Lencinas y Civit, un duelo de titanes : "Chusmas de alpargatas" vs "ladrones con zapatos de charol"

Los debates al hueso entre dos políticos adversos: Lencinas y Civit, los pericotes y los gansos. Otro tramo de la historia de Mendoza, contada por Gustavo Capone.

Elecciones para elegir el gobernador y legisladores de Mendoza. Una vez más Civit y Lencinas en el centro de la historia. Fue el 20 de enero de 1918. Domingo mendocino de 40º. Clara polarización entre la Unión Cívica Radical (José N. Lencinas - Delfín Álvarez) y la recientemente constituida Concentración Popular encabezada por la formula Civit - Ruiz, sobre la histórica base de los "conservadores", los "liberales" y los "populares" de Benito Villanueva González. Con voto universal, secreto, obligatorio y el sistema de lista incompleta. "Quiera el pueblo votar".

"(...) el nudo argumental de ambas retóricas haría descansar la rivalidad en dos polos irreconciliables que obtendrían traducción directa en los lemas distintivos que se fueron formulando al calor de la campaña. ‘Chusma de alpargatas' y ‘ladrones de levita y botín de charol', representaron expresiones antagónicas que sintetizaban lo que unos y otros acentuaban para delimitar posiciones, y establecer un antes y después de la vida política provincial". Textual de la excelente investigación de Beatriz Bragoni y Virginia Mellado: "Civitistas, populares, radicales y lencinistas: partidos y competencia electoral en Mendoza (1912-1918)".

Munición gruesa. Sin eufemismos. Dichos descarnados. Había comenzado la campaña electoral de 1918 para la gobernación de Mendoza en medio de sanguíneos debates que acarreaban décadas de enfrentamientos. "El populacho", "los radicales rojos", "la chusma", "la negrada" del "Gaucho" Lencinas contra "los patrones", "los pitucos", "los aristócratas", "los conservadores" de Don Emilio. Y como si fuera poco, una batería de diarios provinciales fogonearán la escena pública, como verdaderas tribunas políticas partidarias, anticipándose a lo que al poco tiempo será un clásico mendocino: "gansos" y "pericotes".

Ellos. Dando la vida

Emilio Civit y José Néstor Lencinas. Testigos directos de un tiempo álgido y de vertiginosos cambios globales. Rivales políticos, encarnando ideologías opuestas. Ambos debieron adecuarse rápidamente a la renovada coyuntura. Un nuevo mundo tras la primera guerra mundial y la revolución rusa. Un nuevo país desde la Ley Electoral Sáenz Peña de 1912 y el triunfo radical de Yrigoyen. Una nueva provincia desde la Constitución Provincial de 1916, que sostenía la elección directa del gobernador.

Los dos también habían sido gobernadores y "sobrevivido" a encarnizados enfrentamientos internos (el día que asumió Civit, "Los Andes", "El Constitucional" y "El Comercio" en sus columnas pusieron un crespón negro). Ambos venían peleando por sus ideales desde mucho antes que el siglo XIX terminara. El 1918 los volverá a enfrentar en el último duelo electoral de sus vidas: ser nuevamente Gobernador de Mendoza.

Y vaya paradoja, más allá del triunfo de uno de ellos, la muerte los alcanzará a ambos en 1920; dos años después de aquella contienda electoral. Habían hecho política por más de 40 años y murieron "idolatrados". Pensaron distinto, pero es indiscutido que están en la historia grande de Mendoza.

"Don Emilio"

Era hijo de otro gobernador mendocino, Francisco Civit. Desde muy chico ejerció la política, será por eso que, decían sus amigos en broma, nació siendo Don Emilio.

Fue Ministro de Hacienda en la gobernación de Francisco Moyano en 1895. Diputado y Senador Nacional. Ministro de Obras Públicas y Ministro de Agricultura en la presidencia de Julio Argentino Roca (1898 - 1904). Dos veces gobernador de Mendoza. En 1898 por breve tiempo, renunciando para ser ministro de la nación y luego durante 1907 y 1910.

Comentaré dos circunstancias solamente de su extensa y fructífera vida pública y política que hoy cobrarían enorme vigencia. La primera; como diputado nacional le tocó defender los postulados de la Ley 1420 (1884) que promovía la educación primaria común, obligatoria, gratuita y de tolerancia religiosa. Piedra fundamental donde se apoyará el reconocido mundialmente (por décadas) sistema educativo argentino. Los fuertes debates de la época contra el ala tradicionalista y conservadora lo tuvieron a Civit siendo una de las voces cantantes de la defensa progresista de los derechos a una educación que cubriera a todos.

La segunda circunstancia es más sensible. Casado con Josefa Benegas (hija de Tiburcio) tuvieron 9 hijos. Lamentablemente 6 hijos murieron por distintos temas vinculados a un sistema de salud inadecuado o inexistente: muertes prematuras, epidemias, falta de recursos técnicos. Dramático panorama. Agrego para dimensionar el cuadro personal: perdió 2 hijos en menos de 24 horas.

Los hechos marcaron a fuego la vida de Civit, pero pintaban claramente la foto de la época. De ahí que su obra como gobernador girará en torno a la creación de un sistema integrado de salud que vinculará la problemática general en su conjunto.

En su gobernación, se levantó el Hospital Provincial que hoy llevará su nombre. Generó de las aguas del Río Blanco la planta de potabilización que alcanzó a gran parte del gran Mendoza. Inauguró una extensa red de cloacas que abarcó prácticamente toda la Ciudad. Creó la Dirección General de Saneamiento y promovió la inspección veterinaria para prevenir la rabia y educar sobre los flagelos que acarreaban la triquinosis y el botulismo (Mendoza fue pionera en esta acción) en la elaboración de embutidos y conservas. Pero además realizó una acción preventiva promoviendo el Primer Censo Sanitario de América del Sur.

Solo dos postales de Civit hemos citado. Agrego que fue de esos mendocinos que vio "caer" Mendoza con el terremoto de 1861 (tenía 5 años) y seguramente esa imagen infantil lo acompañó para siempre, pero también como estudiante en Buenos Aires fue testigo directo de la epidemia de fiebre amarilla que arrasó la ciudad porteña.

"El Gaucho"

José Néstor Lencinas. Oriundo de San Carlos. Casado con Fidela Peacock. Supo vivir un tiempo en Rivadavia, donde nació su hijo: "el Gauchito" Carlos Washington.

Fue uno de los fundadores del radicalismo mendocino en 1891, y dirigió las revoluciones radicales de 1893 y 1905. "Encabezó exitosamente la insurrección en Mendoza (1905) lo que le permitió tomar el poder provincial por pocos días como gobernador provisional y al ser derrotada la revolución en el ámbito nacional, debió fugarse a Chile en una locomotora ‘expropiada' al Ferrocarril Trasandino y conducida por él mismo". (Diego Barovero).

Activo militante de la reforma electoral, y reconocido por el propio Roque Sáenz Peña, fue Lencinas (abogado, además) quien le brindó una serie de argumentos políticos para la inmediata y necesaria modificación del sistema electoral argentino.

La campaña de Lencinas

El triunfo de Yrigoyen en la nación sirvió "como viento de cola". Paralelamente los buenos resultados de 1916 en Mendoza para el radicalismo fueron alentadores. La nueva ley electoral acrecentó el número de votantes para la elección, y eso activó al radicalismo a abrir nuevos comités departamentales y permitió el ingreso a un renovado sector dirigente, hijos de aquellos inmigrantes que se convirtieron en emprendedores o empresarios con arraigo en cada una sus regiones. Esa nueva oleada de jóvenes médicos, abogados, docentes, ingenieros, artistas plásticos, músicos, pasaron a engrosar las listas de candidatos y a participar comprometidamente desde los comités locales ofreciendo asistencia médica, jurídica, agrícola y de ingeniería para los ciudadanos. "El nombre del Dr. Leopoldo Suárez se distingue entre ellos no solo porque era uno de los abogados que se sumó a las filas lencinistas luego del triunfo de 1916, sino también porque sus redes de parentesco lo vinculaban a Civit con lo cual se ponía de manifiesto el alcance de la agitación política que afectaba a las mismas elites". Leopoldo Suárez Zapata estaba casado con Clelia Angélica Civit (hija de Salvador Civit) y cuyos testigos de casamientos fueron los empresarios vitivinícolas Melchor Villanueva, Manuel Ceretti y Tiburcio Zapata, todos pertenecientes a tradicionales familias mendocinas, pero fue su testigo también, Francisco Álvarez, el cuestionado gobernador durante las elecciones del ‘18.

Un acierto fue también contemplar en el discurso a los extranjeros y a la mujer, que si bien no votaban eran indudables formadores de opinión. Como novedad se creó el Comité de la Juventud y el de Propaganda. Además, más de 20 actos proselitistas en las esquinas más populosas de la Ciudad y más de 80 en toda la provincia, generaron un clima preelectoral de favorable efervescencia para los radicales.

Mientras tanto, enfrente, en el oficialismo provincial, la gestión de Francisco Álvarez jugó como una especie de "mochila" para Civit. En su gobierno nacieron las "ollas populares" y la crítica periodística lo nombraba como "Pancho Hambre". Pero también agregaremos: "la fragmentación en el partido, el endeudamiento provincial, el descalabro del presupuesto que condenaba a los maestros a percibir sus salarios con seis meses de atraso, la presión y persecución ejercida sobre los empleados públicos (denunciaron que se les deducía el 10% de sus salarios para solventar la campaña) y la crisis vitivinícola, se convirtieron en el acicate central de las denuncias elevadas por los radicales provinciales en cuanto constituían ejemplos elocuentes del nepotismo en auge" (Bragoni y Mellado).

Un antes y un después

Lencinas jura como gobernador.

Ganó el radicalismo de Lencinas. Contundente. Rompía con una tradición de muchos años en Mendoza. El "régimen" había acusado un duro golpe. El radicalismo era por primera vez gobierno en la provincia. Se impuso por 18.355 votos obteniendo el 59 % contra 12.748 (40%) de Civit. Triunfó en todos los departamentos, menos en Tupungato.

En campaña Lencinas había presentado "El manifiesto al pueblo de la Provincia de Mendoza". Y apenas llegó al gobierno se sancionó "la Ley 732 que provocó un significativo impacto en las relaciones laborales hasta entonces imperantes. Esa ley fijaba un jornal mínimo de $ 2,50 para los trabajadores estatales, con una jornada máxima de 8 horas. También esa jornada se aplicaría a los privados". ("Los gobiernos lencinistas en Mendoza. Salud pública y vivienda popular, 1918-1924". Rodolfo Richard-Jorba. 2011). Los meses que duró su gestión centró su tarea en vivienda, salud y vialidad. No pudo resolver la crisis vitivinícola y se agudizaron los problemas docentes.

Morirá sin concluir su mandato. Ya se habían roto las relaciones con Yrigoyen y se había distanciado de su vicegobernador. Su hijo continuará el camino. La imagen de "El Gaucho" se reflejará en almanaques, pancartas, fotografías, panfletos, escudos, llaveros, libretas. Llevaban una consigna: "El muerto manda". Había nacido la Unión Cívica Radical Lencinista.

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