Cómo hacen los argentinos para convivir con la elevada inflación

La clase media argentina intenta resistir para mantener su pertenencia, a pesar de que desde el poder los quieren obligar a mirar el pasado y esclavizarlos con temores y amenazas. La columna de Rodolfo Cavagnaro.

Rodolfo Cavagnaro

Argentina viene experimentando altas tasas de inflación desde 2013 y el problema grave que los índices han ido creciendo año a año, lo que habla de un proceso de espiralización. Esto demuestra que el sistema se retroalimenta y se escapa ya del control de los funcionarios. En un año electoral, las incertidumbres se acrecientan y las reacciones de los agentes económicos suelen ser a veces emocionales y otras tanto muy racionales.


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El primer problema que el argentino debe administrar es la pérdida de poder adquisitivo de sus salarios. Aunque reciba aumentos escalonados mensuales no alcanzan porque son aumentos ex post, es decir, después que se produjeron los incrementos de precios y cuando los reciben los precios están subiendo de nuevo. En esa carrera loca nunca saben como es la cuenta, sobre todo cuando los precios se aceleran mucho como los últimos meses.

Algunos adoptan una técnica defensiva. Ante la pérdida de poder adquisitivo, se recurre a segundas marcas, o a marcas propias del supermercado. También es común que en algunas casas se vuelva a hacer pan casero. También las visitas a mercados mayoristas es otra forma de hacer rendir los ingresos, intentando, sobre todo, mantener los niveles de consumo, que están ligados a una cuestión emocional, que significa resistir de cualquier modo, aunque haya que prescindir algunas cosas.

Pero en el caso argentino se está dando una circunstancia y es que, ante la escasez de crédito y la imposibilidad de acceder a elementos de ahorro, aun los que pueden hacerlo, los argentinos se han volcado a gastar. Espectáculos, restaurantes, reuniones de amigos e incluso todo aquello que puedan comprar en varias cuotas, y si es a tasa fija, mejor. Vacaciones (el feriado largo del 25 de mayo fue una muestra que se repetirá el otro feriado del 20 de junio), compra de electrodomésticos y hasta automotores, en los segmentos que pueden hacerlo. Lo que se puede decir, es que la inflación desalienta el ahorro actual y potencia el consumo del ahorro futuro. Es forma de resistir de la clase media.

Alta morosidad

Muchas personas, por efecto de ellos aumentos, que en muchos casos superan los índices inflacionarios, se encuentran afrontando situaciones complejas, donde el objetivo principal es la necesidad de mantenerse, de seguir perteneciendo. Es una necesidad sicológica para poder mantener cierto optimismo, a pesar de haber perdido esperanzas. Así las cosas, hay informes que revelan que 8 de cada 10 argentinos tiene deudas fuera del sistema financiero formal.

Esta forma de endeudarse se constituye tanto tomando préstamos en sectores no bancarios hasta endeudarse con tarjetas de comercios o, incluso, pidiendo fiado con la libreta en el comercio de barrio. El problema es que los argentinos tratan de sobrevivir como puede mientras sus costos se indexan más allá de la inflación y los salarios no crecen al mismo ritmo.

Según un reciente informe de CEPAL se revela que, a diferencia de la mayoría de los países, donde los habitantes toman créditos hipotecarios o bancarios de largo plazo, en Argentina las deudas se toman de corto plazo, para afrontar gastos corrientes. Así, el informe revela que el 64% de las familias se endeuda para comprar alimentos o medicamentos, lo básico en la vida de las personas. En el caso de los hogares donde el único ingreso es de mujeres, el porcentaje llega al 70%.

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El mismo informe da cuenta que un 40% usan el dinero prestado para pago de expensas o impuestos, mientras que un 34% utiliza el crédito pagar arreglos de la casa o el automóvil, así como de algún electrodoméstico o teléfono celular. Un 24,7% usan el crédito para pagar la cuota de un colegio privado y, lo que es más grave, un 29,5% recurren al crédito para pagar alquileres.

En este proceso ya se venía viendo que el achicamiento de los presupuestos familiares que se reflejaba no solo el mayor consumo de segundas marcas sino en resignar ciertas cosas. Por ejemplo, muchas familias no pudieron seguir pagando medicina prepaga y pasaron a la atención en la salud pública. Igual ejemplo vale para quienes sacaron a sus hijos de colegios privados y los pasaron a la educación pública. Y no porque los servicios públicos sean mejores sino porque son gratis.

Otro de los problemas se refleja en el pago de los servicios que, en algunos casos, se lleva el grueso del ingreso familiar el pago de servicios públicos. Pero lo más grave se refleja en la morosidad que registran las familias en muchas obligaciones ya que el avance de la inflación les va comiendo recursos que tenían para afrontar otras deudas. Donde se registra un gran número de caídas en los pagos de los planes de ahorro previo.

Entre los datos relevados surge que el 60.9% de las familias que se endeudaron declararon que tienen atrasos en los pagos de los servicios (alquileres, expensas, telefonía, internet e impuestos) y también en las cuotas de las tarjetas de crédito. Por otra parte, surge del mismo informe que 1 de cada 10 afirmó no le alcanzan los ingresos para pagar las cuotas mensuales de la deuda contraída.

Clase media endeudada y sin crédito

Para sostener sus niveles de vida mínimos acordes al nivel que habían alcanzado, muchas familias comenzaron a atrasarse en pagos de servicios y el problema fue cuando trataron de conseguir un préstamo para pagar toda su deuda. El mercado de créditos está casi cerrado o los disponibles son con tasas muy elevadas, muy superiores a las tasas de inflación. Pero, además, muchas personas no reúnen los requisitos que exigen los bancos para acceder a un préstamo.

Otro dato que trae este informe es que se endeudan más los trabajadores informales que los formales. Y lo grave es que por ser informales deben recurrir a fuentes de financiamiento iguales por su informalidad. Pueden ser amigos, familiares o prestamistas. Esta situación se ve agravada con la aceleración de los índices inflacionarios. Con los índices de marzo y abril y un registro de mayo que seguramente estará por encima del 9%, las perspectivas para estas familias son muy oscuras.

El consultor Guillermo Oliveto afirmó esta semana que "la clase media es una gran construcción simbólica, un lugar de llegada y de pertenencia. Una fuente de identidad, una aspiración, un sueño, una ilusión, una razón de ser. Una luz en la oscuridad de todos los túneles por los que ha cruzado esta sociedad golpeada y maltratada hasta el hartazgo. La clase media es, sobre todo, una historia ".

Por eso plantea, con gran acierto, que a pesar de sentir que les robaron los proyectos, que no pueden articular un imaginario de futuro, que el mundo les queda cada vez más lejos, que no pueden ahorrar, que los obligaron a vivir día a día, y que el miedo a veces los paraliza, los ciudadanos mantienen como pueden algunos consumos arquetípicos de clase media que los hacen experimentar la resiliencia, esa capacidad de adaptación necesaria para enfrentar la adversidad y sobrevivir.

El problema es que esos ciudadanos están hartos de crisis, de frustraciones, de sueños perdidos, de no poder planificar, de no vivir con reglas de juego claras. Los argentinos necesitan saber que hay un camino, que el trabajo y el esfuerzo vuelven a ser la regla para poder edificar su futuro y de sus familias. De lo contrario, seguirán aconsejando a sus hijos que se vayan del país a otro lugar que garantice estas reglas.

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