Mérito y meritocracia

Reflexión de Andrea Canevaro, el padre de la pedagogía especial en Italia y Europa. Escribe el profesor José Jorge Chade (Fundación Bologna Mendoza).

José Jorge Chade
Presidente Honorario de la Fundación Bologna Mendoza

Hace unos meses, tras la muerte de Andrea Canevaro el 26 de mayo, una revista Italiana de Educación había retomado una antigua entrevista con el conocido pedagogo boloñés, mi gran maestro durante mis treinta años pasados en la Universidad de Bologna. Canevaro ha sido el fundador de la pedagogía especial en Italia y en Europa desde los comienzos de los años 80 del siglo pasado,(en realidad, Canevaro nació en Génova, pero toda la su actividad profesional la desarrolló en Bolonia y en Emilia-Romaña).

Me pareció muy interesante , sobre todo para los tiempos que estamos viviendo, retomar esta entrevista donde se habló mucho sobre el tema del mérito, por eso propongo algunos pasajes.

"Mérito -explicó Canevaro- es una palabra muy utilizada, sobre todo en su derivado meritocracia. A ellos se apunta, y una de las ventajas de una determinada forma de plantear un proyecto político se refiere a la necesidad de restaurar los principios meritocráticos. Que, en la corrupción de las palabras, se entienden como méritos por confirmar".

"Pero -advirtió este gran educador- hay quienes nacen con suerte, y quienes nacen con mala suerte. De acuerdo con este supuesto, los principios meritocráticos pueden interpretarse como la identificación lo antes posible de los afortunados, los merecedores, que deben recibir toda la atención. Mientras que los otros, los desafortunados que no lo merecen, deben estar en condiciones de no perder tiempo, energía y dinero. Por eso, no sólo es inútil sino tan nocivo como cualquier despilfarro: organizar el tiempo escolar completo, profesores especializados para la integración, copresencias y demás dispositivos didácticos. Y en las universidades es perjudicial perder tiempo, energía y dinero en investigaciones didácticas que tengan en cuenta las necesidades especiales o las desventajas de algunos, los desafortunados".

Pero enfrentarse a lo inesperado y aceptar los desafíos casi siempre implica una acción colectiva: ni siquiera una expedición para una experiencia de invierno en solitario en el K2 puede prescindir de un minucioso y complejo trabajo preparatorio en equipo que a menudo dura meses, si no años.

En cualquier caso, hay un elemento a tener en cuenta.

Canevaro dijo que hablamos de mérito y demérito, "como un destino, favorable o adverso, pero siempre individual".

En definitiva, se trata del mérito "como una tarjeta de crédito recibida de la suerte y que te permite escapar del cálculo fatigoso de la realidad, del pesado sacrificio que hace posible lo que quieres".

Hay, sin embargo, otro aspecto: "Los méritos pueden ser promovidos a través del realce de aquellos que tienen originalidad imprevista. Debemos aprender de lo inesperado. La educación y la formación pueden tener lugar si y porque el otro (alumno) está activo. Querer deshacerse de lo inesperado significa recurrir a herramientas que pueden parecer rigurosas como la selección, el rechazo, la severidad..., y científicas como los fármacos, los tratamientos diferenciados, las especialidades.... Pero deshacerse de lo inesperado significa renunciar a las innovaciones. Los economistas nos dicen que esta renuncia significa decadencia. Las innovaciones derivan de la aceptación de los retos que nos plantean aquellos que no se esperaban".

Y después... lidiar con lo inesperado puede ser útil, e incluso mucho. 

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