Podés juntarte con cualquiera, excepto con algún minero

La demonización de una actividad, de la que también son cómplices funcionarios y autoridades, es un camino que le jugó en contra al actual gobernador. Intentó proyectar, pero ahora sólo puede pensar en mantener y no estar peor.

Para nadie es un misterio que el arranque de la actividad legislativa bajo la administración de Rodolfo Suarez fue intenso. También está claro que lo seguirá siendo un tiempo más, por lo menos hasta que se defina si el PJ le permitirá al gobernador tomar deuda para poder realizar obras y si le dará apoyo para avanzar con el roll over.

Pero más allá de los propiamente legislativo, quedaron algunas heridas abiertas después de la fallida reforma a la 7722 y continúan los pases de factura. En ese contexto, me llamó poderosamente la atención algo ocurrido esta semana cuando se cruzaron el demócrata Guillermo Mosso y el senador de Protectora, Marcelo Romano. En los idas y vueltas, Romano le reclamó que tomaba café con los mineros, refiriéndose -según entiendo- a los empresarios del sector. "Me reúno con ellos como con otros empresarios", manifestó el diputado del PD.

En ese momento confirmé -una vez más- que el grado de "demonización" que hay hacia la minería desde los sectores que se oponen a su desarrollo es altísimo y no se detiene. Eso porque -según se desprende de las palabras de Romano- por el sólo hecho de tomar un café con un representante de algún sector relacionado con la minería sos considerado y apuntado casi como si fueras un delincuente.

A pesar de que la actividad minera es totalmente válida, es tal la campaña en contra que se realiza -desde todos los sectores interesados- que intentan dar a entender que la minería es una actividad que roza la ilegalidad y que si hablas con alguien del sector o te reunís sos lobbista o te pagan. No es algo ajeno, porque incluso así me han catalogado en las redes sociales antimineras, como un periodista chileno lobbista de las empresas.

Pero ese grado de "denomización" no está sólo impregnado en el seno de los movimientos que están en contra de la industria, porque llega incluso a las autoridades. A modo de ejemplo, podemos mencionar que algunos empresarios mineros que intentaban invertir en Mendoza durante el mandato de Francisco Pérez tenían que entrar casi camuflados a Casa de Gobierno porque nuestros representantes políticos no querían que se supiera que se reunían. Era algo inentendible porque a lo que venían era a hablar de las inversiones que querían hacer en Mendoza, algo que era público y que los empresarios no tenían problema en comentar.

Peor fue durante la gestión de Cornejo, porque directamente no los recibían y querían evitar cualquier contacto para que "no se prestara para malas interpretaciones". Se mostraba claramente un perfil discriminatorio, porque no hay nada más normal que los posibles inversores se reúnan con las autoridades. Por lo menos es normal en el resto del mundo. ¿A qué otro inversor le harían eso en Mendoza? La respuesta es simple, a ninguno, excepto a los mineros.

Entonces, cuando nos encontramos con manifestaciones masivas en las calles apuntando a la minería como si fuera el diablo, las autoridades que antecedieron a Rodolfo Suarez también tienen responsabilidad en el revés que tuvo la máxima autoridad provincial. Incluso puertas adentro de Casa de Gobierno también hay funcionarios y empleados que criminalizan la actividad minera, por lo que el nuevo mandatario tenía al enemigo más cerca de lo que pensaba.

Si la lógica de todo fuera la de Romano, debería pensar que los periodistas y legisladores que se reúnen con empresarios de otros sectores están acordando a espaldas del mundo. Pero no, no es así, porque la cercanía del legislador con los sectores empresarios y también con los trabajadores es parte del rol que deben cumplir y tienen que reunirse, una, dos y cien veces, lo mismo que para el periodista.

Y si somos claros y directos -sólo por mencionar un caso- las reuniones entre los empresarios del sector vitivinícola con legisladores, funcionarios y periodistas son recurrentes y nadie se espanta ni es apuntado con el dedo y menos acusado de lobbista.

La cuestión es clara, la minería fue demonizada a niveles increíbles y con el poder de las redes sociales y la desinformación se logró amplificar el efecto. Sin embargo, no fue el único lugar porque dentro de los círculos políticos también se hizo un trabajo para generar esa imagen.

Entonces, el gran pecado de Suarez fue ir de frente, hablando sin problemas y claramente de una actividad que es lícita y que va a seguir siéndolo aunque haya protestas y se corten las calles. Su gran pecado fue pensar que la anormalidad que generaron sus antecesores y gran parte del espectro ante el tratamiento de la actividad no le iba a afectar. El gran pecado de Suarez fue pensar en el futuro y pensar en desarrollo, cosa que no resultó y que ahora lo obliga a volver a pensar en cómo cubrir esto, aquello y sostener en pie incluso a aquellos mismos que se hicieron fuerza en su contra en la discusión minera.

Si se pregunta acaso esta columna es una defensa de la actividad minera, la respuesta es sí. Si se pregunta acaso los empresarios mineros me pagaron por esta columna, la respuesta es no. Si se pregunta si voy a cambiar mi posición frente a la actividad ante las masivas marchas, la respuesta es por supuesto que no.

Esta nota habla de:
Más de Opinión
Sonámbulos caminando hacia la crisis

Sonámbulos caminando hacia la crisis

El análisis económico desde la perspectiva de Alejandro Nadal, economista de La Jornada de México y consejero editorial de SinPemriso.info.
¿Por qué la selección natural no elimina los trastornos mentales?
Ciencia

¿Por qué la selección natural no elimina los trastornos mentales?

Un trabajo de investigación publicado en Nature Communications por el prestigioso genetista islandés Kari Stefansson y sus colaboradores, comentado por Julio Rodríguez. Comunicado por SinPermiso.info.
El doble papel de la agricultura en la acción climática
Ana R. Ríos

El doble papel de la agricultura en la acción climática

Un informe de Ana R. Ríos para el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).