Piracés sobre la baja de la imputabilidad: "sin inversión y contención, los chicos quedan atrapados en el delito"

El exdirector de Responsabilidad Penal Juvenil de Mendoza apoyó discutir una reducción de la edad penal, pero advirtió que el eje no es castigar sino intervenir a tiempo. Habló de bandas, barrios vulnerables, fallas del sistema y por qué "sale muy difícil habilitar" a algunos adolescentes para salir de la carrera delictiva.

Editó: C.Pérez

El debate en el Congreso por un proyecto que busca bajar la edad de imputabilidad volvió a instalar una de las discusiones más sensibles de la agenda penal. Para Arturo Piracés, exdirector de Responsabilidad Penal Juvenil de Mendoza y especialista en minoridad, el problema no se resuelve solo con modificar la ley. "Yo creo que sí hay que bajarla, pero en qué contexto lo hacemos", sostuvo en una entrevista radial, y alertó que hoy la discusión se da "desde un punto de vista muy ideológico, *el que la hace la paga*".

Piracés fue claro al marcar que su postura no es punitiva. "No hablo de sancionar al menor: hay que bajar la edad para poder proteger a los muchachos", explicó. Desde su experiencia en el sistema juvenil, recordó situaciones en las que jóvenes quedaban sin herramientas legales de contención: "He visto cómo se esperaba que el muchacho cumpliera los 16 años para poder internarlo, porque no se sabía qué hacer con él. Yo creo que ahí está el talón de Aquiles".

La edad y lo que viene después

Consultado en el programa "A pesar de las llamas" por Radio Post sobre el límite que debería fijarse, se inclinó por los 14 años. "Yo creo que tendría que ser 14, como la mayoría de los países latinoamericanos. Trece es demasiado chico, hay que mirarlo también desde el punto de vista evolutivo", afirmó, aunque relativizó la centralidad del número: "No es tan importante si es 13 o 14, lo importante es qué hacemos con ellos".

También aportó comparaciones internacionales: "Yo estuve en Estados Unidos, cerca de Pittsburgh, y ahí era 10 años. Cada sociedad tiene su propia percepción del asunto".

Para Piracés, el eje debe ser que el Estado intervenga antes. "Si al chico se lo judicializa a los 14 años, tiene que intervenir un poder para que no quede a la deriva como andan sueltos en este momento", remarcó.

Un sistema con cupos y riesgos

El exfuncionario aseguró que los casos de menores de 16 judicializados en Mendoza no son masivos. "No llega a 500 en toda la provincia, por la estadística que yo sé", señaló, pero planteó la principal incógnita: "Ahora, si esos chicos entran, ¿a dónde se los pone?".

Describió que existe un solo complejo de internación para toda la provincia, con distintos pabellones según la peligrosidad o el estado de cada joven. Y lanzó una advertencia clave: "¿Vamos a juntar chicos de 14 años con otros de 23 o 24? Hubo casos en que se les dieron 11 años de condena y los íbamos a tener hasta los 31".

También recordó las consecuencias internacionales que tuvo Mendoza por condenas a menores a prisión perpetua. "Vino la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y se llevó la imagen de que nuestro sistema es una cárcel", dijo, aunque destacó que desde entonces se buscó reforzar un perfil educativo. "Hay escuela, secundario, talleres, educación física", enumeró.

Aun así, reconoció límites estructurales: "El tema es el origen cultural de muchos de estos chicos, se mueven en patotas y adentro también. Se vive constantemente ese peligro de violencia y sale muy difícil poder habilitar a estos chicos".

Bandas, adultos y barrios vulnerables

Piracés apuntó a la existencia de redes criminales que involucran a mayores de edad. "Sabemos que nadie roba para coleccionar: se roba porque hay alguien que reduce. Hay una organización y una cadena que es la que hay que combatir", afirmó.

También describió cómo los adultos suelen usar a los menores: "Uno de 20 le dice al de 13: ‘andá vos que sos inimputable y metete por la ventana'". Para él, romper esa lógica requiere un abordaje temprano. "Si los tomamos antes de que entren en la carrera delictiva, va a ser mucho más fácil".

En ese marco, pidió una mayor intervención territorial. "Tiene que haber un trabajo integral entre la provincia y los municipios: centros deportivos, orientación sistemática, no solo la buena voluntad de un vecino", sostuvo.

Recordó incluso experiencias de años anteriores para cambiar patrones culturales: "Ser macho no es robar: es superar barreras y meter otros valores de masculinidad", dijo, y explicó que muchos adolescentes provienen de familias fragmentadas. "Carecen de un padre modelo o el padre está preso. Son buenos chicos hasta los 10 o 12 años, después aparece la hipermasculinidad y entran en las barras; para las madres es casi imposible atajarlos".

Delitos graves y reincidencia

Piracés admitió que los delitos más graves exigen un tratamiento distinto. "Un chico que comete homicidio tiene que estar en situación, y habrá que ver qué condena se le da a esa edad", sostuvo, y recordó debates previos en el Congreso donde se proponía fijar los 14 años para crímenes graves.

Sobre la reincidencia, señaló la falta de estadísticas oficiales, pero aportó una estimación basada en su experiencia: "En charlas informales, alrededor del 20% de los jóvenes del sector juvenil del penal pasó alguna vez por el sistema".

También describió qué suele marcar la diferencia para salir del circuito delictivo: "El que consigue trabajo y forma una familia tiene más chances. Yo me cruzo con chicos que estuvieron internados y dicen que ese golpe les sirvió para cambiar".

Hacia el final, volvió a subrayar que bajar la edad penal sin reformar el sistema sería insuficiente. "Sí, hay que bajarla -insistió-, pero si no hay inversión y un abordaje integral atrás, no va a servir".

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