Susana Giménez, la pobreza y el campo

El académico Pablo Lacoste aprovecha la salida a escena de Susana Gimenez para abordar un tema del que él sí sabe. Muy interesante aporte del historiador argentino para Memo.

Pablo Lacoste

Las recientes declaraciones de Susana Giménez sobre la pobreza y el campo han abierto una excelente oportunidad para reflexionar, más allá del superficial mundo de la farándula. Porque la estrella de TV vuelve sobre un tema en el cual ha tenido un protagonismo notable: el desarrollo económico de las zonas rurales.

¿Cuál es la estrategia de los países avanzados para lograr que los territorios rurales puedan desarrollarse, elaborar productos con alto valor agregado, incrementar su rentabilidad, ingresos y calidad de vida?

Es muy simple: promueven los productos campesinos potenciados con sus Denominaciones de Origen. Los campesinos de la Rioja española viven bien gracias a sus vinos; lo mismo los de Rivera del Duero y Jerez. Otro tanto ocurre con los campesinos de Portugal, que elaboran el famoso vino de Oporto. O los franceses de la Champagne, de Borgoña o de Burdeos.

Ellos logran salir de la pobreza a partir de la elaboración de productos de alta calidad, apoyados en sus paisajes culturales y su identidad. Eso está comenzando a hacerse en Argentina con productos valorizados como el Salame de Colonia Caroya, el melón de Media Agua, los vinos del Paraje Altamira o Gualtayarí. Peso el lugar de origen, con sus climas, suelos, cultura y tradición.

Antes de estos productos, teníamos otros muy afamados, entre ellos, el Aguardiente Cuyano; este era el destilado más famoso de Argentina; se consumía con un nivel equivalente al fernet actual. La diferencia era que mientras el consumo de fernet, con sus 40 millones de litros al año, beneficia a una sola empresa, cuando teníamos el Aguardiente Cuyano, el consumo de aguardiente beneficiaba a decenas de miles de pequeños viticultores de San Juan y Mendoza.

¿Qué tuvo que ver Susana Giménez con esto? Ella participó del proceso de decadencia del Aguardiente Cuyano, al prestarse para promover un producto de fantasía, que lo vino a invisibilizar, ningunear y enterrar: el "coñac Tres Plumas".

¿Qué ocurrió? En el marco del paradigma francés, y la admiración irrestricta a todo lo que venía del prestigioso mundo europeo, surgió en Argentina una corriente cultural orientada a ocultar los productos típicos tradicionales, entre ellos, el Aguardiente Cuyano. En vez de ello, el producto se comenzó a disfrazar con ropajes copiados de Europa; surgió así el "Coñac Tres Plumas", hecho en San Juan. El nombre "Coñac" era una falsificación del aguardiente francés; y las Tres Plumas pretendían demostrar los vínculos de amistad del dueño de la empresa con la corona británica. (Claro, antes de la guerra de Malvinas).

Con esos elementos, la empresa Dellepiane promovió el aguardiente cuyano, con maquillaje europeo, para seducir al mercado argentino. Y en vez de mostrar con orgullo los viñedos y paisajes culturales de nuestros valles vitivinícolas, se contrataban figuras de TV de la época, como Mirta Legrand, Susana Giménez, Teté Coustarot, entre otras. La imagen de abajo fue tomada justamente, en una sesión de fotos para esa campaña.

La campaña publicitaria masiva de Dellepiane, usando la imagen de Susana Giménez sirvió para seducir el mercado y multiplicar las ventas. La fantasía de la diva ayudó a posicionar la marca del producto y multiplicar las utilidades de la empresa. Mientras tanto, los pequeños productores de aguardiente que no tenían recursos financieros para pagar el abultado cachet de la diva, debieron conformarse con perder mercados, languidecer, y prácticamente, desaparecer.

En este proceso hubo ganadores y perdedores. Ganaron unos pocos: la empresa Dellepiane y las estrellas de TV que sirvieron de imagen y cobraron honorarios jugosos por ello.

Perdieron los miles de pequeños viticultores que se quedaron sin mercado y deambularon en la pobreza. Como el campo no les daba oportunidades, tuvieron que irse a las ciudades a ganarse la vida.

Ahora, 50 años más tarde, Susana Giménez vuelve sobre el tema. En sus vacaciones de Punta del Este, la diva propuso que "si hay mucha pobreza que la gente vaya al campo. Nosotros fuimos siempre el granero del mundo y hay que enseñarle a la gente, por ejemplo, del Norte a plantar, a tener gallinas en el gallinero. Qué sé yo, cosas..."

La Diva propone "enseñarle a plantar", después de haberse enriquecido con servicios que ayudaron a concentrar el mercado en pocas marcas controladas por grandes empresas, en detrimento de los pequeños productores.

Lo que tenemos que hacer es exactamente lo contrario a lo que hizo Susana Giménez: en vez de trabajar para las marcas, promover los territorios y los productos patrimoniales. Esa es la forma de salir de la pobreza.

El problema es que los políticos todavía no lo entienden. Por eso las débiles respuestas que "Su" ha recibido por parte de nuestros dirigentes. Entre las pocas excepciones podemos mencionar al intendente de Guaymallén, Marcelino Iglesias, que sí está comprometido con el desarrollo de productos típicos basados en el patrimonio ancestral, tal como expresó el 12 de noviembre pasado al anunciar la decisión de impulsar la D.O. "Espumante de Guaymallén". Los gestos y palabras de Susana Giménez nos ha ayudado a entenderlo.

Pablo Lacoste

Académico Universidad de Santiago.

Autor de "La vid y el vino en el Cono Sur de América"

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