El maltrato de los animales: Homo homini lupus

Un fundamentado artículo sobre el maltrato de los animales, en todos sus aspectos, en la pluma del Dr. Eduardo Da Viá. Imperdible, hasta el último párrafo.

Eduardo Da Viá

Hace 11 años escribí y publiqué un artículo que podrán leer a continuación y que trata de la atrocidad del maltrato animal.

En estos días han aparecido notas acerca del tema, en especial sobre la increíble maldad de la utilización de mulas como porteadoras en el Parque Aconcagua.

Confío que los lectores de Memo lean el artículo y si es posible lo difundan a sus allegados en bien de nuestros pobres e inocentes animales.

Desde ya agradecido, Eduardo Atilio Da Viá, autor del artículo.

Homo homini lupus

Esta clásica expresión atribuida a Plauto (250-184 a de JC), significa: el hombre es el lobo del hombre. La sentencia tiene la virtud de expresar en tres palabras una cruda realidad: el hombre es dañino para el hombre.

No hay más que mirar un poco la historia de la humanidad para advertir hasta qué punto el hombre es capaz de dañar a su prójimo, a sabiendas y en su propio y único beneficio. Aterra comprobar que el daño puede incluir el homicidio, perpetrado sin "mea culpa" posterior.

Sin embargo, esta famosa sentencia, parte a mi juicio, de una falsa premisa, cual es la de atribuir al lobo, una maldad paradigmática que está muy lejos de poseer.

El lobo es un cánido carnicero genéticamente programado, que mata para comer cuando está acuciado por el hambre; cuando mata no delinque, simplemente utiliza el método que le proporciona la naturaleza para subsistir y es por lo tanto absolutamente inimputable.

Con el respeto y admiración que sus años y su sabiduría me inspiran, me permito, no obstante, Sr Plauto, sugerirle modifique su sentencia por algo así como:

Homo homini nocivum est 

(El hombre es dañino para el hombre)

Puede Ud. por supuesto escribirla a su antojo, pero le ruego no compare peyorativamente con ningún animal irracional, pues cualquiera de ellos es con seguridad más digno que el homo sapiens.

Y ya que de animales y hombre se trata, convengamos que éste se valió de aquellos desde tiempos inmemorables. La decisión fue por cierto unilateral, que yo sepa nunca se firmó un tratado de mutua cooperación entre unos y otros.

Para aprovechar la carne o la fuerza de sus víctimas se valió del cautiverio y de la doma. El primero implica la limitación geográfica mediante cercas o fosos, recluyendo a seres que desconocen el concepto de límites, y que, hasta ese momento, se movían libremente por el mundo, motivados solo por sus necesidades naturales. La segunda requiere de la primera, pero con el agregado del castigo físico, cruelmente aplicado, hasta doblegar la voluntad del cautivo.

Para no pecar de fundamentalista, admito que ciertas especies son susceptibles de domesticación sin el requisito de infligir dolor, pero de todas maneras la adaptación corrió siempre por cuenta de los animales. Gatos y perros son los ejemplos más claros, pero, aun así, de vez en cuando "necesitan" de la mano dura de su dueño para adaptarse a los cánones conductuales que arbitrariamente se les impone.

Valga un párrafo especial para el canario, la más común de las aves paseriformes, quien supuestamente ya no puede vivir sino en cautiverio. Originalmente silvestre y oriundo especialmente de las Islas Canarias, fue lentamente transformado por el hombre mediante selección en cautiverio, hasta la subespecie doméstica actual. Cuando de personas comunes se trata, puede que los alberguen en jaulas medianamente confortables, pero si de criadores hablamos, son recluidos en minúsculas celdas, alojados por decenas en recintos cerrados y sometidos a un ciclo de luz y sombra determinado según se desee que píen o no, y que por supuesto no respeta el ritmo circadiano natural. En todos los casos son siempre disposiciones contra natura.

A las bestias de tiro y carga les ha ido mucho peor que a los coquetos gatos siameses por los que los ricos pagan fortunas y con los que los fabricantes de alimentos especiales llenan sus faltriqueras.

Tiro y carga, dos habilidades que ni el caballo, la mula, el buey o el elefante, sin mencionar otros muchos, poseían naturalmente, sino que, astuto el hombre, advertido de la potencia física varias veces superior a la propia, no vaciló en aprovecharla en su propio beneficio. Así surgieron pues aperos y yugos, carretas y pesados arados, la muela molinera y el criollo cuarteo. Todo esto con el tremendo agravante de que, frente al lógico cansancio o la simple y natural reticencia para con la tarea asignada, fueran sometidos al rigor del látigo o de la aguijada.

La crianza o la captura de especies comestibles tienen al menos el atenuante del destino que se les da: la alimentación humana o de otros animales. Y digo solo atenuante por cuanto el hombre no es un carnívoro obligado como el lobo o los grandes felinos, de hecho, puede muy bien subsistir sin ingerir carne. Los criaderos de aves en cualquier país del mundo donde se consumen por millones son sucedáneos de los campos de concentración durante el holocausto, con la única diferencia que las víctimas son sobrealimentadas manteniéndoles la luz encendida día y noche. Prefiero no entrar en detalles para describir la crueldad de los métodos de sacrificio utilizados en la mayoría de los criaderos, salvo algunas modernas excepciones.

A modo de resumen parcial de lo escrito ut supra, digamos que la crítica se centra en la metodología empleada para el aprovechamiento de la fuerza o de las propiedades alimenticias de muchas especies animales. Incluso es lícito pensar que esto estaba previsto en los planes de la madre natura, de lo contrario seguramente hubiese provisto al hombre de mayor fuerza física o de un aparato digestivo preparado solo para la ingesta de vegetales. Lo que no previó fue la inimaginable capacidad del hombre para infligir destrucción y dolor. Cómo no habría de ser cruel con los animales si desde los principios de la humanidad aplicó la tortura a sus congéneres, ideando mil formas atroces de aplicarla.

Pero el hombre no se limitó al empleo de los animales solo para los fines ya comentados, sino que su perversidad lo llevó a diseñar diferentes actividades, impuestas por cierto, para satisfacer el más mezquino de sus deseos: la diversión o entretenimiento a costa de los irracionales.

Por mencionar solo algunas de las prácticas, digamos que la riña de gallos y la pelea de perros se celebraron desde antiguo. En ambos casos, los contendientes eran preparados para la lid con diversos métodos tendientes a incrementar su capacidad de lucha. Algunas razas caninas genéticamente bravías, fueron transformadas en seres realmente feroces, con una predisposición en extremo peligrosa para el ataque sin provocación previa. A diario se lee casos urbanos en los que las víctimas suelen ser niños, hijos incluso, de los dueños del perro en cuestión.

La crianza y adiestramiento para la riña entre gallos comenzó hace mas de 3000 años, siendo muy populares entre fenicios y hebreos. Personajes famosos de la historia como Cleopatra y Hernán Cortés eran fervientes partidarios de semejante diversión. Al parecer Cortés fue quien introdujo el gallo en América con fines lúdicos, no contento con obsequiarnos la sífilis y otras enfermedades.

Otro tanto puede decirse de las peleas de perros, sea entre congéneres o contra hombres y otros animales. Así pues, durante los siglos XII y XIII, se practicó en Inglaterra la lucha contra toros, sea con fines meramente de diversión o bien con el objeto de ablandar la carne del vacuno, dado que existía la teoría de que aquella resultaba más tierna si el animal realizaba, previo al sacrificio, ejercicios físicos violentos. Una de las razas caninas más destacada fue la del bulldog (perro toro). La denominación no proviene de una supuesta semejanza física con los toros, sino de la destreza para luchar contra los mismos.

Tanto en el caso de los gallos como en el de los toros, las riñas eran espectáculos públicos pagos y donde se apostaba dinero a favor de los contendientes.

Ambas prácticas fueron siendo paulatinamente prohibidas en la mayoría de los países, pero como era de imaginar, la clandestinidad ampara su vigencia.

He dejado expresamente para el final de este introito, el referirme a las tres manifestaciones más aberrantes de la crueldad del hombre para con los animales: el Circo, las Corridas de Toros y los Zoológicos

Quizás mis escasos y pacientes lectores se sorprendan por el uso en el párrafo anterior de la palabra introito. No es casual su empleo, sino que intento con ello crear alguna expectativa alrededor de este escrito, que hasta ahora es más bien descriptivo de aberraciones conocidas, y de las cuales como resulta obvio, me declaro ferviente enemigo. Digo introito por que si las Musas no me retiran la inspiración con la que me están favoreciendo, espero terminar en una propuesta filosófica que pudiera ser interesante.

Vuelvo a la idea central para seguir ahora con el análisis del Circo, espectáculo también muy antiguo, que como todos sabemos, consiste fundamentalmente en la actuación de personas que realizan malabares y actos plenos de comicidad, pero que incluyen difíciles y riesgosas demostraciones de habilidades físicas. Riesgosas a tal punto que suman decenas los fallecidos por accidentes durante el espectáculo. Hasta aquí se trata de seres humanos que por vocación o por no encontrar otro método para ganarse la vida, eligen éste, a sabiendas de los peligros que implica, son actos volitivos y conscientes que no me merecen mas que una cierta tristeza, dado que están destinados a divertir al público asistente.

La crítica y la total desaprobación surgen con la inclusión de animales como efecto impactante de la presentación. Esos pobres seres son el ejemplo paradigmático del cautiverio y la doma, cruelmente impuesta por los entrenadores, quienes látigo en mano, les obligan a realizar ejercicios aberrantes delante de una cómplice audiencia. Encerrados en diminutas jaulas, las fieras en especial son expuestas como objetos inanimados, ignorando la injusta tortura que ello significa. Arrancados literalmente de sus hábitats, y vendidos en sucesivas transacciones según el número de delincuentes que intervienen en el negocio, trasladados en diversos medios de transporte que, de hecho, nunca son confortables, terminan finalmente su "via crucis" en la jaula o el ruedo de algún circo para iniciarse como artistas "de facto".

Las corridas de toro son a mi juicio, el prototipo del sadismo disfrazado de espectáculo valiente y elegante. Todos sabemos en qué consiste de manera que huelga explicarlo. Lo que probablemente no sea tan conocido, es que mucho antes de que los espectáculos taurinos se mancharan de sangre inocente, existieron juegos en los que no se dañaba al toro. Efectivamente, ya en la civilización minoica, es decir unos 2000 años antes de Cristo, se practicaba en Creta, la taurocatapsia, es decir el salto del toro, pasando el acróbata por sobre los cuernos para apoyar brevemente las manos sobre el dorso del animal y caer parado en el extremo opuesto. Existe como documento probatorio un famoso fresco en el Palacio de Knossos que lo representa muy bien.

En el noroeste argentino se practica un juego taurino llamado El toreo de la vincha, única fiesta taurina que existe en la República Argentina, en ella no se lastima al toro, sólo hay que quitarle una vincha, el ritual dice que quien logre quitarle la vincha al toro debe ofrendársela a la Virgen. Es herencia de la colonización española, se lleva a cabo en la localidad de Casabindo, departamento Cochinoca, provincia de Jujuy. La ceremonia se lleva a cabo el día 15 de agosto para festejar de este modo la Asunción de la virgen María.

La tauromaquia o Lidia de toros es triste patrimonio de España, país donde se practica desde el siglo XII- Luego se difundió a otros países cuyos habitantes son propensos a pagar por esta "diversión". Cuanto más lo pienso más me indigna la crueldad del espectáculo, que, si bien conlleva serio riesgo para el torero, quien libre y conscientemente eligió esa profesión, consiste en herir primero y matar finalmente a tan bello animal como es el toro, criado especialmente para tan lamentable, doloroso e injusto fin. Criadores, diestros y público se vanaglorian de la tradición taurina española, tenida por cierto como la mejor del mundo. A pesar de mi sangre hispana, compartida por partes iguales con la italiana, me avergüenzo de aquellos mis ancestros que defendieron y tonificaron semejante barbarie.

Por último, paso a ocuparme del zoológico que, según definición de la RAE, "es lugar en que se conservan, cuidan y a veces se crían diversas especies animales con fines didácticos o de entretenimiento."

Desde la antigüedad, gobernantes de países tan diversos como Egipto y China han tenido colecciones de animales cautivos, pero el concepto de parque o jardín zoológico, en el que los animales cuentan con una cierta libertad de movimientos, es más reciente.

En el siglo XVI, el conquistador español, Hernán Cortés, a su llegada a Tenochtitlán, se quedó maravillado ante el gran jardín que el emperador azteca, Moctezuma, había creado con animales traídos de todos los rincones de su imperio. Los primeros parques zoológicos modernos fueron la Casa Imperial de Fieras establecida en Viena en 1752 e inaugurada al público en 1765, y el zoo creado en 1793 en conexión con el Jardín Botánico de París. El parque zoológico de Regent's Park, en Londres, fue creado en 1828 por la Sociedad Zoológica de Londres. En 1931 la sociedad inauguró Whipsnade Park (condado de Bedfordshire), con un área aproximada de 230 hectáreas, que se ha convertido en uno de los zoos más famosos del mundo. El zoo más antiguo de los Estados Unidos fue inaugurado en el Central Park de Nueva York en 1864. El Parque para la Conservación de la Vida Salvaje Internacional, situado en el Bronx Park de Nueva York y más conocido como zoo del Bronx, abrió sus puertas en 1899. Fundado por la Sociedad Zoológica de Nueva York (hoy Sociedad para la Conservación de la Vida Salvaje), el zoo ostenta una de las mayores colecciones de animales del mundo. En Estados Unidos está también el zoo de San Diego, que cuenta con la colección de animales más completa de las dos Américas. Lugares como Missouri, Bombay, Calcuta, El Cairo, Tokio, Berlín, Munich, Madrid, Barcelona y Roma albergan grandes colecciones de especial importancia. En Latinoamérica se multiplicaron estos recintos, entre los que destacan los de Buenos Aires y Mendoza en Argentina, el de Pará en Brasil, el de Santiago de Chile y el de Chapultepec en ciudad de México, que se inauguró en el año 1908.

A partir del siglo XIX, los barrotes de acero que solían utilizarse para encerrar a los animales peligrosos y proteger al público fueron reemplazándose por zanjas y fosos, demasiado anchos y hondos para que los animales pudieran franquearlos. Los animales de gran porte pueden moverse por zonas amplias y abiertas, mientras que en épocas y lugares fríos los animales tropicales se encuentran en edificios con calefacción. En algunos parques zoológicos se exhiben animales de distintas especies en un mismo recinto, que comprende muchas veces a casi todas las especies de una región determinada. Muchos zoológicos modernos han incorporado acuarios y pajareras con el fin de acomodar y mostrar aves y peces exóticos, y algunos disponen de instalaciones especiales para que los niños puedan pasear subidos en elefantes y camellos sin riesgo alguno.

En principio pareciera loable disponer de un lugar donde se conserven animales salvajes con los objetivos que bien define la Real Academia Española. Pero lo supuestos beneficios que tales lugares ofrecen, lo son exclusivamente para el hombre, ya que con raras excepciones tales como la cría de ciertas especies en extinción y cuyo objetivo final sería la reinserción en sus respectivos hábitats, las demás son presos a cadena perpetua sin haber cometido crimen alguno. Salvaje significa precisamente no doméstico y por lo tanto libre. La jaula, por el contrario es ni más ni menos que una celda, siempre estrecha por amplia que sea, y que aún en el mejor de los intentos de remedar el ambiente natural en que cada especie vive, nunca lo logra.

Para ser concreto con los ejemplos, he de referirme al zoológico de Mendoza, sito en un enclave realmente bello, pero que aloja almas en pena.

Iniciemos el muestreo deteniéndonos un instante frente a la jaula de los Suricatos, quienes no solo no pueden labrar su complejo sistema de túneles subterráneos, sino que, vidriera de por medio, están permanente expuestos a la observación y a los flashes de las cámaras fotográficas.

El suricato es un pequeño mamífero, miembro de la familia de la mangosta, que habita la región del desierto de Kalahari y el Namib en África. Es una especie diurna y de costumbres sociales. Son animales excavadores, que viven en grandes redes subterráneas con múltiples entradas. Sólo las dejan durante el día. El tamaño de las colonias puede alcanzar los 40 individuos. Habitan zonas más áridas que cualquier otra especie de mangosta.

Se les encuentra en áreas de sabana y llanuras abiertas y su distribución depende del tipo de suelo, con preferencia de suelos firmes y duros para asentarse. No resulta difícil al observarlos en su jaula, advertir el grado de nerviosismo que los invade permanentemente. Por su tamaño son vulnerables a la depredación, por ello tienen un sistema de vigilancia basado en centinelas que avisan oportunamente del peligro a los otros miembros del grupo. Encerrados y expuestos se encuentran permanentemente alertas y atemorizados por la presencia humana.

Aún más atroz es el cautiverio de los grandes felinos que recorren incrédulos y en forma permanente las rejas que los separan de la libertad y el de las águilas encerradas en jaulas de malla que le permiten ver el cielo que no habrán de surcar. Oso polar, hipopótamos, elefantes no han corrido mejor suerte. Les ruego cuando vayan no dejen de observar la tristeza infinita reflejada en la cara del chimpancé, dan ganas de llorar....

Hasta aquí el introito de que hablé más arriba y sin pretender emular, sino tan solo inspirado por los grandes de la literatura fantástica como Süskind, Cortázar, Poe, Verne y tantos otros, y después de mucho pensar, imaginé un mundo distinto, antagónico, tal vez vengativo, en que los animales sean los que manden y el hombre el que obedezca.

En este contexto se me ocurre en primer lugar que, en vez de Plazas de Toros, existiesen Plazas de Hombres y cuyo espectáculo consista en la lid entre toros y hombres pero en la que la víctima sea el hombre y el diestro sea el toro. Veo una tribuna repleta de animales de todas las especies arengando al matador y esperando la suelta de un buen ejemplar de "homo hispaniensis" quien desnudo e inerme y sin entender la razón, reciba de pronto las heridas iniciales propinadas por el picador. Para este menester se me ocurre que un enjambre de avispas carnívoras (vispula germánica su nombre científico) sería lo ideal. Y una vez picoteado, confuso y dolido, advierta que el toro inicia la "faena", embistiendo con clara intención de matar. Me imagino el orgullo del diestro bovino cuando por petición del público y del presidente, le otorgan las dos orejas del humano cadáver; claro que jamás podría conseguir el máximo galardón que es cuando a las orejas se le suma el rabo cortado.

Sigo mi fantasía con la idea de un circo cuya principal atracción sea una buena colección de de humanos de todas las edades y sexos, alojados en sendas jaulas portantes circundando la carpa para su mejor exhibición. Y en que su actuación consista entre otras, en saltar de un cajón a otro pasando a través de un aro de fuego y bajo la dirección del entrenador, un recio rothweiler por ejemplo, quién con un código de ladridos enseñado a dentelladas, en remplazo del látigo, vaya indicándole las próximas piruetas. A continuación una yarará introduciendo su cabeza en la boca abierta de una exuberante rubia, a duras penas cubierta por una bikini de lentejuelas, emulando la famosa ridiculez del domador que mete su cabeza dentro de las fauces de un león. Sería interesante preguntarles a los cautivos humanos que les parece eso de "trabajar" en el circo de los Hermanos Cocodrilo, como bien pudiera llamarse, a semejanza del Circo de los Hermanos Gasca, famoso circo español que utiliza numerosos animales en su espectáculo.

Por último y como contrapartida de los horrendos Zoológicos, en un mundo dominado por los animales, seguramente existirían réplicas para cuya denominación no me cabe otro recurso que apelar a un neologismo de mi entera responsabilidad: Homológicos.

Y así, cualquier homológico que se precie, deberá exhibir una colección los más completa posible de humanos, de todas las edades, sexos, color, talla, peso y procedencia.

Se me ocurre que los más importantes tendrían visitas guiadas, durante la cual, el locutor, que bien podría ser un loro hablador, en especial la Gracula religiosa o Miná Sagrado del Himalaya, el pájaro que mejor imita la voz humana en todo el mundo, o, en su remplazo un Psitacus erithacus o loro gris africano, y, en nuestro medio, el loro hablador que todos conocemos y cuyo nombre científico es Amazona aestiva

El recorrido incluiría sucesivas jaulas en las que se encontrarían alojados por ejemplo, un hombre blanco, un negro, un amarillo uno de color marrón, una pareja de esquimales con hielo artificial y un iglú de material plástico, un enano, un acromegálico etc. Habría sin duda, un área sumamente restringida y dotada de extremas medidas de seguridad, exclusiva para adultos, y en la que se alberguen los ejemplares humanos más feroces, a saber: un hombre bomba fundamentalista, un clérigo pedófilo, un gerente de trust bancario, otro de alguna empresa farmacéutica internacional, un fabricante de armas, un asesino a sueldo, un papa inquisidor, un proxeneta, el dueño de cualquier cadena de supermercados, una jaula con corruptos de distintas profesiones, tales como políticos, médicos, abogados, policías y jueces. Una de ignorantes-acomodados que antes de su captura y encierro detentaban cargos en la administración pública para los cuales no estaban preparados y que, a sabiendas ejercían. Una con un guía de safaris africanos, otra con un cazador de elefantes por sus colmillos o de rinocerontes por las propiedades afrodisíacas del polvo hecho de sus cuernos o de cualquier animal cuya piel sea codiciada por imbéciles ricos. Una más para algún dueño de empresa minera, en especial diamantífera, donde los operarios son en realidad esclavos paupérrimos alojados en pestilentes barracas y otra para raptores-violadores de niños u organizadores de turismo sexual infantil.

La breve lista que antecede podría seguir si bien no hasta el infinito, pero sí superaría con creces la de especies de animales que se exhiben en cualquier zoológico bien dotado.

Es la maldad humana la que no tiene límites, en cambio los animales no son intrínsecamente malos ni buenos, simplemente son como la naturaleza decidió que fueran.

Hay especies más agresivas que otras por supuesto, pero siempre existe una razón para ello, aun cuando no logremos comprenderla. A ninguna gallina se le ocurriría contratar un león para aniquilar al zorro que la amenaza, retribuyéndole con una gacela la tarea encomendada.

Tengo perfectamente claro que este escrito no ha de cambiar ni un ápice la conducta del hombre para con los animales, pero por lo menos alivia mi conciencia al hacer pública mi postura. Es que no puedo permanecer intelectualmente impasible ante tamaña injusticia.

Quizás, al leerlo, alguien más se solidarice y juntos apoyemos las asociaciones ya existentes que luchan por los derechos de los irracionales.

¿Irracionales?

Esta nota habla de:
Más allá de nuestros deseos de triunfo, ¿quién creés íntimamente que ganará el primer partido de la Copa América?