Villarruel denunció estafa de Wado de Pedro con indemnizaciones a víctimas de la dictadura

La abogada Victoria Villarruel, candidata a vicepresidenta junto a Javier Milei y presidenta del Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas recordó el atentado del 1° de agosto de 1978 contra Armando Lambruschini y realizó una grave denuncia contra el ministro del Interior.

Victoria Villarruel, abogada, candidata a vicepresidenta junto a Javier Milei y presidenta del Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas (una especie de centro "anti CELS) denunció que el ministro del Interior, Eduardo Wado de Pedro "cobra dos indemnizaciones como si sus padres fuesen desaparecidos, pero murieron en combate".

Lo hizo en declaraciones que formuló a Radio Rivadavia, y que pueden escucharse con un clic aquí.

La dirigente libertaria recordó el atentado de Montoneros contra la familia Lambruschini, del que se cumplieron 45 años y dijo: "La verdadera historia de Wado de Pedro es muy diferente a lo que él cuenta en medios. Este es el candidato de CFK a la presidencia y como su jefa hace de la mentira un relato". 


El atentado

El recordado y destacado periodista José Pepe Eliaschev, de quien nadie podría acusar de estar cerca del pensamiento de Villarruel y Milei, hombre de la socialdemocracia, escribió en 2013 un profundo editorial sobre el hecho en cuestión, que leyó en su programa de Radio Mitre (puede consultarse el reservorio de us editoriales con clic aquí).

Textualmente, lo reproducimos a continuación:

Una de las cosas que me han enseñado 49 años de ejercicio del periodismo (en agosto de 1964 comencé a ejercer mi oficio) es que es indispensable, para el ejercicio de esta actividad, no tenerle miedo a las antipatías y no seducirse por las simpatías.

Este comentario probablemente sea molesto para ciertas personas, y también necesario para otras, pero me representa fielmente. Hablo desde mi pensamiento, mi trayectoria y mi sensibilidad.

El 1º de agosto de 1978 una bomba destruyó el departamento en el que vivía la familia Lambruschini, en la calle Pacheco de Melo 1957 de Capital Federal. Era la familia del vicealmirante Armando Lambruschini, entonces subjefe de la Armada durante el régimen del llamado proceso de reorganización nacional. El grupo Montoneros colocó una carga explosiva de 25 kilogramos de nitroglicerina en un departamento colindante con el que ocupaba la familia Lambruschini. El poder del estallido fue tan terrible que derribó, literalmente, la pared colindante, matando en el acto a la chica, Paula, que tenía apenas 15 años y a una vecina, Margarita Obarrio de Villa. También murió el custodio del militar. El 1º de agosto de 1978 esos crímenes fueron parte de una gran tragedia nacional.

No fue el único caso en el que la guerrilla asesinó fríamente, sin detenerse a pensar si torturadores y esbirros, o que no tenían nada que ver. En este caso fue Montoneros. En el caso del llamado Ejército Revolucionario del Pueblo está el caso inolvidable de la hija del capitán Humberto Antonio Viola, asesinado en San Miguel de Tucumán el 1º de diciembre de 1974 junto con su pequeña hija María Cristina, de tres años.

Tal vez no sea demasiado fértil, treinta y cinco años después, reiniciar aquí el debate sobre las razones de aquella violencia, en un programa de radio y en los pocos minutos de un editorial. Pero yo quisiera centrarme en este caso y la situación puntual de una chica de quince años asesinada, destrozada por una bomba. Al día siguiente del crimen, Montoneros pidió excusas. Lamentó que hubiese muerto una chica y alego que el objetivo del atentado era matarlo a Lambruschini.

Armando Lambruschini nació en 1924 y murió en 2004, a los 80 años. Fue designado comandante de la Armada un mes después del asesinato de su hija. Fue uno de los integrantes de las juntas militares juzgado y condenado por el Tribunal Oral en el juicio que inició el presidente Raúl Alfonsín y que llevó a las condenas de 1985. En el caso concreto de Lambruschini, el Tribunal Federal lo halló culpable de treinta y cinco casos probados de secuestros y diez de torturas reiteradas, y lo condenó a ocho años de prisión siendo destituido de su cargo y condición de militar. Formaba parte de la misma junta militar integrada por Roberto Viola y Rubens Graffigna. Lambruschini cumplió dos terceras partes de su condena, porque fue beneficiado por los indultos del gobierno peronista de Carlos Menem.

Quiero pensar hoy en Paula Lambruschini, no en su padre. Quiero reflexionar en una época atravesada por las intoxicaciones de relatos supuestamente míticos, en las interminables desgracias y tragedias perpetradas con el pretexto de un "hombre nuevo" o una llamada "patria socialista". Paula Lambruschini no vivió ninguna patria, ni la socialista, ni la peronista, ni la militar. No pudo vivir. No la dejaron vivir. Las razones alegadas por los Montoneros, como las de los guerrilleros del ERP, pueden rastrearse en infinidad de documentos que anunciaban sus partes de guerra y cuántas personas habían matado en cada operativo.

Si algo breve y pequeño la sociedad argentina aprendió a lo largo de estas décadas es que ése fue un camino demencial y profundamente ilegítimo e injusto. Se anunciaba el parto de un "mundo nuevo" mediante la destrucción y aniquilamiento de los valores más vitales. Ningún valor es más vital que la propia vida, su preservación, la subsistencia de un orden legal y legítimo, aún en el caso de estar viviendo bajo una dictadura insensata, como fue aquella, que hundió al país en el caos, la guerra y la violencia y de la que todavía no nos hemos recuperado.

No necesito certificar mi fe democrática y mi oposición a aquel régimen militar. En 1978 yo vivía en el exilio cuando me enteré, como cualquier mortal, del asesinato de Paula Lambruschini. No hubo de mi parte complicidades, simpatías, ni tolerancia para con aquel régimen. Pero eso no me priva de criticar de la manera más dura ese episodio y exigir que sea debidamente aclarado y condenado por unas autoridades demagógicas, que confundiendo malévolamente a gente joven, enaltecen una época supuestamente mítica, pero esconden bajo la alfombra la suciedad insensata de los asesinatos terroristas.

Ese tipo de violencia no se va a reproducir en el país, o al menos así lo deseamos. Pero es justicia recordar a Paula Lambruschini. Treinta y cinco años después (hoy seguramente ya sería abuela), esta chica no pudo vivir. Esa guerra sucia que los argentinos atravesamos, no hubiera sido posible si desde el primer día la guerrilla no se hubiera lanzado desde 1973 a la guerra contra un gobierno legitimo. Esa fase de la guerra se inició durante la vigencia del estado de derecho, cuando, ya desde 1973 el ERP primero y Montoneros después comenzaron a asesinar gente, durante el gobierno del general Juan Perón. Lo que sucedió a partir de 1976, con la guerra sucia de los militares, es inaceptable e injustificable, pero la responsabilidad del terrorismo fue monumental para que todo fuera mucho peor y más sangriento.

Paula Lambruschini, treinta y cinco años después: es un deber no olvidar éste y otros crímenes.


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