Rafael Morán en el 24M: "Nadie pudo prever la crueldad que vino después"
Al cumplirse 50 años del Golpe de Estado, el periodista recordó en el programa "A pesar de las llamas" por Radio Post su experiencia como testigo directo de la época, su detención en la redacción del diario Los Andes. y el clima previo al 24 de marzo de 1976.
Rafael Morán, ex corresponsal del Diario Clarín, repasó en el programa A pesar de las llamas, por Radio Post, su experiencia como testigo directo de aquellos años y como protagonista involuntario de la represión en la provincia.
Morán ofreció una mirada local sobre el proceso y aseguró que, en términos comparativos, la represión en Mendoza fue "más blanda" que en otros puntos del país como Córdoba o Buenos Aires, aunque no por eso menos significativa. "Hubo muchos detenidos, pero no cantidad de desaparecidos o cantidad de gente que fue muy torturada".
Rafael Morán tiene 81 años y la menteágil para contar lo que vivió cuando era periodista de la sección Policiales de Los Andes hace 50 años.
El clima previo
Según su relato, el clima previo a marzo de 1976 estuvo marcado por una creciente "intranquilidad por la cantidad de atentados explosivos, por la cantidad de homicidios, secuestraban gente y la mataban, la tiraban en cualquier lado".
Morán recordó que, ya a fines de 1975, militares de la Fuerza Aérea increparon a los trabajadores de prensa, "yo recuerdo trabajaba en el Diario Los Andes, un par de militares de la Fuerza Aérea nos fueron a increpar y a decirnos que se había terminado la joda y que por lo tanto los diarios, las radios, los medios de comunicación, no debían informar de lo que iba a suceder o de lo que estaba sucediendo".
Así mismo, respecto de la sociedad de Mendoza en ese momento, sostuvo "la gente lo recibió bien; recibió bien el golpe, incluso hubo mucha gente que salió a la calle, hizo algunas manifestaciones"; tenían la necesidad de algo distinto pero como aclaró hacia el final de la entrevista "lo que pasa es que nadie pudo prever la crueldad que vino después. Nadie lo previó, porque nosotros recordábamos que se detenía gente. Bueno, podíamos inferir que a algunos los torturaban, pero nunca la matanza a los desaparecidos. Era terrible eso".
La detención y el quiebre de la censura
La noche previa al golpe, Morán estaba en la Jefatura de Policía y advirtió movimientos inusuales. "Un oficial me dijo que a las cero horas se producía el golpe. Volví al diario y avisé a la redacción. Alcanzamos a publicar algo en una edición muy breve", recordó.
Horas después, el 24 de marzo a las 5:45, fue detenido en la redacción del diario Los Andes. "Cuando me van a buscar y me dicen ´tenes que venir con nosotros´. Ninguno se paró, ninguno. Se quedaron atornillados por temor, por temor, no por otra cosa", contó.
Permaneció dos meses detenido, primero en el Liceo Militar y luego en el centro clandestino del Octavo de Comunicaciones.
Si bien afirmó que no fue torturado físicamente, describió el impacto de la violencia sistemática, "había una tortura psicológica que pasábamos todos. Cuando nos trasladaron al Octavo de Comunicaciones, ahí vino lo más bravo. Ahí sí les pegaban a mucha gente. Le hacían el submarino seco, el submarino agua de agua".
El ex corresponsal, detalló que el quiebre de la censura se da cuando deciden publicar sobre el caso de un joven de 19 años desaparecido y todo lo que sucedía a la par de las detenciones, "se llevaban al que venían a buscar, que generalmente era un hombre y encerraban a las mujeres con los niños en los baños, abusaban de las empleadas, abusaban y empezaban a buscar la plata y las joyas. Se llevaban los lavarropas, las heladeras, los televisores, se llevaban todo".
Sobre lo que motivó la detención, explicó "no por ser sospechosos de estar en una organización subversiva o por motivo similar, sino porque éramos blancos de una venganza, la venganza de haber roto la censura y de haber publicado todo lo que mancillaba el honor de las fuerzas armadas".
Reflexión a 50 años
Al cerrar su relato, Morán manifestó haber perdonado "porque no podemos vivir con el rencor. Nos convertimos en esclavos de los propios tipos que que nos someten", pero remarcó que es "imposible olvidar. Yo perdono porque puedo hacerlo. Pero, ¿Cómo perdonan aquellos que le mataron a un hijo, a un padre? Lo desaparecieron. Nunca más supieron de ellos".