Réquiem por la infancia: De "We Are the World" al candado.

La cárcel como síntoma de un Estado que llegó tarde a todas partes.

Marcela Muñoz Pan

La cárcel como síntoma de un Estado que llegó tarde a todas partes.

A 41 años de que el mundo cantara "Nosotros somos el mundo", el proyecto de bajar la edad de imputabilidad en Argentina suena a acta de rendición. Es el reconocimiento oficial de que, como sociedad, nos declaramos incompetentes para ofrecerle a un pibe algo más que una celda. Les dejo la canción para recordar:

El hambre no se imputa. No podes pedirle "responsabilidad penal" a un chico que el sistema condenó antes de nacer. En un país donde más de la mitad de las infancias son pobres, la verdadera ocupación es la falta de futuro. Ocupamos sus barrios con droga y, cuando el pibe reacciona con violencia, la respuesta es el código penal, no el plato de comida o su educación, su reeducación. Bajar la edad es la salida fácil para las cámaras: nos escandaliza el pibe con visera del barrio, o el que te limpia el vidrio, pero no el del Barrio Privado, la hipocresía la tenemos incorporada día a día. Pero nos parece pragmático que el Estado abandone su rol de protector.

Bajar la edad a los 13 años nos alinearía con la región, pero sin la infraestructura de los países desarrollados. En Europa, imputar es activar un sistema de tutores y psicólogos; en Argentina, sin presupuesto, es agrandar la antesala del olvido, con celulares para hablar con narcos o policías cómplices. La ciencia y UNICEF coinciden: bajar la edad no baja el delito. Al contrario, la cárcel temprana es la universidad que perfecciona al delincuente. Mi humilde opinión.

La casona en Rivadavia que volvió a respirar

Hay que darle al pibe un arma de construcción masiva: un violín, un teclado, una consola de programación o un pincel que brille con más potencia que cualquier pistola. La seguridad real no es una celda vacía, es una mente ocupada por la creación. El pibe que roba es el síntoma de una ocupación previa: su barrio fue conquistado por el narco porque nosotros abandonamos el territorio de la belleza. La única salida soberana es una irrupción cultural sin precedentes que le devuelva a cada chico el derecho a imaginar que su vida puede ser una obra maestra.

Si Michael Jackson y Lionel Richie escribieran hoy la canción, no hablarían de enviar barcos con comida; hablarían de desarmar la maquinaria que fabrica pobres. La seguridad no nace de la policía, nace de la soberanía sobre la vida de nuestros pibes. Si no los recuperamos de la exclusión, no habrá cárcel lo suficientemente grande para contener el fracaso de nuestra civilización. Sino se reeduca y recuperan estas infancias, adolescencias sería un muy Requete feo.

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