Conflicto con Irán: qué está en juego para la oferta global de petróleo
Con un mercado que hoy muestra oferta holgada, la clave no es el volumen iraní sino el riesgo de interrupciones en el Golfo Pérsico. La posibilidad de tensiones en el Estrecho de Ormuz ya agrega volatilidad a las cotizaciones y condiciona las decisiones de la OPEP.
La nueva ofensiva contra objetivos iraníes volvió a colocar al mercado energético mundial en estado de alerta. Si bien las operaciones financieras recién se reanudarán el lunes, el crudo ya acumulaba una suba cercana a los 10 dólares por barril en lo que va del año, una señal de que cualquier amenaza sobre Teherán es tomada con extrema cautela por los operadores.
Aun con años de sanciones que redujeron su peso en el comercio internacional, Irán conserva capacidad para generar turbulencias. El principal foco de preocupación no está tanto en su producción directa como en su influencia sobre el tránsito marítimo en el Estrecho de Ormuz, un paso estratégico por donde circula buena parte del petróleo y gas del Golfo. Además, el país mantiene vínculos con milicias regionales que podrían convertirse en un factor adicional de riesgo para instalaciones energéticas clave.
Durante el conflicto del año pasado, los picos de precios se moderaron rápidamente ante la percepción de que no habría un cambio de régimen ni una desestabilización generalizada. Sin embargo, el escenario actual es leído con mayor inquietud ante la posibilidad de que Washington eleve la presión sobre el gobierno iraní, lo que incrementa el riesgo de una escalada regional con impacto real sobre la oferta.
El peso real de Irán en el mercado
Irán posee la cuarta mayor reserva probada de crudo del planeta, aunque las restricciones financieras y la falta de inversión limitaron su capacidad exportadora. A comienzos de año produjo alrededor de 3,45 millones de barriles diarios, menos del 3% del suministro global.
Gran parte de esos envíos tiene como destino China, especialmente refinerías independientes que adquieren el crudo con descuento. En ese mercado, el petróleo iraní llegó a representar una porción significativa de las importaciones marítimas del gigante asiático.
Su infraestructura también presenta vulnerabilidades: la mayoría de las exportaciones se canalizan a través de la isla de Kharg, la principal terminal del país. En los últimos días, ese punto habría incrementado despachos y reducido inventarios, lo que añade tensión a cualquier hipótesis de ataque o interrupción.
No obstante, los analistas coinciden en que una eventual caída de los barriles iraníes, por sí sola, sería absorbible. La oferta mundial proyecta excedentes para el primer semestre, lo que amortiguaría el impacto inicial.
El Estrecho de Ormuz, el verdadero termómetro
El mayor temor del mercado es un bloqueo -total o parcial- del Estrecho de Ormuz. Por esa vía transitan cerca de 21 millones de barriles diarios provenientes de Arabia Saudita, Irak, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos, además del propio Irán.
Teherán ha amenazado en distintas oportunidades con interrumpir ese paso estratégico. Incluso, en el pasado colocó minas en la zona. Un cierre efectivo o la simple percepción de riesgo podría paralizar temporalmente el transporte marítimo, ya que las navieras y aseguradoras evitan operar en escenarios de alta exposición militar.
Sin embargo, esa medida también tendría un costo interno elevado. El petróleo continúa siendo la principal fuente de divisas del país, y suspender exportaciones agravaría la fragilidad económica, con riesgo de inflación descontrolada y mayor inestabilidad cambiaria.
Otra vía potencial de presión es el uso de aliados regionales para afectar instalaciones energéticas o rutas logísticas en Medio Oriente, ampliando así el radio del conflicto.
¿Qué puede pasar con el precio del crudo?
Por ahora, los operadores no anticipan un shock prolongado. La industria aprendió a redirigir cargamentos y a reorganizar flujos tras crisis recientes como la pandemia o la guerra en Ucrania. Además, existen productores con margen para elevar bombeo si fuera necesario.
La OPEP debe definir su estrategia de producción para abril y podría optar por acelerar aumentos para contener la volatilidad. Arabia Saudita, en particular, aparece como actor clave para compensar eventuales faltantes.
El Brent llegó a tocar los 73 dólares por barril, su valor más alto en siete meses, con un alza acumulada cercana al 12% en el último mes. Más que una escasez concreta, el mercado está poniendo precio a la incertidumbre.
Una eventual interrupción también tendría efectos indirectos: las refinerías chinas, que aprovecharon descuentos de crudo ruso, venezolano e iraní, deberían migrar hacia variedades más costosas del Golfo, reduciendo márgenes y sumando presión geopolítica en la relación entre Washington y Pekín.
La dependencia petrolera de Irán
Aunque el liderazgo iraní ha insistido durante años en diversificar la economía y reducir la dependencia del crudo, los ingresos energéticos siguen siendo la columna vertebral del país. Las sanciones y la escasa inversión limitaron el desarrollo de sectores alternativos, lo que refuerza la centralidad del petróleo en las cuentas públicas.
En ese delicado equilibrio, cualquier escalada militar no solo repercute en el mercado internacional, sino que también pone a prueba la estabilidad económica interna de Irán. El mundo energético observa con cautela: más que los barriles actuales, lo que inquieta es la posibilidad de que el conflicto escale y convierta una amenaza latente en una interrupción concreta.