"Son ellos o nosotros": el juego de suma cero de Javier Milei

En Madrid se explayó en esa teoría que elimina la cooperación. Sociedad en guerra. Amigo vs enemigo. La izquierda también suele usar la misma teoría para avalar la justicia social y la redistribución de la riqueza. La columna de Silvia Mercado, periodista acreditada en la Casa Rosada.

Silvia Mercado
Periodista NO acreditada en Casa Rosada

Un académico libertario de la UBA (uno de los pocos, pero que los hay, los hay) recomendó en una reunión privada con pares que "tienen que prepararse, Javier va a gobernar durante 8 años". Obviamente, los alertó porque no pensaban como él.

Lo dijo convencido, entusiasmado, porque "Corea del Centro", o sea el pensamiento que según su opinión en última instancia siempre se inclinó hacia el kirchnerismo, va perdiendo fuerza en la batalla cultural. Eso es lo que cree, por lo menos.

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Se enoja al contar que las editoriales que publican libros académicos mantienen la pluralidad, pero "a los que no estamos en el mainstream K nos publica 1000 ejemplares, y a los que están a la izquierda les publica 40000, los distribuye por las bibliotecas populares y los mandan a dar charlas por todo el país, con todo pago".

"Lo mismo pasó con los programas culturales que se transmitían por la TV Pública y que ahora muchos de ustedes defienden, pero ellos no los defendieron cuando ustedes eran censurados por el kirchnerismo o el filokirchnerismo", dice, ya enfurecido.

Cuenta que no le molesta tanto 6,7,8 como Revista Anfibia, DiarioAr, Cenital y la Editorial Capital Intelectual. "Se hacen los democráticos, pero son profundamente autoritarios, porque vivieron del kirchnerismo y nos marginaron de todos lados".

No es políticamente muy correcto revelar estos comentarios, pero es lo que se discute en los ámbitos intelectuales por estos días, donde algunos orcos del pensamiento conservador-libertario como Nicolás Márquez abrieron una compuerta, dejando entrar a pensadores más sofisticados, con papers comprobados y destacados.

Mi propia presencia en una audiencia realizada por la Defensoría del Público, que sesionó esta semana para analizar la situación de la libertad de expresión en la Argentina y a la que asistieron varios periodistas no K, causó cierta indignación en ciertos académicos de centroderecha. Algunos, incluso, lo dijeron en radios de gran audiencia.

Así, quienes fuimos a esa audiencia pública somos tan criticados como otros intelectuales que en el gobierno de Mauricio Macri actuaban como palomas, fieles al mandato que les daba el jefe de Gabinete Marcos Peña, y ahora que ya no están en el poder se volvieron repentinamente halcones, casi como para estar a tono con las encuestas.

Estos debates son entre grupos minoritarios, casi elitistas si se observa el contexto de 50% de pobreza y franjas de población con severas dificultades ya no solo para leer y escribir, sino incluso para hablar en un idioma que pueda ser reconocible.

Pero son debates que excitan los márgenes de la academia, cada vez más atenta a las nuevas expresiones en la sociedad, dominadas por representaciones frágiles pero nuevas, tanto que para muchos son todavía difíciles de distinguir.

Mientras eso sucedía en Buenos Aires, en Madrid, el director de la editorial DeUsto, del grupo Planeta, dijo que Javier Milei había planteado "una revolución de las ideas" y el director del diario español La Razón comparó a los que se oponían al argentino con terroristas. Fue durante la presentación del libro El camino del libertario.

Leé un fragmento de "El Loco", el libro de Juan Luis González premiado por Fopea

El presidente argentino explicó con detalle que esa obra, la primera de una tríada cuya última obra será conocida el próximo 22 de mayo en el Luna Park, se inicia con una autobiografía. Claramente, le preocupa la aparición en las bateas de las librerías españolas del libro El Loco, del periodista Juan Luis González, quien, por esas paradojas del destino, también publicó en Planeta.

Relató en la presentación que "cuando arranqué con mis participaciones en la televisión estaba más solo que Adán en el Día de la Madre". Y reiteró que toma las definiciones de liberalismo que aprendió de Alberto Benegas Lynch (h), un ideario "basado en el principio de no agresión, y essssssto lo remarco", dijo, palabras que acompañó con un contundente gesto de subrayado con su mano derecha. Raro, cuando aquí en la Argentina es lo que más ejercita.

Milei volvió a emocionarse al hablar de su biografía, la que cuenta en la primera parte de su libro. Claramente, hay un dolor que aún no logra curar, ni siquiera en el poder y rodeado de audiencias que lo aplauden y se ríen con sus chistes.

El presidente argentino es un caso atípico y de análisis permanente. Para quienes lo vienen votando desde las primarias, y con fervor, puede carecer de secretos. Sienten que su personalidad es auténtica y no tiene dobleces. Pero la diferencia entre lo que el Presidente piensa y lo que finalmente hace, empieza a preocupar a sus fanáticos.

En Madrid, un economista que prologó la edición española de su libro le preguntó si seguía con la idea de cerrar el Banco Central. "Por supuesto", aseguró, cosechando el momento de más aplausos.

Enseguida, se justificó: "AVISO. (El objetivo que busco) no es un camino rectilíneo y uniforme. Hay desvíos". No especificó si hablaba del retraso en el aumento de tarifas o la continuación de los subsidios al transporte, tampoco dijo nada acerca del cepo que tiene cerrada la economía y mucho menos del aumento en la mayoría de los impuestos, aún en medio de la brutal recesión.

Eufórico o deprimido, Milei sigue adelante. A su lado, todo el Gobierno de LLA vive bajo el stress de tener que acomodar sus estrafalarias ideas a un punto de no conflicto con la realidad.

El Presidente dice en público que llegó a la Casa Rosada para implosionar el Estado desde adentro. Asegura que siente "profundo desprecio por el Estado", dice que "el Estado es el enemigo, es una asociación criminal en la que un grupo de políticos se ponen de acuerdo y deciden utilizar el monopolio para robar los recursos del sector privado".

Pero, mal o bien, sus funcionarios se dedican a gestionarlo.

Sin Estado, no existiría la posibilidad de auditar lo que tan mal hicieron los gobiernos anteriores, tampoco existiría la posibilidad de combatir el narcotráfico.

Ante la posibilidad de un blanqueo para traer dólares, aseguró que "no importa de dónde vengan, para mí algunas cosas no son delito". Sin vueltas, llegó a decir "me importa un rábano" de dónde traigan los dólares y que "hay cosas que los políticos consideran delitos que para mí no son delitos".

A nadie parece importarle demasiado que estas declaraciones pueden hacer que la Argentina ingrese de nuevo en la lista gris del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), casi como un paraíso fiscal para los nuevos ingresos de dinero, sin importar su origen.

Lo único importante para el Presidente en el corto plazo es bajar la inflación. En el mediano plazo, conseguir inversiones. En el largo, que la economía argentina vuelva a crecer.

Cuando llegó, pensó que podría utilizar los recursos humanos del massismo, el kirchnerismo y el PRO. A poco de andar, se dio cuenta que la gente de Sergio Massa y de Cristina Kirchner solo quieren verlo fracasar. Los del PRO se mantuvieron más fieles. Y hasta los radicales empezaron a exhibir aristas de diálogo y acuerdo con los libertarios.

Perdió mucho tiempo y cuando se dio cuenta, se mantuvo varios días fuera de juego, tratando de encontrar una nueva salida al laberinto argentino que lo acosa.

Se siente incomprendido. Cuando se vuelve pragmático, lo aplauden algunos. Cuando se expresa dogmático, lo hacen otros.

Como los intelectuales que fueron marginados durante las dos últimas décadas en la Argentina por pensar fuera de la matrix estatal, lo que los volvió hoscos y también un poco resentidos. Quizás porque al Estado pudieron usarlo "los zurdos" y no ellos.

Lo dijo claramente Milei en España. Nunca habrá cooperación entre "los rojitos" (el viernes los llamó así) y los liberales "en sus diferentes matices". Sí, reconoció matices. Pero lados, solo hay dos.

"El poder es un juego de suma cero. Cuando los zurdos tienen el poder, nosotros no lo tenemos. Cuando nosotros tenemos el poder, los zurdos no lo tienen", dijo.

Y dio más precisiones: "De un lado, quedan los colectivistas y del otro los que abrazan las ideas de la libertad. No estemos tan preocupados por las diferencias que podemos tener en este lado de la vida, no dejemos que el lado oscuro, negro, satánico, atroz, espantoso, cancerígeno, que es es el socialismo, nos gane".

El pensamiento de suma cero no es lo más inspirador para una sociedad abierta y democrática. Si tu ganancia es mi pérdida, no hay posibilidad de cooperación social y lo que se promueve es una guerra para la eliminación del distinto. Si bien hay varias vertientes, incluso de izquierda, todo indicaría que Milei menciona la suma cero como otra manera de hablar de la lógica amigo-enemigo, desarrollada por el miembro destacado del Partido Nacionalsocialista Carl Smichtt, luego reivindicado por el filósofo Ernesto Laclau, el ideólogo de la Argentina dividida.

¿Es Milei un kirchnerista con otros postulados?

¿Hay un placer perverso en pretender la desaparición del otro?

¿Argentina no tiene solución en el diálogo con el que piensa distinto, sin domarlo ni domesticarlo?

Digamos todo. Tal vez no. Quizás por eso Milei es nuestro Presidente.

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Más allá de nuestros deseos de triunfo, ¿quién creés íntimamente que ganará el primer partido de la Copa América?