Lucio Gutiérrez, expresidente de Ecuador: "La dolarización es una bendición y aconsejo a la Argentina que lo discuta"

El expresidente de Ecuador Lucio Gutiérrez, en diálogo exclusivo con los periodistas Gabriel Conte y Santiago Montiveros. El intento de golpe de Estado de Rafael Correa contra Guillermo Lasso, el financiamiento del narcotráfico, el fracaso del chavismo, su relación con los Kirchner y la dolarización, a la que define como "un chaleco de fuerza contra el despilfarro populista".

G. Conte y S. Montiveros

- Hace un tiempo hablamos con la expresidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, y nos advirtió sobre algo que está sucediendo: la inestabilidad de las democracias en América Latina. Le pasó a varios presidentes que tuvieron que abandonar la presidencia, como a nuestro entrevistado, expresidente de Ecuador, Lucio Gutiérrez. ¿Qué está pasando?

- Efectivamente, la situación en América del Sur cada vez está más rara y complicada, pero en todo caso hay que tener esperanza de que las cosas tienen que mejorar para todos.

- Precisamente ahora es su país el que vive un estallido social. ¿Será que cada partido que pierde una elección intenta que caiga el que ganó? ¿O realmente hay fundamentos para este levantamiento que hay en Ecuador?

- A ver... la respuesta sería sí y no. Hay fundamentos para el reclamo indígena, para que una buena parte de la población proteste porque el presidente de la República no ha cumplido las promesas de campaña, y también hay excesos por parte de la gente que está reclamando. Porque una cosa es una movilización y reclamar justas aspiraciones, justos derechos, pero una cosa muy diferente es atentar contra la propiedad pública y privada. Los indígenas, así lo han mencionado ellos, no son los causantes de esos destrozos. Entonces, hay personas que se infiltran y todos los dedos apuntan a que el expresidente Rafael Correa, prófugo de la justicia ecuatoriana ya que ha sido sentenciado a 8 años de cárcel por asuntos de corrupción. Se menciona que él estaría detrás del financiamiento, porque una movilización de la magnitud de la que se vive en Ecuador cuesta muchísimo dinero, y alguien debe estar financiando. Esa plata no la tienen los indígenas.

- ¿Qué reclaman?

- Los indígenas se movilizan para reclamar por sus justos derechos, pero obviamente se le culpa a Rafael Correa de financiar la movilización indígena para infiltrar a gente que cree desconcierto en la población y crisis, para tratar a través de la Asamblea Nacional de cesar al presidente de la República y que llegue alguien cercano a él para indultar los juicios que él tiene y varios de los que fueron integrantes de su gobierno que hoy están prófugos y otros están presos en las cárceles de Ecuador.

- ¿Cree entonces que detrás de las movilizaciones no hay solo un reclamo por el aumento de los combustibles sino un intento de derrocamiento del presidente Guillermo Lasso?

- Sí. Y algunos dirigentes allegados al expresidente Rafael Correa lo han dicho claramente: que ellos ya no quieren dialogar y que lo que quieren es que salga el presidente de la República. Hay una presión muy fuerte también en la Asamblea Nacional. Algunos asambleístas ya se han pronunciado a favor de aplicar un mecanismo constitucional que se llama "la muerte cruzada", que consiste en que el Presidente disuelve la Asamblea y çel también tiene que renunciar y elegir un nuevo presidente y asambleístas en seis meses. El presidente en funciones puede participar y si recibe apoyo, ser reelecto Pueden participar otros candidatos y pueden ganar tanto la presidencia como la Asamblea. Eso lo podrían aplicar para solucionar la grave crisis de conmoción interna que tiene Ecuador.

- Más allá de la influencia de Rafael Correa, ¿cree que lo que ocurre en la región puede influir en lo que sucede en Ecuador? Ganó Boric en Chile, Petro en Colombia.

- Definitivamente, sí. Acá hay todo un proyecto que viene direccionado desde el Foro de Sao paulo. Ellos tratan de tomar el control total de América del Sur para luego avanzar sobre América Central y, si pueden, sobre América del norte. Y, al menos en el Ecuador, hay fuertes nexos con el narcotráfico, porque un proyecto de la naturaleza como el que tiene el Foro de Sao Paulo también necesita de mucho dinero. No solamente el que robaron en nuestros países, como en el caso de Rafael Correa, sino que se requiere mucho más, y se menciona que los carteles de la droga también estarían detrás de este financiamiento, porque las relaciones del grupo de Rafael Correa con el narcotráfico son cada vez más evidentes. Acá en el Ecuador esas evidencias se ven todos los días. Hay una clarísima confluencia de pensamiento, ideas, actitudes y proyectos entre los carteles de la droga y esta ideología del socialismo chavista del Siglo XXI que en Ecuador lo protagoniza Rafael Correa.

- En cuanto a la crisis que tiene Ecuador, ¿cuánto tiene que ver la dolarización? La pregunta tiene que ver con que en la Argentina hay sectores del oficialismo y de la oposición que dicen que la dolarización en Ecuador es un modelo que ya está acabado y que deberían recuperar su propia moneda.

- Definitivamente, la dolarización es lo que ha permitido que el Ecuador, con un gobierno totalmente irresponsable como fue el de Correa, no haya colapsado. Si nosotros no hubiéramos estado dolarizados y Rafael Correa cone esa irresponsabilidad, con ese populismo con el que gobernó, nosotros estaríamos en una crisis económica sin precedentes y, con toda seguridad, superior a la de Venezuela, porque nosotros no tenemos las reservas de petróleo y de gas natural que Venezuela tiene. Definitivamente, la dolarización ha sido una bendición que ha permitido que a pesar de estos gobiernos irresponsables, ineficientes, inescrupulosos, corruptos hasta más no poder, no estemos por los suelos como si hubiéramos tenido la moneda nacional. Gracias a la dolarización es que de alguna manera se mantiene la economía ecuatoriana y ha ayudado, a pesar del despilfarro y de los malos manejos económicos, a pesar también de que se han robado varios miles de millones de dólares, especialmente en el gobierno de Correa, la economía ecuatoriana se mantiene. Me permito, con la experiencia que tuve como presidente del Ecuador, sugerir que en países como la Argentina, se analice seriamente la posibilidad de dolarizar, porque la dolarización es prácticamente una "camisa de fuerza" que hace que gobiernos irresponsables, como no pueden emitir moneda, tienen un límite para el despilfarro. Correa despilfarró la plata porque el petróleo, que yo tenía en 18 dólares en el presupuesto del Estado, con él llegó a bordear los 150 dólares cada barril. Y durante 9 de los 10 años de Correa, el precio del barril de petróleo estuvo sobre los 100 dólares. Eso es lo que lo camufló y lo mantuvo con una situación económica no real, pero que no afectó seriamente al pueblo ecuatoriano como hubiera sucedido si hubiéramos estado con moneda nacional o si el precio del petróleo no hubiera subido sobre los 100 dólares, como sucedió. La dolarización es un modelo que debería ser muy discutido en los países de América del Sur para evitar gobiernos irresponsables, para evitar entrar en crisis y en inflaciones como las de Venezuela y que, de alguna manera, ya la está sintiendo la hermana República Argentina.

- Da la idea de que nuestros países están divididos por mitades, y que una mitad no tolera la gobenanza de parte de la otra. ¿Qué propone usted, que está dialogando contras fuerzas para intentar volver a la presidencia, para lograr una pacificación y una estabilidad, que la población vea un horizonte y no vivir de sobresalto en sobresalto. Pareciera que volvemos a la guerra fría con dos países divididos en dos?

- La situación es crítica, esa es la realidad. Los países están partidos. la demostración está en Colombia: casi la mitad con un modelo democrático, de corte capitalista y la otra mitad que quiere seguir apostando a este modelo del Socialismo del Siglo XXI que destruyó a Venezuela y que hizo que cinco millones de venezolanos estén deambulando por nuestros países. Eso no les ha hecho reflexionar. De allí que yo creo que uno de los caminos para solucionar la crisis es que nuestros países tienen que invertir mucho más y de manera prioritaria en educación. Hay que educar a nuestros pueblos para que no sean fácilmente manejados por vendedores de ilusiones, por el socialismo chavista. Para que los electorados reflexionan profundamente y no se desentiendan de la política. Especialmente por los más pobres que hoy dicen que "si no trabajo, no como", o los jóvenes, que hoy están más interesados en el TokTok y en las redes sociales, y no les importa la política. Porque puede suceder lo que decía Platón hace más de dos mil años: "El precio de desentenderse de la política es el ser gobernado por los peores hombres". Justamente en Ecuador los que decían "si yo no trabajo, no como", ahora no tienen trabajo; ahora no están comiendo como Dios manda. Y los jóvenes que no estaban interesados en la política, porque no más estaban con las redes sociales, luego de que les tocó buscar trabajo, no lo tienen. A quienes más los afecta la mala decisión de elegir a un gobernante es justamente a los pobres y los jóvenes. La gente no puede votar por revanchismos, por odio o porque alguien hizo algo en TikTok que les gustó. La gente tiene que ponerse a razonar profundamente porque se su voto depende su futuro y el de sus hijos. Y entonces, cuando la gente no reflexiona ni se involucra mucho en la política, son fácilmente convencibles por esos candidatos que les venden ilusiones, un mundo irreal y se dejan llevar por cosas utópicas que difícilmente van a hacerse realidad Por ahí podría comenzar el cambio: invertir en educación más para que los electores no sean manipulables y estar más convencidos de que tenemos que reflexionar y estudiar los antecedentes de cada candidato, sus proyectos y luego no lamentarnos por haber elegido mal.

- Más allá de las diferencias ideológicas, usted tiene al menos dos coincidencias con Néstor Kirchner: ambos asumieron después de gobiernos de transición y ambos en 2003. ¿Tuvo una buena relación con él? ¿Recuerda alguna anécdota?

- En una de las cumbres que hubo en los EEUU nos pudimos saludar con Néstor Kirchner y con la actual vicepresidenta y expresidenta Cristina de Kirchner. Diría que tuvimos una buena relación, porque mis ideas tampoco son muy distantes de las de ellos porque nuestro partido político es de centroizquierda, pero una centroizquierda moderna, de avanzada, pragmática, que busca por sobre todas las cosas la libertad, el desarrollo y la felicidad del ser humano. no es dogmática ni fundamentalista. Justamente por eso Hugo Chávez no pudo embaucarme en ese modelo dogmático y fracasado. Yo le decía a Chávez: "Estás equivocado; si tú continúas con ese modelo que ha fracasado en todos los países del mundo los que más van a sufrir son los pobres de Venezuela". Y miren lo que pasó luego, en donde 5 millones de venezolanos tuvieron que huir porque no tenían qué comer. Yo diría que surgió una relación muy interesante con el presidente Kirchner de Argentina, que en paz descanse.

La entrevista y el entrevistado: qué pasa en Ecuador

Ecuador vive momentos de crisis a raíz de un petitorio de 10 puntos que hizo la Coordinadora Nacional Indígena y al que el gobierno de Guillermo Lasso no respondió. Como "salida", un grupo de parlamentarios que responden al expresidente Rafael Correa pidió la destitución del presidente, situación que es analizada este domingo por la Asamblea Nacional, el Congreso

Ecuador ha vivido desde su separación de la Gran Colombia el 13 de mayo de 1830, a lo largo de 192 años, 20 constituciones y 35 golpes de Estado, lo que lleva a un promedio de un golpe cada seis años o cada mandato y medio presidencial, según la cuenta que sacó desde Quito la periodista Yalilé Loaiza en un informe publicado recientemente.

Lucio Gutiérrez fue entrevistado desde Mendoza este sábado por el programa "Tormenta de Ideas", por radio Nihuil a raíz de la situación que vive su país. 

Fue presidente de Ecuador entre el 15 enero 2003 y el 20 abril 2005.

La sesión destituyente

La información proveniente en la mañana del domingo 26 de junio desde Quito da cuenta que la Asamblea Nacional de Ecuador suspendió temporalmente la madrugada del domingo una sesión en la que se debatía un pedido de destitución del presidente, Guillermo Lasso, tras 14 días de protestas y paro indígena.

El presidente de la cámara, Virgilio Saquicela, declaró un receso en las deliberaciones tras casi ocho horas de sesión. El Poder Ejecutivo puso fin al estado de excepción declarado en seis provincias del país cuando comenzaba el debate parlamentario tras un acercamiento con los inconformes.

El parlamento tenía previsto reanudar el debate en la tarde del domingo para que intervinieran otros 40 asambleístas que lo habían solicitado. Se requieren 92 votos para destituir al presidente, en un proceso iniciado por el bloque de oposición Unión por la esperanza (Unes) según el artículo 130 de la Constitución.

La sesión inició en medio de un sorpresivo anuncio del asesor jurídico de la presidencia de la República, Fabián Pozo, quien, durante su intervención en delegación del primer mandatario, anunció la derogación del decreto 459 y dio por terminado el estado de excepción que argumentó una "grave conmoción interna".

La medida fue asumida como una estrategia política del régimen, ya que las pruebas presentadas por el movimiento Unes para sustentar su pedido de destitución presidencial fueron los decretos ejecutivos 455 y 459, ambos insubsistentes.

El audio completo del programa, la entrevista a Lucio Gutiérrez y la opinión de la audiencia. Abajo o haciendo clic aquí.


Repasá todas las entrevistas internacionales de "Tormenta de Ideas" haciendo clic aquí.

Quién es Lucio Gutiérrez

Compartimos a continuación una biografía del expresidente Lucio Gutiérrez elaborada por el Centro de Relaciones Internacionales de Barcelona, el CIDOB que, "basándose en los criterios de excelencia y relevancia, tiene como objetivo el análisis de las cuestiones globales que afectan las dinámicas políticas, sociales y la gobernanza, desde lo internacional a lo local".

Textualmente, sus definiciones sobre el entrevistado:

Presentación

La relación de presidentes latinoamericanos aupados al poder gracias a las promesas de regeneración política y justicia social, y luego defenestrados por la presión de una calle decepcionada, tiene en el ecuatoriano Lucio Gutiérrez, personaje de efímero carisma, un verdadero paradigma. Coronel del Ejército que en 2000 lideró el fracasado levantamiento indígeno-militar contra el Gobierno liberal de Jamil Mahuad y a partir de ahí protagonista de una carrera política fulgurante, Gutiérrez ganó de manera inadvertida las elecciones de 2002 y en enero de 2003 inició un mandato de cuatro años que apenas iniciada la segunda mitad quedó truncado. Sus mensajes, vagamente envueltos de nacionalismo e izquierdismo moderado, se diluyeron casi inmediatamente en un mar de acusaciones de traicionar a sus votantes y a las clases desfavorecidas por aliarse con sectores conservadores, preservar el modelo económico liberal, someterse al dictado crediticio del FMI, aceptar la cooperación militar con Estados Unidos y dar alas al nepotismo y la corrupción. Su base popular de apoyos, potente en la región interior del Oriente amazónico, se vio erosionada y la temprana deserción del movimiento indígena agudizó la debilidad de su agrupación, el Partido Sociedad Patriótica 21 de Enero (PSP), en un Congreso dominado por los partidos tradicionales.

En abril de 2005, una renovación arbitraria de las magistraturas de la Corte Suprema de Justicia, que dio paso a la cancelación de los procesos por corrupción contra los ex presidentes Bucaram y Noboa Bejarano, detonó una colérica revuelta civil, la llamada rebelión de los forajidos, cuyos desenlaces fueron la destitución congresual de Gutiérrez por "abandono del cargo" y su huida sibilina del país con salvoconducto brasileño. Aspecto notable, la crisis que expulsó a Gutiérrez del poder tuvo un trasfondo exclusivamente político y social: paradójicamente, la economía nacional vivía un período de bonanza gracias al negocio petrolero. Para el damnificado, los sucesos de 2005 fueron un verdadero "golpe de Estado" perpetrado por los enemigos de la "gesta heroica" de 2000.

En febrero de 2013, superada una peripecia personal en la que se sucedieron la persecución judicial, el retorno voluntario del exilio, la estancia en prisión y la inhabilitación política, y tras una primera tentativa en las presidenciales de 2009 (cuando quedó segundo), Gutiérrez vuelve a enfrentarse en las urnas con su acérrimo adversario, el presidente Rafael Correa, el cual le acusó de estar detrás de la sublevación policial de 2010 y al que a su vez él retrata como un gobernante "totalitario" y un "títere" de Hugo Chávez que además arrastra un balance de gestión calamitoso. El candidato del PSP, al que los sondeos sólo otorgan un discretísimo tercer puesto, se presenta ahora como "un auténtico hombre del pueblo" que reconoce los "errores" cometidos en el pasado, aunque sigue sin perfilar su ideario, habitualmente descrito como de centro reformista. Algunas de sus propuestas son bajar los impuestos, combatir la delincuencia y abandonar el ALBA.

1. Un soldado profesional con inquietudes nacionalistas
2. Papel protagonista en la insurrección indígeno-militar de 2000
3. Proyecto político presidencial con mensajes de regeneración nacional
4. Inopinada victoria electoral en 2002
5. Temprano giro a la derecha y ruptura con el principal colectivo indígena
6. Cuenta atrás para el estallido social
7. La caótica revuelta popular de abril de 2005 y remoción del poder: la rebelión de los forajidos
8. Retorno al Ecuador, sometimiento a la justicia e inhabilitación política
9. Nuevamente candidato presidencial en 2009 y 2013


1. Un soldado profesional con inquietudes nacionalistas

Tercero de los seis hijos del agricultor, luego metido a fabricante de canoas y comerciante, Lucio Gutiérrez Rueda y de la enfermera Mary Fanny Borbúa Bohórquez, nació en la capital del país aunque se crió en la cercana Tena, cabeza de la provincia de Napo y hogar de la familia, que completaban cinco hermanos. En esta ciudad del Oriente ecuatoriano recibió la educación primaria, en la Escuela Santo Domingo Savio, y empezó la secundaria, en el Colegio San José, casas de estudios las dos regentadas por los Padres Josefinos.

Seguramente fue por la influencia de sus ascendientes maternos (un tío, Raúl Borbúa, alcanzó el rango de general en el Ejército ecuatoriano) que decidió emprender la carrera militar, así que a los 15 años interrumpió su formación escolar en Tena, donde venía obteniendo excelentes calificaciones, y se inscribió en el Colegio Militar Eloy Alfaro de Quito. Allí terminó el bachillerato (1975), fue seleccionado como cadete brigadier mayor y se graduó con el rango de subteniente del arma de Caballería (1977). Del Colegio Militar el joven egresó como el primero de su promoción, primer jalón de una casuística del liderazgo, la antigüedad y la excelencia que, tal como aseguró años después en entrevistas a la prensa, pautó su currículum militar hasta su salto a la política a raíz de la rebelión de enero de 2000 y el meteórico ascenso, dos años después, a la Presidencia de la República.

La hoja de servicios de Gutiérrez como oficial del Ejército ecuatoriano empezó a tomar forma por la época, en 1979, en que los militares, luego de los gobiernos de facto del general Guillermo Rodríguez Lara y, desde 1976, del almirante Alfredo Poveda Burbano, resolvieron retornar a los cuarteles y restituir en la dirección del país sobre bases democráticas a los políticos civiles, a quienes habían arrebatado el poder por última vez en 1972. En las dos décadas siguientes, Gutiérrez, casado desde 1980 con la licenciada en Medicina Ximena Bohórquez Romero y padre de dos hijas, Karina Ximena y Viviana Estefanía, se labró un perfil de militar multidisciplinar, con méritos en la capacitación para el combate y las misiones operacionales, en la instrucción académica y en la preparación física y la práctica deportiva.

De acuerdo con los currículos divulgados por el político en la última década y con la biografía oficial publicada en su momento por la oficina presidencial, Gutiérrez, además de recibir adiestramiento como comando y paracaidista de las Fuerzas Especiales, y de ganar algunos campeonatos de pentatlón militar en el Ecuador y otros países de Sudamérica, posee un abultado elenco de títulos de formación especializada, obtenidos entre 1980 y 2002. Así, Gutiérrez es: ingeniero civil, licenciado en Educación Física, licenciado en Administración y Ciencias Militares, y diplomado en Alta Gerencia, Administración de Proyectos y Planificación Estratégica, todo ello por la Escuela Politécnica del Ejército (ESPE) de Quito; licenciado por la Escuela de Educación Física del Ejército (ESEFEX) de Río de Janeiro, Brasil; diplomado en Relaciones Internacionales y Defensa Continental por el Inter-American Defense College (IADC) de Washington, Estados Unidos; diplomado en Seguridad Nacional por el Instituto Nacional de Guerra (INAGUE) de las Fuerzas Armadas ecuatorianas; y diplomado en Ciencias Militares por la Academia de Guerra del Ejército de Quito;

Por último, ya en 2002, Gutiérrez se diplomó también en Desarrollo Económico por el Colegio Fu Shing Kang de Taipei, un centro vinculado al partido derechista gobernante en Taiwán, el Kuomintang, y que a lo largo de su historia, lejos de formar a economistas, ha capacitado en técnicas de "guerra política" a oficiales de la China nacionalista y de países en relaciones de cooperación militar con Estados Unidos. Esta relación de titulaciones aparece en las biografías oficiales facilitadas a los medios y publicadas en Internet con motivo de las elecciones de 2002 y 2013, textos con diez años de diferencia entre sí que, debido a algunas omisiones y discrepancias, no coinciden exactamente. Por otro lado, el oficial integró el reducido grupo de militares ecuatorianos destacados en el contingente para Nicaragua del Grupo de Observadores de la ONU en América Central (ONUCA), el cual entre marzo de 1990 y enero de 1992 se encargó de verificar el desarme y la desmovilización de la Contra antisandinista y el respeto global del cese de las hostilidades al término de la guerra civil.

En enero y febrero de 1995, durante la presidencia de Sixto Durán-Ballén, del conservador Partido de Unidad Republicana (PUR), y ostentando el grado de capitán, Gutiérrez estuvo movilizado a causa del conflicto bélico con el Perú en la región fronteriza del Alto Cenepa, en las estribaciones de la Cordillera del Cóndor, aunque no fue desplazado a la zona de los combates. Como oficial de zapadores de la Brigada 21 Cóndor acantonada en Patuca, participó en tareas relacionadas con la dotación de servicios públicos a comunidades rurales, lo que le sirvió para tomar el pulso a las problemáticas del campesinado indígena y mestizo. Año y medio más tarde, Gutiérrez mostró su primer acercamiento a la política al aceptar el nombramiento de edecán, o ayudante de campo para las cuestiones del Ejército, del recién inaugurado presidente Abdalá Bucaram Ortiz, del Partido Roldosista Ecuatoriano (PRE), quien había ganado las elecciones del 7 de julio de 1996 con un programa desaforadamente populista. Gutiérrez estrenó su cargo auxiliar en la institución cumbre de poder ejecutivo el mes de agosto.

Cuando en los primeros días de febrero de 1997, el temprano malestar social por las medidas de ajuste económico, el estilo de gobierno arbitrario y los fuertes indicios de corrupción masiva del equipo dirigente derivó en un gigantesco movimiento de protesta exigiendo la dimisión de Bucaram, Gutiérrez desobedeció las órdenes recibidas por la superioridad de proteger, por la fuerza si fuera preciso, el Palacio Carondelet de Quito, sede del poder Ejecutivo, del acoso de las muchedumbres enfurecidas. La postura pasiva del edecán se enmarcó en la total pérdida de apoyos en los estamentos civiles y militares por el desacreditado Bucaram, quien al no serle garantizada su seguridad en Carondelet no tuvo más remedio que abandonar el edificio y escapar a Guayaquil. El 6 de febrero, el Congreso decidió cesarlo en sus funciones por "incapacidad mental".

El nuevo jefe del Estado interino con mandato hasta agosto de 1998, Fabián Alarcón Rivera, mantuvo a Gutiérrez como edecán presidencial. Transcurrido aquel período, el militar regresó a sus labores convencionales en la milicia y asumió la comandancia del Grupo de Caballería General Dávalos, con cuartel en Cuenca. También, dio clases de Geopolítica y Realidad Nacional en la ESPE de Quito. A Alarcón le sucedió Jamil Mahuad Witt, del partido centrista Democracia Popular (DP), quien también afrontó las protestas de la calle sin gozar apenas de un período de gracia por sus drásticas medidas para recortar la inflación y el déficit fiscal, y por su programa de profundas reformas estructurales en la economía.

Todo este trasiego de gobiernos prematuramente fracasados o decepcionantes para la gran mayoría de la población, muy especialmente para la legión de desfavorecidos y marginados en todas las facetas de la vida nacional, que mostraba crecientes síntomas de hartazgo y desesperación por el nulo progreso -si no retroceso- en sus paupérrimas condiciones, parece que estimuló la reflexión y luego el activismo conspirativo de Gutiérrez, que hasta entonces se habría atenido al modelo de militar profesional y apolítico.

Más tarde, él mismo reveló que en marzo de 1999, cuando se preparaba para el ascenso a coronel, transmitió una misiva al Alto Mando criticando al Gobierno por desatender los problemas del Ejército, y que en noviembre siguiente, en otra iniciativa rayana en la insubordinación que en aquel momento tampoco trascendió fuera de los ámbitos castrenses, entregó un memorándum al jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, general Carlos Mendoza Poveda, donde expresaba su oposición a la pretensión del presidente Mahuad de incrementar los impuestos sobre la renta y el consumo, y donde advertía que no se podía seguir "estrangulando al pueblo ecuatoriano" mientras no se moralizara la función pública y no se pusiera coto a la corrupción generalizada.

Más aún, el entonces teniente coronel demandaba una "revolución democrática" en el Ecuador a partir de un "diálogo cívico-militar" imbuido de espíritu regenerador y patriótico, tarea tanto más urgente por que "la descomposición social era evidente" y existía un "altísimo riesgo de entrar en una guerra civil". Semanas más tarde, en diciembre de 1999, Gutiérrez culminó sus exámenes para coronel y en la ceremonia de recepción de despachos, en el INAGUE, estrechó la mano de Mahuad a la vista de todo el mundo, incurriendo en una infracción de protocolo que constituía un desacato abierto a la primera autoridad del Estado.

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