Suarez, su realidad paralela y la oportunidad perdida

Un análisis negativo del discurso de Rodolfo Suarez ante la Legislatura y las acusaciones también contra su antecesor, Alfredo Cornejo. Daniel Urquiza ofrece su opinión sobre el presente y a proyección consecuente.

Daniel Urquiza

La llegada del 1° de mayo en nuestra provincia se caracteriza por las expectativas que genera el inicio del año legislativo y por consiguiente la necesaria rendición de cuentas y anuncios que suponen el futuro que depara a las mendocinas y mendocinos para este año.

Con una agenda política, económica y social atravesada por la pandemia, el gobernador Rodolfo Suárez tuvo que apelar a leer un discurso centrado en tópicos coyunturales que intentaron justificar los males que padece nuestra provincia, sin ninguna autocrítica y con la ya conocida estrategia de culpar a otros de nuestros problemas, perdiendo la oportunidad de sacar, a la discusión política, de esa mediocridad que promueve el gobierno provincial. Su visión de las cosas lo coloca en una realidad paralela alejada de la realidad que vemos cuando transitamos las calles mendocinas.

Sin lugar a dudas la salud es el gran tema que nos moviliza minuto a minuto. La situación sanitaria de Mendoza es de las más endebles del país, aunque exista una negación de esta realidad por parte del Gobierno, que se demuestra en los hospitales colapsados, personas que mueren en la puerta de OSEP esperando atención médica, camas UTI al límite, como así también las camas con oxígeno -algo que no había ocurrido en la primera ola de la pandemia-, personas que transitan la enfermedad sin ningún tipo de seguimiento médico, entre otros aspectos que se pueden profundizar en el informe de Fundación Salud Inclusiva. La realidad es que los más de 20 fallecidos diarios en los últimos días y el crecimiento exponencial de contagios afirman que Mendoza no está nada bien en materia sanitaria y con tendencia a empeorar.

Por eso es que llama la atención que en su discurso, el Gobernador, insista con responsabilizar al Presidente Alberto Fernández, cuando ha decidido, a lo largo de toda la pandemia, desoír las recomendaciones nacionales y poco ha dicho de cuestiones que deberían ser materia de preocupación y que son responsabilidad exclusiva de la provincia. Dedicarle párrafos a la cantidad de vacunas que han llegado a la provincia, conociendo las dificultades que el Mundo presenta en ese sentido y lo bien posicionada que se encuentra la Argentina en ese contexto, y no decirnos cómo piensa dotar de camas UTI a los Departamentos de San Carlos y Tupungato a esta altura de la pandemia, resulta, al menos, desfachatado.

Todos debemos recordar que el gobierno de Mendoza paso el 2020 dando conferencias de prensa donde, para diferenciarse del gobierno nacional, apelaba a la apertura haciendo prevalecer las decisiones de la economía por sobre las decisiones sanitarias, por aquél entonces instaló fuertemente ese "antagonismo" que hoy intenta desconocer, pero lo que sorprende aún más es que el Gobernador diga, sin mayores tapujos, que "las herramientas económicas que maneja una provincia son limitadas y eso hace que la suerte de Mendoza, en gran medida, esté atada al rumbo de la economía del País". Nuevamente deslindando responsabilidades ante un fracaso anunciado.

Lo cierto es que "la suerte de Mendoza" pareciera que no es la misma que la de otras provincias, las de Cuyo sin ir más lejos, esas provincias que mirábamos con desprecio desde Mendoza, hoy cuentan mejores indicadores que los nuestros en el mismo contexto. Mendoza es la provincia con más pobres de la región Cuyo (44%), en cuatro años -gobierno de Cornejo y sin pandemia- se duplicó el desempleo pasando de 3.8% en 2016 al 9.8% en 2019 y superando el 10% en 2020, datos de una herencia que Suárez decide no adjudicar políticamente a su antecesor.

El discurso del Gobernador hizo hincapié en otro tema que tiene alcance nacional, la famosa presencialidad escolar y poco a poco se suma a este nuevo "antagonismo", en este caso "salud o educación". Según Suárez "en Mendoza somos defensores de la presencialidad educativa", como si hubiera alguien que pensara que la presencialidad no es lo mejor que le puede pasar a un estudiante. Lo cierto es que desde aquél momento en que Alberto Fernández anunció la suspensión de clases en las zonas comprometidas sanitariamente, la oposición nacional, a la que adhiere nuestro Gobernador, tomó "la presencialidad" como bandera para confrontar y profundizar esa grieta de la que sacan provecho algunos.

Los especialistas coinciden, a mayor circulación de personas, mayor cantidad de contagios, tan simple como eso. Ante esta afirmación lo más creativo que ha propuesto el gobierno de Mendoza es atornillar las ventanillas de los colectivos para que permanezcan abiertas. Alcanza con subirse al transporte público en horario escolar para dimensionar por dónde pasa la decisión de suspender las clases de forma presencial, alcanza con ver cómo a partir de un contagio, se ven obligados a cerrar burbujas y luego escuelas completas por semanas.

Este juego perverso que nos proponen inicia un nuevo capítulo hoy en Mendoza, la situación sanitaria, como era de prever, ha empeorado y nos coloca en la mira del decreto presidencial de suspender las clases, el gobierno mendocino, fiel a su estilo, dará inicio a un nuevo conflicto del que intentará sacar provecho político, sin importarle demasiado las consecuencias sanitarias que ello conlleve.

En líneas generales el discurso de apertura de sesiones de la legislatura mendocina, quedará en el olvido. Lamentablemente nos encontramos con un gobierno que sigue eligiendo el camino del conflicto con el gobierno de Fernández para no asumir sus responsabilidades, un gobierno que decide esconder a sus funcionarios frente al pedido de la oposición y así evitar dar respuestas a preguntas que nos hacemos todos.

Suárez desperdició una nueva oportunidad de convocar al diálogo y construcción de consensos a las fuerzas políticas, económicas y sociales para encontrar un horizonte frente a esta pandemia, no alcanzó con la creación del Consejo Económico y Social, que de por sí quedó escaso en representaciones, sino que lo involucró innecesariamente en una caprichosa y mezquina reforma constitucional que está lejos de representar las necesidades de mendocinas y mendocinos.

La pandemia puso un momento histórico frente nuestro y con ello la gran oportunidad de sacar lo mejor de nosotros y nosotras para dejar de lado los egoísmos, la hipocresía, el individualismo y la política debiera ser la herramienta que nos permita dar ese salto cualitativo, por el momento, en Mendoza estamos desperdiciando una oportunidad histórica.

EL AUTOR. Daniel Urquiza es militante del PJ en Las Heras.


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