Milei y el arancelamiento de la universidad pública

Créditos y subsidios (vouchers) sólo para algunos estudiantes, los más brillantes. Un acceso a la universidad estatal mucho más restringido. ¿Estarán enterados sus jóvenes votantes?

Sebastián Laza

Es llamativo que Javier Milei sea tan popular entre la franja de jóvenes estudiantes de la universidad pública, ya que la mayoría de ellos, en caso de que el economista sea presidente, pasaría a pagar cuotas similares al de una universidad privada por sus estudios. Recordemos que hoy el arancel para estudiar una carrera en la universidad pública es cero, e inclusive negativo para algunos, ya que reciben becas para poder dedicarse full time a estudiar y así no trabajar.

Pero primero analicemos la realidad del sistema de UU.NN. del país: los números son elocuentes, de todos los inscriptos (nuevos estudiantes y reinscriptos), solo el 5% se recibe anualmente, en el promedio nacional. De esta forma, de aproximadamente 1,7 M de estudiantes que cursan regularmente, anualmente se gradúan solo unos 85 mil. ¿Es poco para toda la inversión que hace el Estado? Sí, probablemente sea poco. ¿Es la solución arancelar? No necesariamente, hay formas alternativas de aumentar la eficiencia del sistema que no implican arancelar.

Es fácil deducir que, con las propuestas de Milei, lo que sucedería sería una contracción fuerte de la matrícula en la universidad pública, ya que las entidades financieras solo darían créditos para estudiar a los alumnos brillantes, los que se reciben rápido y con buenas calificaciones (el mencionado 5%), ya que de esta forma el banco acota el riesgo de impago. Por otro lado, los subsidios (vouchers) del gobierno van a tener seguramente una condicionalidad, y no van a ser para todos, tendrán exigencias de número de materias aprobadas por año, elevadas calificaciones promedio, etc. Es decir, el sistema Milei va a generar que solo estudien en la universidad pública (ya no gratuita) los hijos de familias acomodadas (que no deseen ir a la universidad privada), y los chicos de clase media y/o baja de alto rendimiento educativo, que puedan ser financiados por créditos privados o subsidios estatales de forma indiscutible, o sea unos 100 mil chicos. El resto tendrá grandes dificultades de acceder al sistema público, debiendo buscar otro tipo de solución (privada) a su demanda de estudios superiores.

Para ser justos en el análisis, el sistema en la mente de Milei, con muchas similitudes al chileno, ganaría en eficiencia por peso invertido (a menor matrícula, mayor ratio de egresados sobre total de inscriptos) pero perdería en accesibilidad y amplitud, o sea en equidad, dando un nuevo argumento al eterno debate en economía (eficiencia vs equidad). Es probable que Milei sostenga que el dinero que se va a ahorrar el Estado por achicar los presupuestos universitarios para gastos operativos será destinado a inversión en el mismo sistema universitario (mejores laboratorios, mobiliario, conectividad, becas para posgrado en el extranjero, etc.), lo que es razonable en su lógica de mayor eficiencia (excelencia educativa). 

Sin embargo, sería importante que los estudiantes simpatizantes de Milei lleguen a deducir estos efectos, para así tener más claro lo que estarán votando en agosto y octubre/noviembre de este año: un sistema universitario estatal arancelado y con mucha menor accesibilidad, inclusive la accesibilidad de ellos mismos, los votantes de Milei.

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