Brasil se retira de la representación argentina en Caracas y expone el punto más bajo del vínculo con Milei
Tras un fuerte cruce político entre Lula y el presidente argentino, Brasil dejó de gestionar los intereses de la Argentina en Venezuela y ese rol pasó a Italia, en medio de una escalada diplomática que golpea al Mercosur.
La relación entre Javier Milei y Luiz Inácio Lula da Silva atravesó esta semana uno de sus momentos más delicados desde el retorno de la democracia en ambos países. El gobierno de Brasil resolvió dejar de representar a la Argentina ante Venezuela, una función que había asumido en agosto de 2024, y notificó a la Cancillería argentina que Italia tomará ahora ese rol ante Caracas.
La decisión fue adoptada directamente por Lula, luego de un episodio que agravó una relación ya deteriorada. El sábado pasado, Milei publicó en su cuenta de X un video de su discurso en la última cumbre del Mercosur, en el que apoyaba la presión de Estados Unidos sobre Venezuela. El mensaje estaba intercalado con imágenes de Lula y cerraba con una foto del presidente brasileño abrazado con Nicolás Maduro, lo que en Brasilia fue leído como una provocación directa.
Ese gesto se produjo además en un contexto particularmente sensible: Lula había tomado distancia de Maduro tras negarse, el 22 de octubre de 2024, a que el mandatario venezolano participara como invitado de la cumbre de los BRICS en Kazán. Por eso, la asociación pública entre Lula y el chavismo difundida por Milei generó un fuerte malestar en el Palacio del Planalto.
Brasil había comenzado a representar a la Argentina en Venezuela el 1 de agosto de 2024, luego de que el gobierno de Maduro expulsara a los diplomáticos argentinos. La crisis se había desatado tras la negativa de la Casa Rosada a reconocer el resultado electoral que permitió la continuidad de Maduro en el poder y el posterior asilo en la embajada argentina de dirigentes vinculados a María Corina Machado. Ante el hostigamiento del régimen chavista, Brasil aceptó hacerse cargo de los intereses argentinos y su bandera fue izada en la sede diplomática en Caracas.
Sin embargo, en septiembre, el gobierno venezolano intentó revocar ese acuerdo, acusando que desde la embajada se realizaban acciones contra altos funcionarios del chavismo. Ese conflicto también reflejaba la tensión entre Caracas y Brasilia, que tampoco había reconocido la victoria de Maduro.
Ahora, con la decisión brasileña de retirarse de esa función, el conflicto bilateral con la Argentina queda expuesto. La relación entre Milei y Lula ya estaba marcada por viejos reproches: el presidente argentino sostiene que Lula intervino a favor de Sergio Massa en el balotaje de 2023, una acusación que Brasil niega, mientras que el mandatario brasileño se siente agraviado por los reiterados calificativos de "corrupto" que recibió de Milei y por su participación en actos políticos de Jair Bolsonaro.
Hasta ahora, los equipos diplomáticos de ambos países habían logrado aislar esas disputas personales para preservar una relación estratégica, clave para el Mercosur y para proyectos energéticos como el suministro de gas de Vaca Muerta al mercado brasileño. Pero el episodio de Venezuela volvió a llevar el conflicto al primer plano.
En paralelo, Milei impulsa una estrategia internacional orientada a articular un bloque de países con gobiernos de derecha, una iniciativa que en Brasil es vista como un movimiento con sesgo anti-Lula. En ese marco, la Cancillería argentina difundió que una decena de países habría rechazado en la CELAC una condena a la intervención de Donald Trump en Venezuela, aunque Brasil y México niegan que ese documento haya existido, ya que en ese organismo solo prosperan decisiones por unanimidad.
Con Brasil fuera de la representación argentina en Caracas y con Italia ocupando su lugar, el clima político entre Buenos Aires y Brasilia se vuelve aún más tenso, justo cuando el Mercosur intenta avanzar en su vínculo con la Unión Europea y otros socios estratégicos.