Un verano no hace golondrina

"Cuando desde toda la comunidad internacional se oyen voces llamando a ambas partes a que pongan fin a las hostilidades, nos encontramos con algunas excepciones en las que no podía faltar, lamentablemente, nuestro país".

Sergio Bruni

"Imagina a toda la gente viviendo la vida en paz... Puedes decir que soy un soñador, pero no soy el único, espero que algún día te unas a nosotros y el mundo vivirá como uno". John Lennon.

Si nos ponemos a revisar la historia de la humanidad, encontraremos vastos ejemplos de contiendas o enfrentamientos entre distintos grupos de pertenencia. Creencias religiosas, distintos colores de piel, intereses políticos, límites geográficos, diferencias de género, disparidades culturales, desencontradas ideologías filosóficas, entre otras tantas "justificaciones" que hemos creado los seres humanos para dividir, para separar, para empoderar o desapoderar, para oprimir e incluso para matar.

Hoy, en un mundo lastimado por una crisis sanitaria, un momento histórico en el que creímos haber aprendido algo del resultado de la unión de los pueblos, de la solidaridad humana, en este mismo mundo una vez más vuelve a desencadenarse una injustificada guerra entre dos de estos grupos. Judíos y palestinos, enfrentados nuevamente por la creencia de estar luchando por lo justo, por lo propio, por lo válido.

No resulta del todo claro cuáles fueron las acciones que desencadenaron esta nueva escalada de violencia en la franja de Gaza pero lo cierto es que ha comenzado y, (aunque tregua de por medio luego de 11 días de feroces ataques) puede transformarse en un conflicto regional, e incluso internacional en la medida que los distintos estados tomen partes.

Hasta ahora la información manejada revela que, aparentemente, los hechos comenzaron cuando el día 13 de abril la policía israelí ingresó en la mezquita Al-Aqsa para cortar los cables de los altavoces a través de los cuales se transmiten las oraciones a los fieles musulmanes, con la finalidad de que el discurso que iba a pronunciar el presidente israelí, Reuven Rivlin, en el Muro de los Lamentos no fuese interrumpido por aquellos rezos. Fecha en la que, coincidentemente, comenzaba el mes sagrado del Ramadán para los musulmanes pero también es celebrado el Día del Recuerdo en Israel.

Esta incursión policial en la mezquita fue una de las acciones que tuvieron como respuesta (o justificación) menos de un mes después, la reanudación de la guerra entre Israel y Hamás (grupo militante considerado terrorista), que gobierna la Franja de Gaza, y al estallido de los disturbios civiles entre árabes y judíos en el propio Israel. La escalada ha sido mucho más veloz de lo que se pronosticaba y ha dejado hasta ahora un saldo de cientos de fallecidos de ambos lados, hogares destruidos, futuros quebrantados, protestas alrededor del mundo y esperanzas de paz duraderas, rotas.

Vamos a tratar de conocer un poco la histórica raíz de este conflicto sin volvernos demasiado técnicos ni extensos, ya que hay visiones variopintas, pero resulta imprescindible para comprender qué es lo que realmente está sucediendo.

En cuanto a la geopolítica, el espacio territorial que ocupa Palestina ha tenido un importante significado estratégico ya que es una ruta comercial de importancia entre continentes y como tal ha albergado diversas culturas aunque siempre existió una mayoría de pueblos árabes.

Por otro lado, desde la visión religiosa, Jerusalén es el hogar de la Iglesia del Santo Sepulcro donde los cristianos creen que Jesús fue enterrado, pero también es el hogar de la mezquita Al-Aqsa donde los musulmanes creen que su profeta Mahoma ascendió al cielo, y por último, es el hogar de la piedra donde los judíos creen que Abraham vino a sacrificar a su hijo Isaac y donde se encontraban el primer y segundo templo de la antigüedad.

Pero vamos a remontarnos a los hechos más recientes que han enfrentado estos dos pueblos. Británicos y franceses ganaron la administración temporal de las provincias otomanas tras la derrota del Imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial, creando las actuales fronteras de Siria, Líbano e Irak. El Reino Unido a cargo de los Mandatos de Palestina, anuncia por ese entonces el apoyo al pueblo judío para el establecimiento de un hogar nacional en dicha región, de esta manera y por primera vez se divide en dos el entonces Mandato Británico de Palestina.

A partir de entonces la inmigración judía fue en aumento hacia la región, debido en gran parte por la persecución nazi en toda Europa pero también al llamamiento para la creación de un Estado judío en Palestina, lo que no fue bien recibido por los antiguos habitantes árabes quienes se revelaron en distintas ocasiones. Estas rebeliones continuaron hasta 1936 cuando la llamada Revuelta Árabe generó el primer enfrentamiento armado y organizado entre los dos bandos dejando en clara evidencia la imposibilidad de coexistir en un mismo espacio judíos y palestinos. El mandato británico continuó hasta 1948, fecha en que la Organización de Naciones Unidas acordó el reparto de los territorios en dos Estados, uno judío y otro árabe, con extensiones territoriales aproximadamente iguales; pero el 14 de mayo de 1948 Israel declara unilateralmente su independencia, luego de manifestar su rechazo a la propuesta de la ONU para la creación de dos Estados independientes.

Desde ese momento se suscitaron distintos conflictos entre ambas partes, décadas de enfrentamientos, avances territoriales de un lado y del otro, las disputas no han dejado de tener etapas de confrontaciones armadas como la Guerra de los Seis Días (1967), la Guerra de Yom Kipur (1973) y la Guerra de Líbano (1983). Lo cierto es que 85 años de desavenencias advierten de causas profundas en la conflictividad de la región.

Aunque las partes han intentado llegar a acuerdos por medio de negociaciones, que han contado con importantes mediadores, tales como Estados Unidos, Europa y la ONU, lamentablemente, hoy podemos observar que todos esos esfuerzos han resultado infructuosos. Por estos días dilucidamos una pequeña esperanza de paz, ya que hace tan sólo unos días atrás se ha conseguido un cese de fuego y la "voluntad" expresada por ambos contendientes de emprender "un diálogo serio que aborde las causas del conflicto...".

Ahora nos queda por preguntarnos cuál es la reacción de la comunidad internacional frente a este hecho de gravedad durante más de 10 días. No debemos olvidar que cualquier cosa que pase en cualquier parte del mundo nos afecta a todos, en un mundo interconectado donde las fronteras geográficas ya no son rígidas y donde un conflicto de tal envergadura puede resultar en "potencial de desencadenar una crisis humanitaria y de seguridad incontenible en la región" según las palabras del propio Secretario General de Naciones Unidas, António Guterres.

Cuando desde toda la comunidad internacional se oyen voces llamando a ambas partes a que pongan fin a las hostilidades, nos encontramos con algunas excepciones en las que no podía faltar, lamentablemente, nuestro país.

El esfuerzo de mediación más claro hasta este momento lo hizo Egipto, que ha enviado una delegación para intentar que se alcance un acuerdo, logrado al menos transitoriamente, de alto el fuego en Gaza, pero desde la Unión Europa y Naciones Unidas también se han pronunciado ofertas de mediación para el alcance de un acuerdo de paz. Países como Estados Unidos pidieron reducir las tensiones, un llamado al que también se sumó Rusia.

Como podemos observar, los actores mundiales que poseen un serio análisis de las relaciones internacionales y de las consecuencias que esta contienda puede traerle al mundo entero, abogan por un acuerdo de paz sin pronunciarse por ninguno, puesto que la diplomacia así lo requiere, con apego a las normas de derecho internacional.

Sin embargo, también nos encontramos con Estados cuyos comunicados dejan en clara evidencia su inclinación hacia una de las partes, poniendo en riesgo las relaciones vinculares internacionales con uno u otro de los involucrados en esta contienda. Este es el caso de algunos países latinoamericanos, como Cuba y Venezuela, y como si fueran pocos los temas de política interna de los que deberíamos estar ocupándonos, Argentina también se pronunció en contra de los ataques israelíes. No resulta casual que en todos estos casos los gobiernos de turnos sean de marcada inclinación populista.

"La República Argentina expresa su profunda preocupación por el dramático empeoramiento de la situación en Israel y Palestina, el uso desproporcionado de la fuerza por parte de las unidades de seguridad israelíes ante las protestas por posibles desalojos de familias palestinas de sus hogares en los barrios de Sheikh Jarrah y Silwan, así como por la respuesta a través del lanzamiento de misiles y artefactos incendiarios desde la Franja de Gaza", apuntó la cancillería argentina dejando en claro su apoyo explícito a uno de los grupos armados terroristas más peligrosos de la zona y que controla la política interna e internacional en la Franja de Gaza, el grupo Hamás.

De esta manera el presidente Alberto Fernández no sólo puso en riesgo las amistosas relaciones que hemos podido construir con el estado de Israel, sino también, puso en riesgo una vez más la salud de todos los argentinos puesto que paralelamente al conflicto suscitado, Argentina se encontraba negociando la compra de vacunas de origen israelí. Debemos de esperar que este malestar diplomático no repercuta en las tratativas sanitarias, teniendo en cuenta que retorna en la argentina un confinamiento total hasta finales de mayo. La pandemia es la causa pero la pésima gestión nacional en comprar vacunas es la consecuencia de estas nuevas medidas, que incrementarán todos los índices negativos de la economía de nuestro país.

Retomando el conflicto en medio oriente, al momento de la tregua establecida, lo cierto es que el número de bajas de civiles, entre ellos niños, es preocupante; los choques entre los bandos han sido extremadamente violentos, y el potencial de fomentar el extremismo en toda la región aviva el fuego de una crisis general humanitaria. "Los líderes de todas las partes tienen la responsabilidad de frenar la retórica incendiaria y calmar las crecientes tensiones", rezo laico del Secretario General de las Naciones Unidas, que con fervor compartimos.

De allí que el maestro Aristóteles, cuando dedicó a su hijo Nicómaco, el libro sobre ética le dijese que "porque una golondrina no hace verano, así tampoco hace feliz a un hombre un sólo día o un poco de tiempo venturoso"; nos enseñó a la humanidad, que los grandes valores como la paz, deben ser verdaderos, sobre bases sinceras, convincentes, para que de este modo tengan permanencia en el tiempo.



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