin necesidad de ser presentados, los que tienen historia, reconocimiento y estructura propia.

El segundo grupo (los que quieren ser) es el de los que hemos decidido llamar "fenómenos de la gestión". La expresión no es casual ni pretende ser un elogio sino, busca capturar una rareza: la de aquellos técnicos de gabinete, formados en la gestión provincial, que ocupan lugares clave sin haber construido un recorrido propio en el campo político. No tienen militantes que los reconozcan como referentes ni estructura que les responda por fuera del Estado. Su lugar lo ocupan por designación no por acumulación de capital político propio. Según explica Bourdieu, el saber técnico, cuando no está acompañado de vínculo territorial, se convierte en un capital frágil, prestado, siempre sujeto a confirmación. Estos "crack" son entonces herederos sin herencia pues reciben un cargo por su habilidad administrativa y por ende, no lo hace sustentable.

Esta distinción entre políticos y "fenómenos de la gestión" no es una cuestión académica ni una disputa de etiquetas. Tiene consecuencias concretas sobre el tipo de candidato y gobierno que puede esperar Mendoza en los próximos años. Apostar por un técnico implica confiar en que la eficiencia administrativa, el manejo de los números y la expertise técnica son suficientes para conducir una provincia. Pero gobernar, como la experiencia mendocina ya ha enseñado, requiere algo más: requiere la capacidad de interpretar el humor social, de tejer acuerdos en la tormenta, de sostener la palabra en el territorio cuando los indicadores económicos no acompañan. Por eso, desde esta mirada, resulta más sensato inclinar la balanza hacia aquellos que han construido su lugar en el campo político, los que han acumulado ese capital simbólico que Bourdieu describía como indispensable para representar y ser reconocido.

Y en ese terreno, el oficialismo tiene material de sobra. Dentro del Frente Cambia Mendoza asoman al menos dos figuras con trayectoria, gestión y reconocimiento territorial. Tadeo García Zalazar, hoy ministro de Educación, Cultura e Infancias, no es un técnico recién llegado: fue dos veces intendente de Godoy Cruz, presidente del radicalismo mendocino y diputado provincial. Su recorrido incluye años de construcción territorial, vínculo con la militancia y gestión municipal, ese laboratorio donde el político aprende a resolver problemas concretos y a tejer lealtades que después pesan en las urnas. Por otro lado encontramos a Ulpiano Suarez, intendente de la Ciudad de Mendoza, reúne una combinación difícil de replicar: militancia y apellido de tradición política, gestión propia con alto respaldo electoral y un profundo conocimiento del Estado municipal acumulado durante 7 años de gestión. Como observamos, los dos referentes del oficialismo no necesitan presentación en los barrios del gran Mendoza porque su nombre ya es reconocido. Son, en definitiva, políticos en el sentido más pleno del término.

Por fuera del Frente Cambia Mendoza, pero dentro del acuerdo que sostiene el oficialismo provincial con La Libertad Avanza, asoma Luis Petri. Su capital político trasciende las fronteras de Mendoza: fue diputado nacional durante ocho años, candidato a vicepresidente de la Nación y ministro de Defensa de la Nación. Tiene imagen propia y una red de relaciones que no depende de ningún jefe provincial. En términos de Bourdieu, Petri es el político que ha logrado acumular reconocimiento más allá de su distrito de origen, un activo que puede explotar en el 2027.

Los tres políticos, cada uno a su manera, cumplen con esa condición que el francés Bourdieu señalaba como central en el campo político. Los referentes de los oficialismos han acumulado un capital que no se recibe por nombramiento, sino que se construye en el tiempo y se reconoce en la mirada de los otros.

Como vemos, el Frente Cambia Mendoza y La Libertad Avanza cuentan con tres figuras que ya han demostrado su capacidad para congregar, administrar y representar. García Zalazar, Suarez y Petri conforman un arco de opciones sólidas para disputar la gobernación en 2027. Son nombres que no necesitan ser ungidos porque ya han sido reconocidos. Mientras tanto, los "fenómenos" tienen su lugar asegurado cómo el de seguir aportando desde la gestión, desde el conocimiento técnico, desde la administración diaria del Estado. Su contribución es necesaria, pero no debe confundirse con la tarea de gobernar en el sentido más profundo. En definitiva, Mendoza necesita a los que asoman.

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