Optio exitus est

Isabel Bohorquez libera sensaciones subyacentes para un análisis no clásico de la realidad política.

Isabel Bohorquez

La opción es la salida

La opción es el problema

La opción es el asunto

"Ortega decía: ?No sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa'. Estamos condenados a avanzar en la ignorancia, que se ve favorecida por ese pensamiento parcelario que no ve más que fenómenos separados y permanece incapaz de comprender sus relaciones.

Pero prepararse para el mundo incierto no significa resignarse. Por el contrario, es preciso esforzarse por pensar bien, por elaborar estrategias, por efectuar apuestas conscientemente"[1]

Por estos días me siento tan desconcertada con el escenario político argentino que he atravesado todo el elenco de emociones propias de un estado de vigilia y expectativa impregnado de dudas e incertidumbres.

Por momentos pienso que el presidente Milei hizo muy mal en retirar el proyecto de Ley de Bases...o quizá hizo muy bien si pretendió dar un golpe de puño al tablero político...o quizá se equivocó porque la gobernabilidad es un esfuerzo colectivo y mancomunado...o quizá fue acertado porque el proyecto estaba siendo desvirtuado en su sentido fundamental de plantear una reforma del Estado...aunque, definitivamente, esos cambios requieren más debate y más consenso...no se trata de acusarnos y mucho menos de aplaudir y festejar...

El estado anímico de quienes pusimos cierta atención en el debate de la Ley está entre la frustración y el desánimo, porque su contenido es de fundamental importancia para que se discuta y se acuerde.

Pienso en los diputados que han trabajado en pro de esa reforma indispensable.

Pienso en los diputados que solamente pusieron la diatriba discursiva en contra y desde banderas injustificables.

Argentina está sumida en la pobreza material, social y cultural.

Basta de excusas y de chanchullos.

Pienso en todos los ciudadanos argentinos que estamos pendientes de que esta Ley de Bases pueda abrir las puertas a otra dinámica de producción y trabajo, que derogue leyes obsoletas y que plantee nuevas condiciones para una organización social, política y económica, realmente más justa y progresista.

Pienso en los problemas que corresponden a la salud pública; en los temas referidos al cuidado y preservación del ambiente y nuestro patrimonio natural; en las cuestiones referidas al sistema educativo...es tan abarcativo este proyecto de Ley que amerita un trabajo conjunto y a conciencia. Y hay puntos en los que todas las partes deberán ceder o construir mejores alternativas.

Personalmente me interesa que las cosas cambien para bien y entiendo que una reforma tributaria, un nuevo pacto fiscal, una mejor distribución de los recursos y de la asignación de las partidas son indispensables. Así como una desinstalación de la maquinaria absolutamente corrupta de la coima, de las ventajas en tantos negocios obscenos, del despilfarro y el clientelismo político se tienen que acabar.

¿Pero...cuál es el camino?

¿Qué opción tomar?

En lo personal no adhiero a ninguna causa con bandera partidaria.

Esto no se trata de ser libertarios y defender los principios de los libertarios ni de ser peronistas o vaya a saber que mixtura surgida de allí, si kirchneristas (que según yo interpreto jamás fueron peronistas), si de la guardia de hierro (¿habrá aún algún representante?), del polo obrero o de la izquierda también mixturada, de los radicales siempre postulando el principio de republicanismo, aunque heterodoxos o del Pro o Juntos por el cambio...

El progreso de nuestro país, la búsqueda de una salida a esta crisis injustificable y miserable y la consecuente reforma del estado, no es una causa de estos fulanos o aquellos menganos.

Es un imperativo histórico de la sociedad argentina.

El Pueblo Argentino reclama un cambio; y a esa demanda pareciera que NO la ven quienes deben ponerse a la altura de las circunstancias.

Las provincias tienen que comenzar un proceso de sostenimiento de sus propias obligaciones y en base a sus propios recursos.

Los gobernadores en general, deberían tomar nota de que la sociedad ya plantó una bandera: la austeridad y transparencia del estado; la lucha contra el delito y la inseguridad; condiciones de progreso basadas en el trabajo y la producción y no en la dádiva, así como crecimiento de las provincias y regiones de manera autónoma y genuina.

En el inacabable cuento de la buena pipa, de que las provincias ricas contribuyen para que las provincias pobres sean asistidas, a través de la distribución del gobierno nacional, hemos acentuado la pobreza sin encontrar (ni buscar) soluciones a partir de los recursos naturales, la inventiva y la creatividad humanas, etc., como tantos países del mundo han logrado. Además de perpetuar el clientelismo político y los caudillos seudo monarcas; si no, miremos ejemplos aberrantes como el de Insfrán en Formosa.

En Argentina hay eternas excusas como el subsidio al transporte que no pueden seguirse sosteniendo mientras los gobernantes de turno gastan fortunas en pauta publicitaria y eso también pasa en algunas provincias ricas.

El gobierno nacional debe ejercer un rol proactivo y vigilante del progreso y no del feudalismo o el estancamiento.

En el fondo de la cuestión, la fiesta la pagamos todos a un duro precio y la situación permanece a favor de quienes se enriquecen con nuestra pobreza.

¿Pero cuál es la salida?

Sabemos que las cosas deben cambiar y que las herramientas están en nuestras manos.

El diálogo es quizá, la más relevante de todas.

Habrá que volver a empezar.

Habrá que moderar las afrentas y los apodos, habrá que deponer los orgullos y habrá que morigerar las posiciones ideológicas.

Esto es un asunto de Argentina.

¿Nuestros representantes lo harán por mérito propio?

Quizá no.

Quizá ninguno de los que hoy componen el elenco de voces que definen nuestro horizonte, tanto en el poder ejecutivo como en el poder legislativo, tengan ese caudal de determinación y virtud.

Quizá sí.

Quizá haya voces que, en nombre del país, se dispongan a volver a plantearse, a debatir y a acordar. El Pueblo argentino deberá estar velando para que ese diálogo y esos pactos en favor de todos, sean posibles.

Y veremos de qué estamos hechos...

Cierro con palabras de Víctor Frankl:

"... recluido en el campo de concentración, se podría sacar la impresión de que el ser humano es alguien completa e inevitablemente influido por su entorno (...) pero ¿Qué decir de la libertad humana? ¿No hay una libertad espiritual con respecto a la conducta y a la reacción ante un entorno? (...) ¿Es que frente a tales circunstancias no tiene posibilidad de elección? Las experiencias de vida en un campo demuestran que el hombre tiene capacidad de elección: los ejemplos son abundantes, algunos heroicos, los cuales prueban que puede vencerse la apatía, eliminarse la irritabilidad (...) Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades -la elección de la actitud personal ante un camino de circunstancias - para decidir su propio camino". [2]


[1] Edgar Morin, Cómo vivir en tiempos de crisis, Nueva Visión, Buenos Aires, 2011, pp. 27.

[2] Víctor Frankl, El hombre en busca del sentido, Ed Herder, Barcelona, 2003, pp. 98-99.

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