Y ahora Sres. legisladores, a le-gis-lar

Tendremos nuevo Presidente pero, ¿tendremos nuevo país? Escribe el Dr. Eduardo Da Viá.

Eduardo Da Viá

Este domingo habrá de finalizar el mandato del peor gobierno de la triste historia política argentina.

Nunca como en este cuatrienio se dio la deletérea asociación de deshonestidad, incapacidad, corrupción, desfachatez, mitomanía y voracidad por el poder; todo esto con total desprecio por las necesidades crecientes de la población que se hundía y hunde en el cenagoso terreno de la pobreza y el hambre.

Qué le pasa a la Argentina

Titular frecuente en numerosos periódicos y revistas extranjeras, cuyos editores sorprendidos no logran entender el milagro inverso del logro de los políticos argentinos cual es la destrucción de las bases de sustentación de una nación que se preciaba de tal.

La Argentina en que nacimos los hoy mayores de 60 años, ya no existe, yace en ruinas vanamente escondidas en los edificios donde se guarecen los destructores: Casa Rosada, Quinta de Olivos, Parlamento, Jefatura de gabinete, Palacio de Justicia, Ministerio de Educación, Jefatura de Policía, Almirantazgo, Justicia Federal con la supremacía absoluta de nuestro Juez Bento, orgullo de los mendocinos por cuanto al parecer somos depositarios del más corrupto de los jueces federales etc. etc. y sus respectivas equivalencias en las provincias kirchneristas.

El proceso eleccionario que llega a su fin con la definición de la Presidencia, sumió a la Argentina en el período más feroz de la lucha política, transformado en el leitmotiv del accionar de los candidatos probables y seguros y ante la inacción cómplice del parlamento que se retiró a hibernar

Durante dos años la Nación perdió su rumbo primero hasta paralizarse después, descendiendo en cuanta categorización internacional se considere.

Párrafo aparte merecen las dos máximas autoridades del país, Presidente y Vicepresidenta.

El primeo parece haberse tomado un año sabático, dedicado a viajar por el mundo y firmar convenios bilaterales de dudoso beneficio para el país, ajeno a las vicisitudes electorales, no ha participado para nada apelando a la comodidad del eclecticismo que debe respetar, pero sin dirigirse ni una vez al electorado aunque más no sea para exhortarlo a participar y definir con su voto a su sucesor.

La Vicepresidenta intertanto se abroqueló en sus distintas madrigueras para urdir acuerdos con la justicia corrupta que habrá de continuar con las numerosas causas que se le imputan, incluido nada menos que la prisión en suspenso como consecuencia de uno de los juicios que enfrenta y que solo aguarda la pérdida de sus inmerecidos fueros para continuar su curso.

Por mi parte le recomiendo a la Sra. tenga una charla con el Juez Bento para asesorarse de la sensación que se experimenta cuando se pasa de la supuesta impunidad, a la intimidad de la celda carcelaria, previo desfile esposado ante el atónito público.

Intertanto y en su condición de vicepresidenta del Senado, solo llamó a sesionar una vez en el año, desidia de la cual medraron los senadores que no por ello dejaron de percibir sus descaradas dietas.

En ninguno de los numerosos viajes de Alberto Fernández se cumplió con el protocolo de dejar en funciones a la Vicepresidenta, tal como señala la línea sucesoria presidencial:

Línea sucesoria presidencial

1. º Vicepresidente

2. º Presidente provisional del Senado

3. º Presidente de la Cámara de Diputados

4. º Presidente de la Corte Suprema

Ante el estado de acefalía de hecho, a nivel presidencial, el recientemente designado Ministro de Economía, sin avales profesionales para ello dado que es abogado sin especialización en economía, se erigió en el mandamás de la nación, remedando la famosa historia de la Santísima Trinidad: tres personas distintas y un solo Dios Verdadero: Massa.

El Parlamento también merece un párrafo aparte y es el destinatario principal de estas palabras.

Entre Senadores (128) y Diputados (257) se alcanza la bonita suma de 357 parásitos que solo se reunieron en 4 oportunidades, una los primeros y tres los segundos. A los valores oficiales de sueldos, falaces casi seguramente, se han embolsado 4000 millones de pesos, sin mencionar el emolumento percibido por la vicepresidenta que ronda los 5 millones, hay versiones de 9, mensuales, lo que agregaría otros lindos 60 o 100 millones al cabo de un año de 0 gestión.

Para ilustración general me permito recordarles a mis lectores, que los proyectos de ley pueden provenir del Presidente de la Nación, de la Cámara de Diputados, o de la Iniciativa Popular con el requisito de la firma del 1.5% del padrón electoral utilizado en la última elección de legisladores.

Nadie lo hizo, ni los que supuestamente conociendo las necesidades de la población desean hacer transformaciones que requieren del aval de leyes concretas a tal efecto; y quién mejor que el propio Presidente o los diputados, representantes del pueblo del cual provienen, muchos de ellos pertenecientes originalmente a las clases sumergidas que saben de necesidades no cubiertas por la leyes vigentes.

Pero no, llegados al poder se olvidan de su origen y hasta reniegan de él y se dedican a asegurarse su futuro con creces atornillados a la banca que la ciudadanía les confió.

En cuanto a la iniciativa popular, poco es lo sucedido desde su regulación por ley de 1994. Se han presentado dos proyectos y uno en curso, y recientemente como se aprecia en el título de un matutino porteño:

23-04-2022 14:29 - Ciudad de Buenos Aires

Costa Salguero: la primera iniciativa popular que llega a la Legislatura porteña.

Está referida a la anulación de la ley que permite enajenar terrenos costeros, de dominio público, en la zona de Costa Salguero.

Vale decir que los argentinos todos somos responsables de la parálisis legislativa, pero lo que debe quedar bien claro es que los que están elegidos para ello no lo hagan.

Mañana tendremos nuevo Presidente, pero ¿tendremos nuevo país?

Lamentablemente no lo creo, cuando la mugre y la inmoralidad están percudidas en las entrañas de una nación, se requerirán años de utópicos nuevos gobiernos honestos, idóneos y trabajadores por el bien común.

De lo que sí estoy seguro es que tanto yo como los más de 12 millones de argentinos con edades de 60 años y superiores, no lo veremos.


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