Entre el cuchillo y la bala: ¿qué cambia con las pistolas Taser?

Por qué las Taser pueden evitar tragedias. Opina Eduardo Muñoz.

Eduardo Muñoz
Criminólogo. Autor del libro "El Género de la Muerte". Divulgador en medios. Análisis criminológico aplicado a temas sociales de actualidad y seguridad. linkedin.com/in/eduardo-muñoz-seguridad IG: @educriminologo

Un hombre armado con un cuchillo amenazaba a su familia en la vía pública en Malargüe. La policía llegó al lugar y activó el protocolo de intervención con una Taser 7.

No hubo descarga eléctrica.

El dispositivo emitió una advertencia sonora y visual. Fue suficiente. El agresor desistió de su actitud y se entregó. Nadie resultó herido.

Puede parecer un episodio menor. En realidad muestra uno de los momentos más delicados del trabajo policial: cuando una persona representa una amenaza real y la intervención debe resolverse en cuestión de segundos.

El instante en que todo puede escalar

Las situaciones de crisis rara vez se desarrollan de manera ordenada. Una persona alterada, armada o fuera de control obliga a tomar decisiones rápidas bajo presión.

Si el diálogo no alcanza y la amenaza persiste, el margen de maniobra se reduce rápidamente.

Las policías modernas trabajan con lo que se conoce como una "escala de uso de la fuerza". En un extremo está el diálogo. En el otro, el arma de fuego. Entre ambos aparecen herramientas intermedias pensadas para controlar una amenaza sin llegar a la fuerza letal.

Ese espacio intermedio es el que ocupan dispositivos como las Taser.

Una herramienta para neutralizar

Las Taser forman parte de lo que en la doctrina policial internacional se denomina armamento "menos letal". Su función no es castigar ni reemplazar al arma reglamentaria, sino permitir la neutralización temporal de una persona que representa una amenaza inmediata.

Cuando un agresor porta un cuchillo, un objeto punzante o actúa de manera imprevisible, el margen de error es mínimo. La intervención física puede poner en riesgo a los agentes y a terceros. El uso de un arma de fuego puede tener consecuencias irreversibles.

La existencia de una herramienta intermedia cambia completamente ese escenario.

Cuando la disuasión alcanza

En muchos casos, ni siquiera es necesario utilizar el dispositivo.

La advertencia sonora y visual puede ser suficiente para modificar la conducta del agresor. La posibilidad real de ser neutralizado introduce un elemento de disuasión que muchas veces permite resolver la situación sin que el conflicto escale.

La fuerza potencial evita que la fuerza tenga que usarse.

Tecnología y criterio profesional

Sin embargo, la tecnología por sí sola no resuelve el problema.

El uso responsable de estas herramientas requiere algo más que capacitación técnica en el manejo del dispositivo. También exige preparación para gestionar situaciones de crisis: evaluar riesgos, contener a una persona alterada, evitar que el conflicto escale y proteger a quienes puedan quedar involucrados.

En otras palabras, el dispositivo es solo una parte de la intervención. La otra parte es la capacidad profesional del agente para leer la escena y tomar decisiones bajo presión.

Evitar el peor desenlace

Por esta razón muchas fuerzas policiales del mundo han incorporado dispositivos de control eléctrico dentro de sus protocolos de intervención. Policías de países como Estados Unidos, Reino Unido o Canadá los utilizan como herramientas intermedias para reducir el uso de armas de fuego en situaciones críticas. Su objetivo no es endurecer la respuesta policial, sino ampliar las alternativas disponibles cuando la situación se vuelve peligrosa.

Como ocurre con cualquier herramienta coercitiva del Estado, su incorporación también genera debates sobre controles, protocolos y límites de uso. Esa discusión es saludable y forma parte de la construcción de fuerzas de seguridad más profesionales y transparentes.

En seguridad pública, muchas veces el éxito no se mide por la fuerza que se utiliza, sino por la violencia que se logra evitar.

Las herramientas intermedias existen justamente para eso: para controlar una amenaza antes de que la intervención llegue al peor desenlace.

A veces el verdadero avance en materia de seguridad no consiste en usar más fuerza.
Consiste en evitar que la situación llegue al punto en que la única opción sea disparar.

Ver: Un policía convencional mendocino utilizó por primera vez la Taser 7

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