Los dictadores, dictadores son: la entrevista de Oriana Fallaci a Galtieri

Realizada en pleno conflicto del Atlántico Sur, esta entrevista de la periodista italiana Oriana Fallaci al entonces presidente de facto Leopoldo Fortunato Galtieri expone, con crudeza y sin concesiones, las justificaciones políticas, militares y morales de la conducción argentina durante la Guerra de Malvinas.

En un diálogo tenso y extenso, la periodista italiana Oriana Fallaci confrontó al general argentino que ejercía ilegalmente la presidencia, Leopoldo Fortunato Galtieri, sobre la guerra de Malvinas, la derrota posible, la relación con Estados Unidos, los derechos humanos y el futuro de la democracia, en uno de los reportajes más incómodos y reveladores del siglo XX.

La nota, el tono, de Falacci despertaron una ola de opiniones en torno a su figura en aquel momento.

Cabe recordar que ya había entrevistado a las figuras más prominentes del mundo, "buenas" y "malas".

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Ella miró a su alrededor cuando vino a la Argentina y vio mucho fascismo. Lo denuncio no solo del gobierno, sino de los medios y muchos más.

Su controversial figura la llevó al programa de Bernardo Neustadt, comno interrogada:

Bernardo Neustadt: ¿No le parece un poco injusto tratar a todos los periodistas de colaboracionistas, de fascistas y de cobardes?

Oriana Fallaci: Los que estaban ayer en el incidente de la conferencia de prensa no eran ni muertos ni desaparecidos, eran los que habían colaborado con el régimen. En un momento se me ocurrió que si a esa gente le hubieran colocado un uniforme hubiera tenido enfrente de mí a los fascistas. Pero al decir todo esto lo único que yo pretendo es ayudarlos.

Neustadt: ¿Pero cómo puede ayudar de esta manera? ¿Cómo puede decir que todos los que no murieron estuvieron a favor del Proceso?

Los dictadores, dictadores son: la entrevista de Oriana Fallaci a Galtieri

Fallaci: Le voy a explicar algo: creo que el de ustedes es un problema de educación. Una amiga argentina me comentaba hace unos días que ella había nacido cuando subía Perón al poder, ahora tiene cuarenta y un años y votó solamente una vez. Ella fue educada bajo dictaduras militares, al igual que muchos otros ciudadanos de este país.

Neustadt: Eso no es novedad, lo sabemos todos.

Fallaci: Bueno, justamente, cuando sucede una cosa así, ¿qué pretenden? ¿Quieren que yo venga y los felicite? Puedo criticar al fascismo argentino porque soy ciudadana italiana y nací bajo el régimen fascista. La libertad no es una novedad...

Neustadt: Mire, sinceramente no creo que necesitemos su aprobación, pero permítame dudar de lo que dijo antes sobre ayudarnos. Me parece que en el fondo usted quiere apagar nuestras últimas luces de esperanza.

Fallaci: Personalmente usted no me interesa absolutamente nada, señor Neustadt. A mí me interesa el público argentino.

Neustadt: ¡Qué curioso!, no le intereso y, sin embargo, yo daría la vida por usted, daría la vida para que pueda aclarar lo ocurrido. Para eso la traje a este programa y tuve que soportar las críticas enfurecidas de todos.

Fallaci: Yo sé que a usted le interesa el personaje, la que hoy llama la atención en todos los diarios. Me trajo para fingir liberalidad. Insisto, el episodio de ayer fue fascista. ¿Qué es el fascismo? Es prohibir al que piensa distinto, es intolerancia, es opresión. Esas personas se comportaron en forma fascista creyendo ser antifascistas. Eso es lo trágico de esta cuestión.

Neustadt: Aunque no comparto su visión tengo que reconocer que instalar esta reflexión me parece fundamental.

Fallaci: Así es. La libertad se logra con educación. Es un proceso muy largo que lleva generaciones, pero cuando su evolución se corta con golpes de Estado no se logra jamás. La búsqueda de esa libertad se hace en momentos pacíficos, como espero lo sea éste que comienzan. Si pudiera rezar junto a usted lo haría, porque este momento exige un gran esfuerzo, los argentinos van a tener que llenarse de tolerancia.

Neustadt: Entonces, para cerrar el tema, ¿realmente piensa que el periodismo argentino es cobarde?

Fallaci: El periodismo no se puede dejar doblegar. Sin un periodismo de régimen una dictadura no puede sobrevivir. Sin un periodismo que acepta ser censurado y a la vez autocensura, las dictaduras no existirían. Lo mismo pasa con la televisión, sin una TV que acepta ser censurada, o que se autocensura, en fin, sin una televisión de régimen, las dictaduras no sobrevivirían.

Neustadt: Voy a decirle dos palabras para que se identifique políticamente con una de ellas: ¿Liberal o anarquista?

Fallaci: Yo escribí un libro que se llama Un hombre para refutar las etiquetas y las esquematizaciones. Si existe en el mundo una persona que no puede ser etiquetada, ésa soy yo. Ahora, si usted me quiere acusar en el terreno filosófico de ser una anarquista... bueno, lo acepto.

Neustadt: ¿Usted es atea?

Fallaci: Sí, no creo en Dios sino en los seres humanos.

Neustadt: ¿Tampoco cree en la familia?

Fallaci:
¡Sí! ¡Adoro mi familia!

Neustadt:
Terminó nuestro encuentro o desencuentro. Espero que se lleve una buena impresión de la libertad de esta noche.

Fallaci: ¡Espero que les dure!

Neustadt: La vamos a mantener, se lo prometo.

La entrevista completa de Fallaci a Galtieri

- Presidente Galtieri, cuando usted piensa en lo que ha hecho, y aludo a los centenares de jóvenes que han muerto, a los centenares que morirán todavía, y aludo también al nuevo detonador de la tercera guerra mundial que se ha encendido en esta parte del planeta, y como si no fuesen suficientes el Oriente Medio y el Golfo Pérsico también tenemos el Atlántico Sur, dígame: ¿nunca se pregunta a sí mismo si valía la pena? ¿Nunca se dijo "a lo mejor he cometido un error"? ¿Usted no se arrepiente jamás?
- No, señora periodista.

- ¿No? Sin embargo, no me parece que usted tenga muchos motivos para estar satisfecho. No obstante las consignas triunfalistas y los eslóganes que propala la televisión argentina -"Venceremos", "Vamos a vencer", "Estamos por ganar"-, las islas están prácticamente de vuelta en manos de los británicos y ha llegado el momento de tener en cuenta la palabra que aquí nadie quiere pronunciar: la palabra derrota.
- No, señora periodista. Las Malvinas no han regresado a manos de los británicos. Los británicos todavía tienen que capturarlas y el resultado de la batalla que tendrá lugar en Puerto Argentino no es tan seguro como usted cree. Yo soy mucho más optimista que usted. Sin embargo, aunque cayera Puerto Argentino, como afirma usted, no me preguntaría si valió la pena haberlo hecho y todavía menos pensaría que cometí un error.

- ¿Recuerda cuando en la Segunda Guerra Mundial los ingleses fueron derrotados en Dunkerque?
- Bien, en 1945 estaban en Berlín. En otras palabras, ni aun la caída de Puerto Argentino significaría el fin del conflicto y nuestra derrota. Por lo tanto, ni en un caso así me sentiría arrepentido. De hecho, no soy el único que cree que lo que hicimos el 2 de abril era lo correcto. Todo el pueblo argentino lo cree.

- Durante 149 años los argentinos han denunciado la agresión cometida por los ingleses en 1833, cuando nos robaron las Malvinas, y son 17 años que intentamos recuperarlas por vías diplomáticas, a través de las Naciones Unidas. Si el 2 de abril pasado no las hubiéramos recuperado militarmente, ¿qué habría ocurrido?
- Lo mismo hubiera sucedido en abril, en mayo o en junio del próximo año, o en uno de los próximos años. La colonización británica no podía continuar.

Galtieri con su canciller, Nicanor Costa Méndez y su ministro de Defensa, el mendocino del PD Amadeo Frúgoli.

Galtieri con su canciller, Nicanor Costa Méndez y su ministro de Defensa, el mendocino del PD Amadeo Frúgoli.

- Entiendo. Pero ¿por qué habla de colonización? Los 1.800 habitantes de las Falklands, perdón, las Malvinas, ¿no eran y son ciudadanos británicos? ¿A quién colonizaron entonces los ingleses, a los pingüinos?
- Son todos británicos porque los británicos no han permitido jamás a los argentinos comprar un pedazo de tierra allí, abrir un negocio, tener un comercio, en suma, establecer su propia presencia. Si voy a Roma y tengo el dinero para comprarme un departamento o un negocio, las autoridades italianas me lo permiten. Los ingleses, por el contrario, han mantenido esas islas como una granja personal y no han permitido que ningún argentino se asentase allí.

- Escuche, con el vasto territorio que ustedes tienen, estas bellas costas, ese terreno fértil, es difícil de entender por qué se preocupan por comprar un pedazo de tierra en esos sitios desolados y desiertos donde nadie quiere vivir, excepto los pingüinos, las ovejas y esos británicos habituados al frío y a la niebla. Pero hablando de colonización, usted es italiano, ¿verdad?
- Sí. Yo desciendo de italianos. Mis abuelos eran italianos. Mi abuela de Génova y mi abuelo de Calabria. Vinieron aquí como obreros pobres, con las oleadas de emigrantes que se produjeron a comienzos de siglo.

- Entonces ustedes también son colonizadores. Señor presidente, este país no pertenecía a los españoles, a los italianos, a los alemanes, a los franceses, a los ingleses, en suma, a los europeos, a los blancos que vinieron aquí y masacraron a los nativos hasta la última tribu. Entonces, ¿por qué llama a las Malvinas colonias?
- No retrocedamos tanto en el tiempo. Analicemos las cosas como fueron desde 1833. Observe dónde están situadas las islas, cómo la plataforma submarina se extiende sobre aquella área y une la costa con las islas. Verá fácilmente la correlación natural que existe entre ellas y la tierra firme. Quiero decir que no sólo históricamente sino también geográficamente las Malvinas nos pertenecen.

- Pero además de la plataforma submarina, ¿qué es lo que lo seduce tanto en aquellos islotes? ¿Oro? ¿Petróleo? ¿La posición estratégica?
- Existe el sentimiento. No el oro, no el petróleo, no la posición estratégica. El sentimiento de la nación argentina desde 1833. ¿Usted no cree en el sentimiento del pueblo?

- Creo que hablar de sentimiento del pueblo encubre casi siempre intereses políticos, financieros o militares. ¿No podría ocurrir que aquellos islotes representen para usted una herramienta útil para unir a un país dividido, para hacerlo olvidar una inflación irrefrenable y una deuda externa monstruosa de 36.000 millones de dólares?
- Acepto su argumento porque usted es periodista. De otra manera no se lo permitiría. Jamás he hecho ese cálculo frío. La inflación y la deuda no tuvieron nada que ver con mi decisión.

- Muchos otros han tenido esa idea. La historia enseña que cuando las cosas van mal, quienes gobiernan hacen la guerra.
- Me ofende la comparación con Mussolini.

- Gracias a Dios. Pero entonces hubo errores de cálculo. La ilusión de que Gran Bretaña no reaccionaría.
- Nunca pensamos que reaccionarían de forma tan desproporcionada. Me parecía improbable.

- ¿No le advirtieron sus diplomáticos? ¿Pensó que una mujer no entraría en guerra?
- Jamás me influyó ningún machismo latino.

- ¿Y Estados Unidos? ¿No sabía que apoyaría a Gran Bretaña?
- Siento una profunda decepción. Me sentí traicionado.

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- ¿Existía alguna promesa?
- Existía la obligación de neutralidad.

- Hoy nuestras relaciones están seriamente dañadas. ¿Está buscando nuevos aliados?
- Nuestros aliados naturales son los países latinoamericanos.

- ¿Aceptaría armas soviéticas?
- Si fuera necesario, sí.

- ¿Guerra total significa internacionalizar la guerra?
- Guerra total significa que Argentina no renuncia jamás a sus derechos.

- ¿Incluso a riesgo nuclear?
- Estoy profundamente preocupado, pero también deberían estarlo Thatcher, Reagan y Haig.

- Pero usted empezó la guerra.
- Las potencias nucleares deberían ser más responsables.

- ¿Cómo hablar de democracia después de miles de desaparecidos?
- La democracia es nuestra aspiración y volverá pronto.

- Dicen que usted no seguirá mucho tiempo en el poder.
- He sido designado hasta marzo de 1984. Veremos.

- ¿Incluso si hay derrota?
- No habrá derrota. Y aunque la hubiera, nada cambiaría.

- ¿Aceptarían una bandera de la ONU?
- Como paso transitorio, sí. Pero la bandera final será la argentina.

- ¿Esperará años?
- Sí, pero no otros 149.

- Entonces vuelvo a la pregunta inicial: ¿por qué comenzó esta guerra?
- Porque había que terminar con el colonialismo.

- ¿Ha estado usted alguna vez en una guerra?
- No en una guerra convencional.

- Yo sí. Y sé que quienes las declaran nunca las pelean.
- Eso no debería decírmelo sólo a mí.

- Su régimen es una dictadura.
- No la llamaría así.

- Hubo secuestros de periodistas.
- Eso ofende a la Argentina.

- ¿Y Astiz?
- Las acusaciones deben probarse.

- Hay pruebas abundantes.
- Las relaciones internacionales se mueven por intereses.

- Entonces, ¿le gustaría un país democrático?
- La democracia volverá pronto.

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