Estados Unidos: del capitalismo al clientelismo

El economista Martín Krause sostiene que la economía estadounidense ya no responde a los principios del capitalismo, sino a un sistema de privilegios, favores y búsqueda de rentas. Un debate teórico que interpela tanto a críticos del mercado como a liberales clásicos.

¿Puede seguir calificándose a Estados Unidos como un país capitalista? Para el economista argentino Martín Krause, la respuesta es negativa. En una reciente entrada de su blog El Muro de Martín, el académico plantea que el sistema económico estadounidense dejó de ser capitalista y se transformó en un régimen de clientelismo, caracterizado por el entrelazamiento creciente entre poder político y elites económicas.

El planteo se apoya en un trabajo académico de profesores de la George Mason University -André Quintas y Peter J. Boettke- que revisa las distintas interpretaciones del capitalismo de amigos o cronyism desde la tradición de la Economía Política de Virginia. El artículo parte de una paradoja central: tanto los críticos del capitalismo como los pensadores liberales clásicos condenan los privilegios, la captura del Estado y la búsqueda de rentas, pero llegan a conclusiones opuestas sobre su origen.

Para los críticos, estas distorsiones son consecuencias inevitables del capitalismo. Para los liberales clásicos, en cambio, representan una traición a sus principios fundacionales. Krause retoma este debate y plantea dos preguntas clave: si el sistema actual refleja realmente al capitalismo y, si no lo hace, cuál es su verdadera naturaleza.

En esa línea, el análisis remite a los aportes de James Buchanan, Gordon Tullock y Robert Tollison, quienes desarrollaron la teoría de la búsqueda de rentas, mostrando cómo los actores económicos utilizan el poder político para obtener beneficios privados. Sobre esta base, economistas como Randall Holcombe y Richard Wagner coinciden en que el sistema contemporáneo se describe mejor como clientelismo que como capitalismo, aunque discrepan sobre su origen.

Holcombe interpreta el favoritismo estatal como una distorsión del sistema de libertad natural de Adam Smith: una consecuencia no deseada, pero inevitable, del propio capitalismo. Wagner, en cambio, sostiene una visión más radical: el clientelismo no sería una desviación del capitalismo, sino una característica estructural de todo sistema económico donde política y economía se entrelazan. Desde esta perspectiva, el favoritismo no surge del capitalismo, sino que lo precede y condiciona su desarrollo.

Krause subraya que, pese a sus diferencias, ambos enfoques coinciden en un punto central: el sistema vigente en Estados Unidos ya no puede definirse como capitalista en sentido estricto. La proliferación de subsidios selectivos, regulaciones hechas a medida, rescates financieros y alianzas entre grandes corporaciones y el Estado configura un entramado de intereses que poco tiene que ver con la competencia abierta, la igualdad ante la ley y el riesgo empresario propios del capitalismo clásico.

El debate no es meramente académico. Según Krause, confundir clientelismo con capitalismo tiene consecuencias políticas profundas: alimenta el descrédito del mercado, legitima un mayor intervencionismo estatal y oscurece las verdaderas causas de la desigualdad y el estancamiento económico. En lugar de cuestionar los privilegios, se termina cuestionando al sistema de mercado en sí.

Desde El Muro de Martín, el economista propone recuperar la distinción conceptual entre capitalismo y clientelismo para comprender mejor las fallas del presente. No se trata -sostiene- de defender un sistema idealizado, sino de reconocer que la erosión de las reglas del juego, impulsada por la connivencia entre poder político y económico, ha dado lugar a un orden distinto, donde los incentivos ya no premian la innovación y la productividad, sino el acceso al favor estatal.

En ese diagnóstico, Estados Unidos aparece menos como la encarnación del capitalismo y más como un caso paradigmático de cómo el clientelismo puede vaciar de contenido a un sistema que alguna vez se definió por la libertad económica.

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